Momentos de inadvertida felicidad (II)

inadvertida felicidad

Un día de la semana pasada, no recuerdo exactamente cuál, porque por las mañanas todos me parecen iguales, como si viviese un déjà vu permanente, salí corriendo de casa cargado con Mara en los brazos. Eran las 8:53am. Bajé pegando saltos a la calle desde el tercero en el que vivimos, corrí los 300 metros que me separaban del coche, nos subimos en él, arrancamos tras ponernos nuestros respectivos cinturones, fui todo lo rápido que me permitieron los límites de velocidad, el tráfico de primera hora de la mañana y los semáforos que se ponen en rojo cuando vas con prisas. Y a las 9:03am exactas, porque recuerdo haber mirado la hora en el móvil, estaba entrando por la puerta del colegio, con la peque nuevamente en brazos, victorioso porque no nos habíamos encontrado con la puerta cerrada y no tendría que esperar hasta que ésta se volviese a abrir 20 o 30 minutos más tarde. Entonces, con el corazón desbocado por la carrera y ya más calmado, me acerqué a darle un beso a Mara y le dije lo siento, cariño, siento haber venido así corriendo, a papá le gustaría venir más tranquilo, sin tantas prisas. Ella me miró divertida y me contestó con una sonrisa pícara, me ha encantado, papá, ha sido muy divertido ir saltando en tus brazos.

Cuando me asomo por la puerta de la habitación de matrimonio, sigiloso para no despertar a Leo, y me lo encuentro con los ojos completamente abiertos, sin hacer el más mínimo ruido, mirando al techo, como si reflexionase sobre el sentido de la vida, como si estuviese disfrutando de ese instante de soledad; y al verme, al descubrir una presencia que interrumpe sus cavilaciones, no solo no se molesta, sino que me dedica la más luminosa sonrisa de buenos días.

Cuando tras dejar a Leo tumbado, gateando y persiguiendo pelotas, me vuelvo a girar un instante después y su hermana lo ha sentado a su lado y ambos, ajenos a mi mirada, parecen desarrollar una incipiente forma de juego en común.

Cuando voy a recoger a Mara al cole y al verme en la puerta de su clase, ya listo para llevármela a casa, me dedica una gran sonrisa. Y cuando a continuación, en cuanto la profesora dice su nombre, abandona el corro y sale corriendo a mi encuentro para fundirse conmigo en un abrazo. Esa sonrisa…y ese abrazo.

Cuando a veces, los sábados, tras pasar la mañana corriendo intentando hacer todas las tareas pendientes, conseguimos salir de casa y nos relajamos en un restaurante o haciendo un picnic sobre el césped. Y disfrutamos de nosotros, de nuestra presencia, de todas esas cosas que de lunes a viernes nos roban las prisas, el estrés y las obligaciones.

Todas las mañanas, de camino al cole, vamos en el coche escuchado al Pirata y su banda en RockFM. Coincidió que una semana entera, desde el lunes hasta el viernes, en los 10 minutos que como mucho dura nuestro trayecto, escuchamos un anuncio de una conocida marca de seguros. Todos los días el mismo. El viernes, al bajar del coche y dirigirnos al cole, Mara me dijo: “papá yo soy todista. ¿Y tú, eres todista?”.

Cuando de forma muy ocasional, dadas nuestras circunstancias, un día laborable se me da extraordinariamente bien y consigo tachar con un rotulador amarillo fosforescente todo el listado de tareas que tenía pendientes. Y eso me permite ir a recoger a Mara tranquilo, en paz conmigo mismo, mientras un ser imaginario me pega unos golpecitos en la espalda. Well done.

Cuando alguna noche venzo al sueño que intenta cerrar mis párpados y consigo leerme 30 páginas de un libro del tirón. Y cuando un viernes o un sábado noche conseguimos ver una película sin dormirnos tras el primer fotograma. Es curioso como hechos tan aparentemente intrascendentes me hacen sentir tan extraordinariamente realizado.

Cuando Mara conjuga de forma incorrecta (aunque totalmente coherente) algún verbo irregular o dice mal alguna palabra. Y yo, lejos de corregirla, me regodeo en los últimos coletazos de su lengua de trapo.

Cuando le hago cosquillas a Leo, o alguna de las perrerías que le hacen tanta gracia, y le veo reírse a carcajada limpia, con su boca desdentada y la baba resbalando por su barbilla. Y me acuerdo de Manuel Jabois y de su “crecer es una traición”. Ya nunca volvemos a reírnos como cuando somos bebés.

Cuando Mara y Leo interactúan sobre la cama. La pequeña saltamontes le abraza. El bicho bola le coge de la cara y del pelo sin mucho tino. Y ambos sonríen, se reconocen, empiezan a ser hermanos.

A veces, entre el estrés, las obligaciones, el agotamiento, el mal humor constante, las prisas y la sensación de no llegar a nada que parecen marcar mis días, tengo un inadvertido instante de paz. Entonces miro a mis hijos como si fuese un fotógrafo con su gran angular, los veo interactuando a través del objetivo, me alejo para ampliar el cuadro, para captar una panorámica, y me siento como Felix Baumgartner viendo la Tierra desde la estratosfera, a 39.000 metros de altura. Es maravilloso el espectáculo.


Momentos de inadvertidad felicidad: Primera entrega (19 de mayo de 2016)

4 respuestas

  1. Paula
    Responder
    15 junio 2017 at 8:20 am

    Detenerse en esos momento que para el resto pasan inadvertidos, es una de las maravillas más grandes que nos ofrecen los pequeños. Me ha gustad mucho

  2. Laura
    Responder
    15 junio 2017 at 10:22 pm

    Me encanta como escribes. A veces yo también me descentro de ellos te leo y al día siguiente me esfuerzo en volverme a centrar en mis pequeños. Escribes muy bonito. Besos desde Francia. Te seguiré leyendo.

  3. El Papá Cavernícola (e hijo)
    Responder
    16 junio 2017 at 10:43 am

    Esos momentos son geniales y lo bien que lo cuentas también 🙂

  4. Begoña
    Responder
    17 junio 2017 at 5:49 pm

    Hola te leo hace tiempo y me encanta como escribes y consigues emocionarme. Gracias en especial por este post tan bonito, que me recuerda q en poco más de un mes yo voy a empezar a vivir eso q ya tenéis, la llegada de un hermanito para mi pequeña q hace ahora 3 años. El agotamiento constante de este embarazo, y las últimas semanas en el trabajo q se hace una cuesta arriba constante no me dejan ni pensar en q hemos tomado una muy buena decisión dándole un hermano y en todo eso q cuentas q vamos a vivir. Gracias

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