Paternidad y bipolaridad

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A poco que se implique, uno no puede salir indemne de la paternidad. Es materialmente imposible. La experiencia te remueve por dentro, cambia tus prioridades y te hace experimentar unas emociones y unos sentimientos que ni siquiera sabías que existían, pero que estaban ahí, esperando a que fueses padre. La paternidad también te hace bipolar. Una especie de Doctor Jekyll y Mr. Hyde, aunque la comparativa no sea la más exacta. Hoy estás maldiciendo el estrés de tu vida, pidiendo como agua de mayo la llegada del cole, unas horas de paz y de silencio. Y dos días más tarde, en la previa al inicio del curso escolar, te ves saboreando cada minuto de la tarde como si fuese a ser el último, porque sabes que al día siguiente tendrás unas horas de paz, pero también que echarás de menos a tu hija. Ella no se imagina cuánto.

Ha sido un verano caótico. Lo normal, imagino, cuando a un terremoto imparable e incendiario de casi cuatro años le unes un bebé que desde que a los seis meses empezó a gatear y a ponerse de pie es un kamikaze con patas, más suave en sus formas, sí, pero igual de enérgico e infatigable que su hermana. Hemos tenido nuestros días buenos, por supuesto. Y hemos disfrutado y nos hemos reído todos juntos, claro está. Pero mi sensación ha sido la de caos absoluto, la de no saber nunca por dónde continuar, cómo organizarnos para hacer los días más llevaderos.

Supongo que no ayuda el trabajar desde casa. Los dos. Y el ser autónomos. Los dos. Y esa sensación de no poder desconectar nunca, de siempre tener algo que hacer, de saber que si paramos en agosto en septiembre no vamos a llegar. Es un poco angustioso, la verdad. Sabemos que la nuestra ha sido una apuesta arriesgada, que dentro de tres años todo será más fácil y que teletrabajar nos permitirá poder atender a nuestros pequeños cuando lo necesiten, llegar a rozar con la yema de los dedos esa gran mentira llamada conciliación; pero mientras llega ese momento emprender es una montaña rusa de sentimientos y de emociones. Como la paternidad. O tal vez, a decir verdad, por la paternidad.

Sea como sea, como os comentaba al principio, esta angustia de la que os hablo, y de su mano el caos y la desorganización, han provocado que más de una vez (y de dos) haya contado con los dedos de mi mano las semanas, primero, y los días, después, que quedaban para la vuelta al cole. Sé que es humano, pero no puedo evitar sentirme culpable por ello. Supongo que a poco que uno se implique y quiera ser mejor, tampoco puede salir indemne al sentimiento del culpa que trae aparejado la paternidad.

Luego llegó el supuestamente ansiado día de la vuelta al cole y la noche anterior, ya dormida, no podía dejar de mirar a nuestra pequeña saltamontes y de pensar en lo mucho que la iba a echar de menos. Han sido unas semanas de vacaciones intensas, sí, pero también de mucho tiempo compartido, de mucho juego (“¿Papá, tienes otra buena idea?”), mucho parque, muchas lecturas, muchas risas, muchas nuevas experiencias y muchas noches durmiéndose en la mochila. Semanas de nuevas rutinas que desaparecen de un plumazo, de la misma forma en que llegaron, para dar paso de nuevo a los días pautados que se organizan a partir del horario escolar.

Waldorfeando. #waldorf #arcoiris #rainbow #kids

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El viernes por la mañana la dejamos en su clase. Nos dio un beso de despedida y nos dedicó la mejor de sus sonrisas antes de correr hacia el corro a reencontrarse con sus amigos. Luego volvimos a una casa que sin sus gritos y su energía nos resultó extrañamente vacía. Al final va a resultar que se nos han hecho cortas las vacaciones. Eso, o que se ha agravado nuestra bipolaridad.

9 respuestas

  1. Teresa
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    12 septiembre 2017 at 9:41 am

    Es normalísimo lo que piensas. Yo no llego a ese punto, pero porque nuestra organización es muy distinta: trabajamos los dos fuera de casa, y con reducción de jornada, y tenemos tres o cuatro semanas de vacaciones en verano. Tenemos ayuda en casa y unos abuelos que, aunque viven lejos, se desviven por ayudar. Y para facilitar más la cosa, campamento de verano en la urbanización todas las mañanas. Así es que para nosotros el verano no es tan complicado y lo disfrutamos mucho, aunque como todos los padres, también tenemos nuestros momentos de tener ganas de que empiece el cole, sobre todo por normalizar horarios.

    Pero obviamente, trabajando los dos desde casa, sin ayuda, sin poder parar unas semanas, con los niños en casa y deseosos de actividad y emociones, la cosa se complica y mucho, y es normal que por un lado esperes con ganas la vuelta al cole.

    Seguro que en estos meses que vienen os podéis organizar mejor, ¡mucho ánimo!

  2. miren - http://delunaresylunas.blogspot.com.es/
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    12 septiembre 2017 at 10:42 am

    el clásico “ni contigo ni sin ti” total… ¡todos locos perdidos! 😉

  3. Planeando ser padres
    Responder
    12 septiembre 2017 at 5:00 pm

    Es un sinvivir esta dualidad. A mí me ha pasado igual: al principio del verano, con los 2 mochuelos y sola en casa teniendo que trabajar con ellos durante un mes antes de nuestras vacaciones ¡creí que querría morir! Pero luego la cosa no ha sido tan tremenda como pensaba. Mi bichilla se ha moderado mucho con la edad (aunque sigue siendo un terremoto, el razonamiento lo tiene buenísimo y comienza a comprender mis agonías de madre) y en un visto y no visto ¡se había acabado el verano! Aquí hoy ha sido su primer día de colegio ¡y lo ha disfrutado ella más que yo! Si me lo cuentan no me lo hubiera creído.

    • Adrián Cordellat
      13 septiembre 2017 at 1:26 pm

      A Mara le pasó igual. Todo el verano diciendo que no quería ir al cole. El viernes vamos a recogerla y nos pregunta: ¿me puedo quedar un ratito más?

  4. pasadopisado
    Responder
    13 septiembre 2017 at 2:07 am

    Adrián creo que el título del artículo no viene al caso, creo que como otras personas que te siguen han opinado, dualidad si lo prefieres, está mejor expresado para determinar el tema de las emociones que sentís con lon niños en verano y las ganas de que empiecen de nuevo el colegio.
    El tema de la bipolaridad es muy complejo, se trata de un trastorno que afecta a más del 2% de la población y por desgracia muchas son mujeres, a las que se les informa incluso recomienda no tener hijos.
    En serio, creo que se usa la palabra bipolaridad con demasiada vanalidad para referirse a cualquier situación o personas, cuando estamos hablando de una enfermedad mental.
    Espero se haya entendido mi punto de vista sin desmerecer para nada el articulo en sí.

    • Adrián Cordellat
      13 septiembre 2017 at 1:25 pm

      Hola, Verónica. Creo que tienes toda la razón del mundo. A estas alturas ya no voy a cambiar el titular, peso lo que comentas es algo que tendré muy en cuenta de cara al futuro. Gracias de verdad por tu apreciación.

  5. Beltzane
    Responder
    14 septiembre 2017 at 10:04 am

    ¡Ánimo, querido amigo! Ya sabes que somos muchos papis y mamis los que empatizamos contigo. Como ya he comentado alguna vez con Diana, esa “dualidad” (por tener en cuenta el comentario de arriba de Verónica) se potencia muchísimo más trabajando desde casa. Hacerlo tiene inmensas ventajas, pero no todo es de color de rosa.

    Imagino que, precisamente por compartir con los peques vuestro espacio de trabajo durante el verano, vivís mucho más intensamente ese vacío que ha dejado Mara el día de la vuelta al cole. En nuestro caso, como trabajamos fuera de casa, no hemos tenido que enfrentarnos a ese vacío. Es normal que te sientas culpable por sentir/pensar así, pero te animo a que intentes verlo de forma positiva porque no hay nada más insoportable que el peso de la culpa… A ella le viene genial tener su propio espacio sin vuestra presencia constante (como en verano), de igual modo que a vosotros también os viene genial tener un espacio vuestro para poder tener mucho más foco a la hora de trabajar.

    Quizás es que, para nosotros, el final del verano ha sido muy intenso (y largo, debo decir), pero yo he tenido la sensación que los Duendecillos estaban un poco cansados y saturados de estar todo el tiempo con nosotros. Y ya sabes que lo habitual es oir justo lo contrario, que son los padres los que están un poco saturados de sus hijos 😛 Quizás, por este motivo, este año no me ha invadido la culpa como en otros finales de verano y no me ha supuesto un conflicto interior desear que empezaran ya el cole.

    Un abrazo gigante

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