Crónica sentimental de un parto en casa

parto-en-casa-de-leo

El martes la mamá jefa os contó el relato de su parto en casa. Nadie como ella para contarlo, porque sólo ella y Leo fueron los verdaderos protagonistas de una noche imborrable. Yo, sin embargo, como espectador privilegiado, también empecé a escribir estas líneas poco más de 24 horas después de que naciese nuestro segundo hijo, Leo, desde ya nuestro pequeño saltamontes. Desde ese momento sentí una necesidad imperiosa de escribir, de plasmar sobre el editor de WordPress todos los sentimientos y todas las imágenes que se almacenaron aquella madrugada del 10 de noviembre en el frágil disco duro de mi memoria. Me pasó lo mismo con Mara, pero de una forma distinta. En su caso fue por la emoción de ser la primera. En el caso de Leo es por todo lo que sentí durante las aproximadamente ocho horas que duró el parto en casa y, de forma muy especial, durante los poco más (o menos, porque perdí por completo la noción del tiempo) de cinco minutos que duró el expulsivo, que creo con toda sinceridad que fueron, con diferencia, los minutos más intensos y emotivos de mi vida.

Recuerdo que cuando nació Maramoto, siendo un sentimental como soy, la mamá jefa me dijo que le sorprendió que no llorase. Y la verdad es que no se me escapó ninguna lágrima. Ni siquiera hicieron el amago. Estaba feliz con la llegada de la peque, pero creo que el ambiente hospitalario (vas a tener un hijo y parece que te van a operar de apendicitis) y el hecho de que Diana estuviese postrada durante 15 horas en una cama sin poder moverse, sufriendo todas las consecuencias de un parto medicalizado e hiper-protocolarizado, que refuerzan la sensación de que tienes una enfermedad y no un regalo de la vida dentro de tu cuerpo (ella ya contó su experiencia aquí),  le restaron toda la emotividad a un momento que debería ser único.

En aquel entonces, aún estando informados, casi asumimos todo aquello como normal. Luego la mamá jefa empezó a informarse más. Y a empoderarse. Y a tener claro que quería para su segundo parto todo lo que se le negó en el primero. Por eso (y porque queríamos que Mara fuese partícipe) pensamos en el parto en casa. Y por eso nos pusimos en manos de Anabel Carabantes y de todo el equipo de Ancara Perinatal. Creo que ha sido una de las mejores decisiones que hemos tomado en nuestra vida. Por la experiencia del parto en casa en sí, por supuesto. Pero sobre todo por su compañía, su empatía, su calma  y su “hacernos pensar” y tomar decisiones. Esto último ha sido para mí lo más relevante. En el primer parto tuvimos la sensación de que nos llevaban, de que otros decidían por nosotros y asumían el papel protagonista que debía corresponder a Diana. Aquí Anabel nos ha dado la información y, en función de ella, nosotros hemos decidido todo. Si algo he aprendido en los últimos meses es que nunca debéis dejar que otros tomen las decisiones por vosotros. Mucho más todavía cuando esas decisiones inciden sobre vuestro propio cuerpo.

Normalizar el parto en casa

Si escribo este post, aparte de por dejar por escrito todos los sentimientos que me generó este momento irrepetible (el verdadero post de este parto solo puede escribirlo Diana, su protagonista), es principalmente por normalizar el parto en casa. En los medios de comunicación (preocupados como están única, exclusiva y lamentablemente por las audiencias y los clics) suelen hacer una radiografía muy superficial y ajena a la realidad imperante cuando abordan el tema. Siempre van a por lo bizarro. Y es triste, porque el parto en casa no es más que otra elección que tomamos personas normales y que son atendidos por matronas “normales”. Y pongo las comillas porque aunque la normalidad deberían ser matronas como ellas,  que respetan la fisiología y los deseos de la mujer, la experiencia nos ha demostrado que no siempre es el caso.  Y eso sí debería ser noticia. Cada día.

Tampoco, que conste en acta, quiero idealizar el parto en casa. Si no das con una buena profesional, no estás exento de las malas praxis. Y no, no es un cuento de hadas. Hay dolor. Hay contracciones que parecen partir en dos a las parturientas. Y hay sangre derramada. La vida también es eso. Diría que en gran medida es eso. La fortuna es que todo ello ocurre en la tranquilidad de un ambiente conocido, tu casa. Y en nuestro caso con la calma y la confianza que aportan las profesionales de Ancara Perinatal. Diana se puso de parto el miércoles 9 de noviembre a las 11 de la noche. Poco más de una hora más tarde, después de dejarnos un tiempo para nosotros, llegó a casa Sara, la matrona que teníamos de referencia para nuestro parto y la que nos hizo comprender el verdadero origen de la palabra obstetricia, ese observar y “estar a la espera”, ese hacerse invisible mientras facilita la tarea y crea el ambiente de calma y seguridad necesarios para que el parto avance sin contratiempos. A las 6:50 de la madrugada nacía Leo. Podría contaros el parto segundo a segundo, pero ese relato pertenece a Diana. A mí me quedan los sentimientos y un puñado de imágenes que se sucedieron en ese intervalo de tiempo y me acompañarán para siempre.

normalizar-el-parto-en-casa

Crónica sentimental

Teníamos preparado todo el catálogo de Netflix, discos de música y libros para hacer más llevadera y relajante la espera. Luego todo ello quedó en el olvido porque las cosas nunca suceden como un cree. Antes, eso sí, nos dio tiempo a ver el último capítulo de ‘The Walking Dead’ acurrucados en el sofá. Y a acompañar durante parte de su trayecto a Bunbury en ‘El camino más largo’. A mitad del documental el parto se adueñó de Diana y ya no hubo series, ni libros, ni discos que valiesen, solo la penumbra de una casa iluminada por un par de velas en la que Mara dormía ajena a todo cuanto ocurría.

A partir de ahí tengo imágenes dispersas que unidas dan forma a un relato. Veo a Diana de rodillas sobre el puf del salón, buscando la postura para soportar mejor las contracciones. Veo la llegada de Sara, su abrazo y su presencia tranquilizadoras. Nos veo luego, tras la recomendación de la matrona, en la ducha. Diana dentro, amortiguando el dolor con el agua caliente, empezando a murmurar que no iba a poder. Y yo fuera, sentado en el váter, con su mano en la mía y un sueño, entre el calor y el sonido del agua, que me vencía por momentos. No sé cuándo decidió Diana abandonar la ducha, pero lo cierto es que la siguiente imagen que tengo ya nos sitúa en la habitación de Mara, con una vela como único punto de luz y con la mamá jefa tolerando a duras penas las embestidas de un proceso de dilatación tan duro como monótono que alcanzaba sus picos más altos. Debían ser las tres de la madrugada, aunque todo ello no son más que aproximaciones porque el tiempo pareció no existir aquella noche.

No hubo series, ni libros, ni discos que valiesen, solo la penumbra de una casa iluminada por un par de velas en la que Mara dormía ajena a todo cuanto ocurría.

Parecía que las fuerzas le empezaban a flaquear en ese punto a la mamá jefa. Como caída del cielo recuerdo en ese instante la llegada de Paca, la doula. Es un perfil con el que en principio no hubiésemos contado, pero que una vez vivido el parto ambos coincidimos en ver como fundamental. Ella, que es todo paz, energía y espiritualidad, supuso un revulsivo para Diana, un empujón necesario para seguir hacia delante, para empujar con más fuerza, para aguantar todas y cada una de las contracciones que se sucedían cada vez con mayor frecuencia. Recuerdo con emoción el abrazo entre Paca y Diana. Y me recuerdo a mí sentado tras la mamá jefa, haciéndole de respaldo, sintiendo su esfuerzo, su agotamiento, el estremecimiento de su cuerpo con cada una de las contracciones. Fueron instantes muy intensos. Preciosos. De pura vida.

Bajo el impulso de Paca pareció que el proceso se aceleraba y que Leo nacería en la hasta ahora habitación de su hermana, así que entre Paca, Sara y Anabel prepararon el escenario para acoger a nuestro pequeño saltamontes. Pero entonces, como en esa calma que precede a toda tempestad, hubo un parón. No de contracciones, pero sí de sensaciones. Diana, ya profundamente agotada tras casi 24 horas sin dormir, volvió a sus “no voy a poder” y hasta yo sentí que el globo se pinchaba. Aún puedo escuchar hoy a Anabel y a Paca sugiriéndole a Diana que fuese al baño a hacer pis para cambiar de escenario. Y recuerdo a Diana negándose en un principio.

El siguiente fotograma que tengo ya es en el baño. Diana de pie, sujetándose con una mano en el lavabo y con otra en mi brazo, agarrándose a esos dos puntos de apoyo como si le fuese la vida en ello. Y a partir de ahí cinco minutos (que pudieron ser dos o diez, nunca lo sabré) de gritos puramente animales, de una fuerza irracional que le salía desde las entrañas. Para entonces, ante tal espectáculo de la vida, ya se derramaban mis lágrimas, incapaces de resistir ante la fuerza de Diana, convertida por momentos en una loba que aullaba, como si de repente, en su trance, se hubiese reencontrado con nuestros orígenes animales. La escuché gritar que no podía más, que se partía. Pero podía, claro que podía. Luego hubo un último grito desgarrador, el último aliento de fuerza que le quedaba a Diana. Lo siguiente ya fue el llanto de Leo, empapado y resbaladizo, buscando el pecho de su madre, unido a ella por el cordón umbilical.

Recuerdo la cara de emoción de las matronas y de la doula. Y me veo a mí nadando en un mar de lágrimas, abrazando a Diana y a Leo, todavía sin asimilar lo que acababa de presenciar. Admirando a esa mujer poderosa y sin límites que sentada sobre la taza del váter, centrada ya en su hijo, parecía totalmente ajena al espectáculo que acababa de protagonizar. Como si parir fuese un acto cotidiano para ella, como si toda su vida hubiese estado preparándose para vivir un día ese momento.

el-parto-de-leo

32 respuestas

  1. Pablo Fayos
    Responder
    24 noviembre 2016 at 12:51 pm

    Los pelos de punta y los ojos empapados. Es todo lo que puedo decir.

  2. Pamela
    Responder
    24 noviembre 2016 at 1:03 pm

    Llorando estoy ahora mismo ….felicidades por la familia

  3. Roshni
    Responder
    24 noviembre 2016 at 1:15 pm

    Ufff, los pelos de punta !! No tengo palabras, IMPRESIONANTE el relato.
    Yo que he tenido una cesárea de urgencia y un parto muy controlado y guiado por los demás, como dices, como si esto fuera una apendicitis. ¡¡ FELICIDADES !!

  4. Let
    Responder
    24 noviembre 2016 at 1:24 pm

    Qué bonito lo vives, qué bonito lo cuentas. Hasta la lágrima me tienes. Un besazo.

  5. La maternidad de Krika en Suiza
    Responder
    24 noviembre 2016 at 1:33 pm

    La madre que os parió, menudos dos estáis hechos, ¿queréis dejar de hacerme llorar que estoy muy sensible? Precioso relato.

  6. Elena
    Responder
    24 noviembre 2016 at 2:31 pm

    Que bonito lo contáis os sigo desde hace un tiempo y nunca soy de comentar pero esto es tan de verdad, que solo os doy las gracias por volver hacerme ver que me encantaría parir en casa aunque la primera experiencia me llenara de miedos en el hospital y durante estos últimos 19 meses hay a dicho que ni de broma lo haría en casa.un besazo

    • Adrián Cordellat
      25 noviembre 2016 at 7:00 am

      Muchas gracias por tus palabras, Elena! Es una elección muy personal, pero aunque no sea en casa, hay cada vez más hospitales respetuosos. Muchos de ellos, salvando las distancias, te facilitan partos lo más parecidos posibles a casa. ¡Un besazo y gracias de nuevo!

  7. Ainara
    Responder
    24 noviembre 2016 at 3:19 pm

    El post de la Mamá Jefa me encantó pero no este no se queda atrás. Preciosa familia la que habéis formado.

  8. Alicia
    Responder
    24 noviembre 2016 at 10:31 pm

    Enhorabuena, yo tambien tengo a una Mara y a un Leo en mi vida 😉

  9. Belén
    Responder
    25 noviembre 2016 at 7:00 am

    Muchas felicidades Adrián. Ambos sois muy grandes, y has escrito un post precioso.
    Me estoy formando para ser doula y espero poder transmitir la misma paz y aliento a todas las mujeres que me quieran a su lado, como Paca os acompañó.

  10. Roser
    Responder
    26 noviembre 2016 at 11:01 am

    Qué suerte, un parto corto. Yo traté de parir en casa, también, pero tras 20 horas de contracciones, las últimas 4 con el niño asomando la cabeza a cada empujón, para volverse a esconder en cuanto dejaba de empujar, me rendí. No pude más. Nunca sabré si puedo parir sola.

  11. Nueve meses y un día después
    Responder
    27 noviembre 2016 at 10:55 am

    Qué maravilla de parto y de naracción. Leí la de la Jefa el otro día y aluciné. La verdad es que debe ser una experiencia preciosa vivirlo así. Me alegro mucho de que todo fuera tan bien. Mara fliparía al despertarse.
    Yo, como estoy absolutamente cagada no me atrevería. A ver si me voy empoderando un poquito que me siento ahora mismo como un mueble en relación al tema parto… Será que lo veo acercarse…

    • Adrián Cordellat
      5 diciembre 2016 at 11:59 am

      Puedes empoderarte en el hospital si te da más seguridad 😉 Lo importante es que te respeten y respeten tus decisiones. ¡Gracias por tus palabras!

  12. Maria y mina
    Responder
    28 noviembre 2016 at 12:07 pm

    Precioso, duro, intenso y precioso, un abrazo muy fuerte familia

  13. La Hobbita
    Responder
    1 diciembre 2016 at 11:56 am

    Enhorabuena familia! Emocionante es quedarse corto!

  14. Noemí de Creando a mamá.
    Responder
    15 diciembre 2016 at 9:32 am

    ¡¡¡Woww !!!!felicidades por vuestro segundo amor, y por ese parto maravilloso.Gracias por compartir un relato tan emotivo.

  15. Laura
    Responder
    23 enero 2017 at 11:22 pm

    Con tu permiso, te comparto en Facebook 🙂 Soy matrona, y he llegado hasta aquí por casualidad… pero con este bonito relato me he trasladado visual y emocionalmente hasta ese momento… La piel de gallina es poco 🙂 ¡Enhorabuena!
    Os dejo el enlace a mi blog 🙂 https://marsupialesblog.wordpress.com/

  16. Jessy
    Responder
    25 enero 2017 at 3:34 pm

    Wow! Lo que somos capaces de hacer las mujeres por dar la vida a nuestros hijos es tan grande que no hay palabras. Yo fui mamá hace dos meses, en un hospital, aunque por suerte fue muy humano el trato, estuvimos solos el papá de el fierecilla y yo casi todo el tiempo y se tuvo en cuenta cada decisión nuestra, además de contar con una matrona super cariñosa pero no fui capaz de hacerlo sin epidural. Eso sí, me pusieron poca dosis y por suerte puedo decir que fui consciente de cada contraccion y del momento en que asomo su cabeza… Con menos dolor, eso si, pero no puedo decir que no m dolió nada, así que estoy contenta por haberlo sentido, aunque de forma más suave. Por eso creo mamá jefa, como tú la llamas, ha sido muy valiente.
    Precioso relato, que me ha hecho saltar las lágrimas.

  17. Colorsandia
    Responder
    20 febrero 2017 at 11:36 pm

    Tan parecido y tan diferente a mi parto. Yo no parí en casa pero tardé muchísimo en dilatar y del hospital me mandaron a casa a que aguantara. Yo no me lo podía creer, llevaba ya muchas horas de contracciones cada 5 minutos y encima vomitando, aguanté 6 horas más en casa hasta que temí desmayarme y decidimos pasar otras tantas de una habitación del hospital que no era precisamente agradable pero en la que no me obligaron a estar tumbada y desde la que vimos el amanecer con incertidumbre. Cuando decidieron llevarme a la sala de partos también tuve un repunte, acepté la anestesia por miedo a no saber lo que me esperaba pero sentí que me hacía efecto antes de que me la pusieran. De pronto me encontraba en un sitio agradable con pájaros pintados en la pared y una matrona que se interesaba de verdad por mi (también había otra que parecía un sargento, todo hay que decirlo :)). Por suerte la epidural me hizo el efecto justo para remitir un poco el dolor y dejarme descansar y fue desapareciendo durante el expulsivo por lo que sabía cuándo y cómo pujar. Hubo meconio y vuelta de cordón y litotomía pero cuando el equipo de cesáreas se presentó en la habitación mi ginecóloga dijo que confiaba en mí y cuando se plantearon cortar para sacar a Momotaro mi matrona dijo que confiaba en mí. Y desde entonces yo también confió mucho más en mí y confío en que en ocasiones hay buenos profesionales que si te dicen que estarás mejor en casa y te dejan a solas con tu pareja y tu incertidumbre para ver el amanecer es porque saben que por mucho que te duela en ese momento siempre lo recordarás como el amanecer más bonito de tu historia.

Deja un comentario

* Rellena todos los campos