Las rabietas y los espectadores

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En casa llevamos más de dos años de rabietas, así que a estas alturas de la vida éstas no nos resultan nada extraño porque estamos acostumbrados a lidiar con ellas cada día (y varias veces al día). Supongo que os pasará lo mismo al común de los padres. Al final sabemos que éstas son parte de una etapa más de su madurez emocional (que en algunos niños se extiende más o es más intensa que en otros) y, por lo tanto, como tal la vivimos y la gestionamos.

Lo que está claro, desde luego, es que es mucho más fácil gestionar las rabietas en casa o en entornos cerrados (al menos con nuestros vecinos de 70 años de media, que parecen no enterarse de nada). Principalmente porque en la calidez y la intimidad del hogar no tenemos espectadores (como mucho vecinos oyentes), que miran, juzgan y opinan como si, en vez de ver a una niña en mitad de una rabieta y a sus padres intentando calmarla, estuviesen viendo un Barça-Madrid o discutiendo sobre el final de ‘Los Serrano’. Si te despistas un poco los ves pegándose codazos para ver mejor la escena o preguntando por el precio de la reventa. Es increíble la expectación que genera una niña llorando y enfadada. Quizás debería tomar nota TVE para recuperar el liderazgo perdido en el prime time televisivo. Una niña llorando en pantalla y tienes a media España delante del televisor y comentando la jugada por Twitter. Al final, como sucede en el fútbol, que todos parecemos saber más que el entrenador, sucede también en la crianza: todos, incluso los que no son padres ni madres ni han visto un crío en su vida, saben gestionar mejor que tú las situaciones que genera la (m)paternidad.

Los espectadores

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La semana pasada andábamos haciendo la compra cuando Mara entró en barrena porque quería comprar pan. Le dijimos que no nos hacía falta, pero ella no lo entendía, porque lo quería ya y no podía esperar a llegar a casa, y entró en modo rabieta. Una situación de lo más normal. Entonces, alrededor de nosotros, hicieron su aparición los tres tipos de espectadores que suelen congregar este tipo situaciones, que yo creo que por influencia de ‘Supernanny’ la gente suele vivir a modo de reality televisivo. A saber:

  1. El mirón: En este caso mironas, porque eran mujeres. Tienden a quedarse mirando la situación, sin disimulo alguno, alternando su foco de interés entre la niña y los padres. No dicen nada, pero dejan entrever desagrado. Un “vaya niña maleducada” y “vaya padres que no le meten dos tortas bien dadas, conmigo tenía que haber dado” que no manifiestan en voz alta, pero que es evidente que piensan.
  2. El mirón atrevido: Son como las anteriores (también en este caso eran mujeres), pero dejan traslucir su malestar con comentarios por lo bajini, en plan “si tan pequeña ya les habla así…” o similares. No se cortan un pelo. Con ellas tenemos que hacer un trabajo de contención importante, porque más de una vez me ha dado ganas de lanzarme al cuello y explicarles cuatro cosas. Pero no, no hay que seguirles el juego. Keep Calm.
  3. Los señores y señoras de las frases hechas: Suelen ser personas más mayores, por lo que intentamos no tomarnos a mal lo que le dicen a Mara y optamos por explicarle a la pequeña saltamontes que eso que le han dicho las mujeres no es verdad. Aquí entrarían esas frases de “con lo guapa que eres y lo fea que te pones llorando” o “si sigues llorando se te van a salir los ojos. Mira yo, llevo gafas porque lloraba mucho de pequeña”. En fin…

El otro día, en nuestro momento rabieta, tuvimos a todos ellos a nuestro alrededor, lo que en una situación ya per se bastante difícil de manejar, nos pone a los padres bajo lupa, en tensión, sintiéndonos juzgados hagamos lo que hagamos. Como me explicaba Marta Ruiz, autora del blog ‘El planeta de A’, en una entrevista que podréis leer en el próximo número de Madresfera Magazine, nuestra actitud ante estas rabietas choca con lo que espera el público por “esa idea de superioridad que tenemos sobre los niños, que hace que sintamos que tenemos que quedar por encima de ellos siempre”. En los padres, como bien explica Marta, esa creencia “aumenta muchísimo” cuando estamos en un sitio público, “en el que estamos más pendientes del qué dirán que de lo que realmente está ocurriéndole a nuestro hijo”.

Por suerte no nos dejamos llevar por la voluntad popular e intentamos comprender a Mara, que poco después estaba calmada, sin necesidad por nuestra parte de haber montado el numerito que esperaba el público. Minutos más tarde estaba pagando la compra cuando una mujer se acercó a mí y me dijo: “Soy profesora y solo te puedo decir que lo estáis haciendo muy bien”. Como sucede con la televisión, también hay un público que harto de realities exige una programación de más calidad. Para beneficio nuestro. Y, especialmente, de nuestros hijos.

9 respuestas

  1. miren - http://delunaresylunas.blogspot.com.es/
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    23 mayo 2017 at 10:56 am

    afortunadamente, como bien apuntas, aún queda gente buena en el mundo 😉 que se solidarizan con los padres en estas situaciones (¿por qué será que suelen ser personas con pinta de tener hijos de la edad de los tuyos?)

    el caso es que yo, además de encontrarme al amado público que tan bien retratas, he tenido la suerte de verme ayudada por dependientes del súper donde sucedía la rabieta, que han distraído el epicentro de la furia, calmándola consecuentemente. uno, por ejemplo, nos regaló unas gafas de sol de fanta la mar de monas, y otro un chupachups.

    pero sí, lo más complejo en esos casos es no mandar a paseo al respetable… bss!

  2. Covi y Mina
    Responder
    23 mayo 2017 at 3:28 pm

    Buff , Adrián, ¿como lo hacéis? Porque yo en días como hoy de rabieta tras rabieta no me pude contener y le pegue un grito, luego sintiéndome fatal claro, y en agosto llegará la hermanita… de verdad que no se como vamos a hacerlo, estoy muerttita de miedo… un abrazo

    • Adrián Cordellat
      29 mayo 2017 at 11:06 am

      Es imposible contenerse siempre. A veces uno pierde los nervios. Somos humanos. Lo importante luego es pedir perdón. Y tener claro que ese no es el camino que queremos. ¡Mucho ánimo!

  3. Nohemí
    Responder
    23 mayo 2017 at 3:45 pm

    Nosotras tuvimos una el otro día en el autobús en la que opinó hasta el apuntador! Desde el abuelete que le dijo no sé qué tontería, que por suerte hizo que de la vergüenza se le pasara, hasta la que me contó al bajar que los niños son como un bonsai y si no los podas de pequeños luego crecen salvajes y ya no los puedes “podar”. Pero lo que más me sorprendió fueron otras madres con una hija de la edad de la mía mirando con cara de desagrado y que también le dijeron no sé qué tontería. En fin, suerte que no tengo ojos en la espalda y me hago la sueca, pero qué razón tienes con lo del keep calm, menudo despliegue de paciencia doble que hay que hacer!

  4. Rocío
    Responder
    23 mayo 2017 at 5:35 pm

    Hola! Mi hijo aún no gace rabietas, pero me gustaría saber qué hacen (o tratan de hacer) uds. en estas situaciones en las que no están en la tranquilidad del hogar para gestionar la angustia del peque. Gracias!!

    • Adrián Cordellat
      29 mayo 2017 at 11:04 am

      Con mucha paciencia, Rocío. Y con mucho amor. E intentando que nos afecten lo menos posible las miradas ajenas. Que es lo más difícil 😉

  5. Nazareth
    Responder
    29 mayo 2017 at 10:01 am

    Hace ya bastante tiempo fui a recoger a Rafa del colegio y él quería que lo llevara en brazos pero yo estaba embarzada de 8 meses y cargar con 10 kilos de niño hasta casa me era imposible. Ante mi negativa a cargar con él Rafa se tiro al suelo y se puso a patalear y chillar. Yo me senté a su lado, le dije que se calmara, le expliqué porqué no podía llevarlo en brazos, le cogí la mano… Pues en estas estaba cuando del edificio de enfrente se abrió una ventana y un señor mayor empezó a gritar “si ese niño no deja de llorar llamo a la policía” Así, tal cual. La rabieta duró aún un rato y el señor volvió a amenazarnos con llamar a la policía… Al cabo de unos minutos Rafael se serenó, me dio la mano y nos fuimos a casa andando tan tranquilos, pero el mal rato que pase con el estúpido ese gritándonos, y la gente parada mirando como Rafa lloraba no me lo quita nadie.

    Un saludo!

    • Nazareth
      Responder
      29 mayo 2017 at 10:06 am

      Hola Rocío, hay un libro que se llama “el cerebro del niño” que explica un poco porqué se producen las rabietas. nosotros le decimos que entendemos que este molesto por X, tratamos de desviar su atención hacia otro tema, le ayudamos a serenarse, le pedimos que nos explique qué siente exactamente (tristeza, miedo, enfado, etc), le cogemos de la mano (el contacto físico es muy importante para que sepan que no estamos enfadados con ellos)… Pero vamos, que eso es sólo teoría, que cada una se gestiona de una manera distinta y algunas son “ingestionables” y sólo hay que esperar a que pasen y el peque se calme solo.

      Un saludo y ánimo

      ¡Ah! Nunca levantarle la mano ni la voz, y no hacer chantaje (“si dejas de llorar te compro chuches” o cosas así). Las rabietas forman parte del aprendizaje del niño y tienen que aprender a gestionarlas y a superarlas por sí mismos.

  6. Liz
    Responder
    13 junio 2017 at 7:23 pm

    Me ha gustado mucho la entrada y los comentarios. Recuerdo que una vez presencie una y me impactó mucho de manera positiva por la calma y respeto de la mami con su hijo. Tal vez llevaba ya carrera hecha, en ocasiones quiero pensar que alguno que mira querrá solo aprender como puede hacerlo o cómo no debería. Pero desde luego ahora siendo mamá primeriza si que noto que hay muchos ojos alrededor por muchos asuntos y en casa estamos empezando con las rabietas.

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