Un juego de máscaras

un juego de mascaras

Andaba yo hace un par de semanas en una fase de introspección, de mirarme a mí mismo, bien adentro, como buscando reencontrarme. Todo empezó, en parte, cuando un día miré a Mara y de repente la vi muy mayor, como si de un día para otro hubiese crecido tres años. A la vez, sin embargo, la observé terriblemente frágil en su inocencia, todavía enteramente dependiente de nosotros. Y me dio que pensar. En mí. Y en cómo he estado los últimos meses, superado muchas veces por los nervios, el estrés, las prisas, las fechas de entrega. Pero también en ella, que estos meses ha tenido que ver como el padre al que acude a cada momento, con el que ahora quiere dormir, jugar, leer y hacer todo, estaba más irascible que de costumbre, menos empático, más dado a perder los nervios. Y esos pensamientos, unido a ese rostro de mi hija que de repente era el de una niña, me generaron durante días cierta desazón, como si una nube de tristeza me acompañase a todas partes.

Tengo la sensación de que cuando uno entra en fase de introspección presta de repente mucha más atención a las cosas, las vive más intensamente, las mira con más detalle. Por eso, quizás, reparé con más atención que nunca en las encías de Leo, en su ausencia de dientes, en su cara de bebé. Y me di cuenta de que ya apenas recuerdo la cara de bebé de Mara. Ni tampoco la que tenía un día antes de que de repente me pareciese tan mayor, tan cambiada. Nuestros hijos van cambiando a diario, unas caras se superponen a otras, como en un juego de máscaras, mientras van borrando detalles de las que les precedieron hasta hacerlas desaparecer, hasta que apenas queda un pequeño destello de ellas.

Y es curioso, porque al día siguiente de tener esos pensamientos, al ir a recoger a Maramoto del cole, la madre de una de sus mejores amigas me dijo, “qué mayor he visto a Mara, le ha cambiado la cara”. Unos días después, en el Retiro, nuestra amiga Paula me dijo exactamente lo mismo. Con lo cual, asumí, no era solo una cosa mía, de padre que repentinamente siente que le vuela el tiempo, sino que mi percepción era real y mi hija se había hecho más mayor de la noche a la mañana, borrando de su dulce rostro todo rastro de la bebé que hasta hace nada aún seguía anidando en ella.

Nuestros hijos van cambiando a diario, unas caras se superponen a otras, como en un juego de máscaras, mientras van borrando detalles de las que les precedieron hasta hacerlas desaparecer, hasta que apenas queda un pequeño destello de ellas.

“Todo nos parece poco, todo se comprime y nos parece poco una vez que termina, entonces siempre resulta que nos faltó tiempo”, escribía Javier Marías en ‘Mañana en la batalla piensa en mí’. Y algo así he experimentado yo al ver que una cara de Mara “se ha terminado” para dar paso a otra. De repente he sentido que quizás me ha faltado tiempo, que ese rostro se me ha ido para siempre sin haberlo disfrutado suficiente. Con la paternidad sucede así: hay días que se hacen muy largos, semanas cuya cima te parece inalcanzable, pero luego la realidad es que nos damos cuenta de que el tiempo pasa muy rápido, quizás demasiado, llevándose consigo para siempre detalles de las facciones de nuestros hijos que nos es imposible retener.

Que siga el juego de máscaras.

3 respuestas

  1. Ana
    Responder
    16 mayo 2017 at 10:11 am

    Me siento totalmente identificada. Yo también “sufro” de cronofobia. Y más cuando en ese tiempo se va algo tan valioso como el disfrutar de los hijos.
    Me pasa lo mismo con mis hijos… de vez en cuando les descubro caras nuevas, gestos nuevos.
    Qué pena estar absorvida por el trabajo y la rueda en la que estamos metidos. Qué pena tener memoria de pez.

  2. eva
    Responder
    16 mayo 2017 at 4:07 pm

    Tal cual pasa en esta casa. Lo bonito es que para la memoria de ancianos que estamos adquiriendo con la edad ;), tenemos las fotos y videos. Vendito tesoro, eso si luego lloras como un tonto y tu hija te mira con cara de que te pasa, te pica el ojo. Me encanta.

  3. miren - http://delunaresylunas.blogspot.com.es/
    Responder
    17 mayo 2017 at 12:52 am

    ¡gracias por escribir lo que he sentido hace poco de una forma tan bonita y gráfica! bss!

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