No sé por qué me quieres tanto

no se por qué me quieres tanto 02

No se por qué me quieres tanto, hija. No sé por qué sigues queriendo que yo te lleve al cole, que yo te lea los cuentos, que yo te duerma, que yo me siente a tu lado a la hora de comer, que yo me vaya al parque contigo, que sea yo el que te haga cosquillas y te acaricie las piernas para relajarte, que sea yo el que se duche junto a ti. No se por qué, incluso, manipulas sin ningún disimulo tus sorteos (pito pito gorgorito) para que el “fuera” final caiga sobre mi y me toque hacer contigo aquello que estuviese en juego en esa lotería que tiene poco de azar y mucho de amaño. Tampoco sé por qué me das esos besos inesperados cargados de amor, ni por qué me sigues dedicando esa sonrisa inabarcable cada vez que me ves aparecer a la salida del colegio. 

No sé por qué me quieres tanto, hija. Por más que lo pienso, no lo sé. Desconozco los motivos que llevan a querer tanto y a querer hacer tantas cosas con alguien como tu padre, un tipo imperfecto a más no poder, un antihéroe en toda regla que cada día intenta hacer las cosas bien, pero acaba tropezando siempre con las mismas piedras, cometiendo los mismos errores, cargando con las mismas culpas. No sé por qué me sigues queriendo tanto pese a todo.

Soy consciente de que esto solo es una racha. Que pronto, posiblemente, vuelvas a querer hacerlo todo con mamá y yo pase a un segundo plano. Siempre ha sido así. De mamá a papá, como en un partido de tenis interminable en el que cada uno va disfrutando de tu amor por sets, mientras el otro se queda parado en la pista central de Roland Garros, esperando que la pelota vuelva a estar en juego y esta vez le beneficie el peloteo, que la suerte esté de su lado, como en esa grandiosa escena que Woody Allen se sacó de la manga en ‘Match Point’.

Me entristece sobremanera no estar disfrutando de mi set, dejarme arrastrar por el cansancio, por el estrés de un trabajo y unas facturas que no entienden de romanticismos, por el calor insoportable que me agria el carácter, por la sensación de tener que hacer muchas cosas y no llegar a ninguna y, sobretodo, por sentir que no llego a ti y que encima lo pago contigo. Me apena verme perder los nervios, escucharme chillar, ver evaporarse a 40º todo rastro de empatía, ser por momentos el padre que no quiero ser. Entonces me cargo a la mochila de la culpa tu mirada triste, tus pucheros, tu cara de no entender qué cable se le ha cruzado a tu padre. Y me subo también a la espalda cada nueva oportunidad que me das, porque cinco minutos después quieres volver a estar conmigo, como si la adulta fueses tu, como si hubieses hecho tuyo aquel principio que dice que hay que querer a los seres queridos cuando menos lo merezcan, porque será cuando más lo necesiten.

No sé por qué me quieres tanto, hija, pero gracias por hacerlo, gracias por tu incondicionalidad a prueba de padres imperfectos, gracias por darme mil y una oportunidades de alargar mi set, de continuar un peloteo que si no fuese por tu generosidad hace ya tiempo que debería haber perdido.

11 respuestas

  1. miren - http://delunaresylunas.blogspot.com.es/
    Responder
    21 junio 2017 at 11:22 am

    gracias por saltarme las lágrimas leyendo algo que refleja tan bien lo que siento yo casi a diario, al menos un ratito. gracias.

  2. Kristin Keller
    Responder
    21 junio 2017 at 11:25 am

    Que dulzura. Gracias por estas palabras. Animo y fuerza para ti y tod@s que se sienten así algunas veces.

  3. Irene
    Responder
    21 junio 2017 at 12:04 pm

    Como a Miren, se me han saltado las lágrimas con tu post. Todos los días digo lo mismo, voy a hacerlo mejor… y sigo tropezando. Menos mal que ellos son los maduros en esta relación… 😉

  4. Angel
    Responder
    21 junio 2017 at 1:38 pm

    Una estupenda carta. Genial!

  5. Planeando ser padres
    Responder
    21 junio 2017 at 1:54 pm

    Mi bichilla lleva más apegada a su padre desde que nació mi churumbelito, aunque desde siempre parece que haya sido así. Pero justo estos días, a las puertas de las vacaciones escolares, parece que logro recuperarla un poco, y precisamente, me sorprende esa capacidad de preferir estar conmigo y que le dedique un rato, aunque solo sea para ver la tele juntas, antes que otra propuesta de ocio más espectacular. Adoro que haga eso, pero a la vez me carga con esa culpa que comentas: porque le regaño demasiado, porque pierdo los nervios cuando no logro hacerme con la situación estando a solas con el bebé y con ella en casa, porque tiene comportamientos que me desquician.. y no puedo evitar enfadarme. Pero después, a ella se le olvida todo, y se porta “bien”, por lo que se me cae el alma a los pies por haber sido dura en el trato y no tener toda la paciencia ni todo el tiempo que ella merecería.

  6. Baby Mandarina
    Responder
    22 junio 2017 at 10:01 am

    Precioso… Se me han llenado los ojos de lagrimillas pero a la vez me ha reconfortado ver que esto es algo común a todos, y ver que corazón tan grande tienen nuestros pequeños, son increíbles!!
    Enhorabuena por tu post.

  7. Juguetes CHACON
    Responder
    22 junio 2017 at 12:20 pm

    Repetimos que somos muy fans de vuestros blogs. Más bonito no se puede ser. Mucho mérito a los emprendedores y a seguir disfrutando de la vida y de vuestros hijos. Nosotros seguiremos por aquí. 🙂

  8. ISABEL
    Responder
    22 junio 2017 at 12:44 pm

    Ay, lagrimones como puños.
    Es verdad que tenemos que ser más niños y no dejarnos arrastrar por el estrés diario. Si no crecieramos y quisiéramos como niños… El mundo sería distinto.

  9. Enrique
    Responder
    22 junio 2017 at 11:40 pm

    Últimamente yo también estoy ahí, viendo cómo se me escapan los últimos días con ella entre enfados, reproches y repeticiones constantes de lo que hay y lo que no hay que hacer. Hoy hemos tenido la que seguramente haya sido nuestra mayor discusión familiar desde que somos 3, y aun así la media hora de gritos ha querido terminarla conmigo, con el que ya no llega al final de los días con ánimo, con el que se enfada en cada siesta que nunca llega. Qué identificado me siento hoy contigo… Se me está acabando el último set del partido y con cada punto insisto en recordarme que el próximo tiene que ser mío, que lo tengo que hacer bien, pero el calor nos afecta a todos.

    Qué bendición es ese amor suyo que sabe perdonarlo todo sin saber siquiera lo que es perdonar. Ojalá sepamos aprovecharlo y no hacerles abandonarlo demasiado pronto.

    ¡Gracias por esta entrada, amigo!

  10. Michelle
    Responder
    23 junio 2017 at 8:48 pm

    Porque ? Bueno tu lo sabes sólo que las recaídas en la constante lucha con un niño AD no te dejan verlo.. Tu simplemente como muchos padres en esa condición dan TODO por sus hijos y el hecho de que ese “todo” aveces no es suficiente duele. Pero ella sabe que la amas más que a tu vida, lo sabe y lo sabrá siempre aunque a veces te permitas caer porque eres humano también, pero si eres mas que perfecto. Ser perfecto no es hacerlo todo bien es dar lo mejor de uno y bueno tu das más incluso. Así que tranquilo, años de lucha han creado un lazo firme con tu nena que no se cortará porque aveces fallas

  11. Raquel G
    Responder
    27 junio 2017 at 5:13 pm

    Ufff, impresionante. Tengo una niña de 4 años y un niño de 3 semanas. Las cosas han cambiado un “poquito” y la niña ayer tuvo un momento de montamos “pollo” por una tontería. Aún después del mal rato de ayer hoy me decía: Mama no puedo dejar de quererte.
    Te aseguro que en este momento pienso como tú, como después de toda la tormenta, del mal rato puedes volver a mi y decirme esas cosas tan bonitas.
    Así sin nuestros niños.

Deja un comentario

* Rellena todos los campos