Echar de menos

echar de menos

No creo que este que vais a leer sea un post de paternidad. Aunque la verdad es que ya no sé si alguno lo es, porque este es un espacio tan personal que al final, aunque los niños, mis hijos, sean muy protagonistas, no deja de ser un blog sobre la vida, sobre lo que me (nos) ocurre a diario, sobre los sentimientos que este día a día, acompañado de ellos, me despierta. Sea como sea, hace unas semanas andaba por el Retiro cuando una pareja me saludó. Tuvieron que hacerlo dos veces para que reaccionase, porque uno no espera encontrarse nunca paseando por el Retiro con una pareja de Silla, el pueblo en el que nací, crecí y viví hasta los 27 años. Con él jugué al fútbol varios años. Con ella tengo bonitos recuerdos de aquellos tiempos, ya lejanos, en que era fallero. O al menos intentaba aparentar serlo durante los cuatro días de fiesta. Iban con su hija. Llevas aquí ya mucho tiempo, ¿no?, me preguntó él. Tuve que hacer cuentas. Casi seis años, le dije. ¿Y no echas de menos aquello? 

Inevitablemente me acordé de Federico Luppi en ‘Martín H’, en uno de esos diálogos a los que me remito a menudo desde que cambié Valencia por Madrid. “Eso de extrañar, la nostalgia y todo eso, es un verso. No se extraña un país, se extraña el barrio en todo caso, pero también lo extrañás si te mudás a diez cuadras (…) Uno se siente parte de muy poca gente. Tu país son tus amigos y eso si se extraña”.

Y bueno, el “aquello” al que se refería él es algo muy amplío. ¿Echo de menos mi pueblo? Pues la verdad es que no echo de menos mi pueblo. Mucho antes de venirme a Madrid ya hacía gran parte de mi vida por Valencia capital. Y ahora, cuando voy de visita, me resulta increíblemente pequeño. Muy pueblo. Sí que echo de menos las ocho calles de mi barrio por las que transcurrió gran parte de mi historia, las caras conocidas, los encuentros casuales a todas horas con mis amigos, los saludos con los vecinos de toda la vida, mis tíos a la vuelta de la esquina, la seguridad que da el saberse todo de memoria, el conocerse cada rincón. También echo de menos al niño que jugaba en esas calles, con sus amigos de siempre, con la despreocupación y la irreverencia del que piensa que la vida siempre va a ser así de fácil, que uno siempre va a ser niño (o adolescente, o muy joven). Y echo de menos tener el mar a la vuelta de la esquina y ese clima de Valencia en el que parece que el invierno solo es un invitado ocasional, de visita de fin de semana. También las rutinas establecidas durante años, como ese parar siempre en la misma estación de servicio BP que hay en la V-30 a medio camino entre Valencia y Silla. Mi padre también paraba en ella y de él heredé su tarjeta de puntos mi BP. Recuerdo que en mi época de comercial gastaba tanta gasolina, hice tantos kilómetros y tantos destrozos al coche de mi padre, que conseguí con ella suculentos descuentos y regalos. Hoy hasta tienen descuentos en Amazon. Por aquel entonces Amazon aún no era, ni posiblemente soñaba ser, el gigante que hoy es.

También echo de menos a mis padres, por supuesto. Y a mi hermana. 27 años conviviendo juntos marcan. Dejan huella. Son muchos años de rutinas, de una vida de certezas y comodidades, de sentirme seguro, protegido y querido. Los echo de menos aunque desde que soy padre a veces me saquen de quicio. Aunque sigan sin entender muchas de nuestras decisiones. Aunque ser padre y, sobre todo, tener información, me haya transformado (en mis prioridades, en mi forma de pensar y actuar) hasta un punto que ellos no creo que lleguen jamás a comprender. “Los hijos aprenden a ser hijos cuando se convierten en padres”, escribe David Trueba en ‘Tierra de campos’. Quizás lo que ocurre realmente es que uno tiene que reaprender a ser hijo cuando se convierte en padre.

¿Echo de menos a mis amigos? Como le dije en respuesta a su pregunta, ya no sé si echo de menos a mis amigos o el recuerdo de lo que fue mi vida con mis amigos, esos momentos que teníamos hace 7 o 10 años que hoy ya no existirían porque nos los ha robado el tiempo, las obligaciones, los cambios de prioridades. Me lo suelen decir todos. Te vemos más a ti de lo que nos vemos nosotros que vivimos todos en el pueblo (y eso que hace ocho meses que no voy, desde que nació Leo y los resfriados decidieron anidar en él). Así que me alegro de que mis idas sean una excusa para vernos, para juntarnos, para abrazarnos, para recordar como abuelos cebolletas en potencia otros tiempos, otras noches, otros días que, como siempre ocurre cuando miramos hacia atrás en nuestra cronología vital, lucen rodeados por ese halo de mitología que siempre acompaña al pasado, “a la memoria y los sonidos antiguos”, que escribía Manuel Jabois en ‘Manu‘, “que vuelven a recordarnos que siempre fuimos más felices y estuvimos más vivos”.

 

7 respuestas

  1. yanira
    Responder
    11 mayo 2017 at 11:10 am

    simplemente precioso.gracias

  2. Teresa
    Responder
    12 mayo 2017 at 9:30 am

    Yo sí echo de menos “mi casa”. Estoy feliz en Madrid, pero la playa, la familia, los amigos…los echo mucho de menos, y más desde que soy madre.

    De todos modos vamos a menudo, así es que lo llevamos bien, y ya dicho que en Madrid estamos felices también. ¡Pero una cosa no quita la otra!

  3. Sonrisa despeinada
    Responder
    12 mayo 2017 at 10:44 am

    Me ha encantado. A mí también me lo preguntan , y si lo analizo si, algo echas de menos, pero no es una ciudad en mi opinión, es la vida a los veinte años con todos los amigos aún sin repartir por todo el país, sin más obligaciones que estudiar y ser amigo de tus amigos y vivir mil aventuras que ahora recordamos como bien dices, como abuelos cebolletas.

  4. Marian
    Responder
    12 mayo 2017 at 12:20 pm

    Esta playa no es Valencia, es Benirrás en Ibiza 🙂

    Un post muy bonito

    • Adrián Cordellat
      12 mayo 2017 at 12:21 pm

      Exacto. Es que no encontraba otra foto que simbolizase la reflexión 😀 ¡Gracias!

  5. Let
    Responder
    12 mayo 2017 at 6:42 pm

    Qué ganas tengo de leerte en largo, Adrián. Qué bonito escribes. Qué a flor de piel todo. No tardes en llenar páginas, por favor.

  6. Nazareth
    Responder
    22 mayo 2017 at 9:07 pm

    Yo vivo en Francia y echo de menos el Mediterráneo de forma dolorosa, cuando vuelvo a “casa” puedo pasarme horas delante del mar sólo mirándolo. Echo de menos a mis padres y lo que tú bien dices, aquellos calles, aquellos recuerdos, la heladería de Ana, el parque donde nos sentábamos de jóvenes a cotillear, el cine del barrio…

    Un saludo

Deja un comentario

* Rellena todos los campos