De tres a cuatro: una catarsis necesaria

catarsis

Cuando uno tiene el segundo hijo siempre intenta hacerlo lo mejor posible para que la integración del nuevo miembro en la rutina familiar sea lo menos traúmatica posible para toda la familia y, en especial, para la hermana mayor. Uno se sabe toda la teoría, pero luego la realidad siempre te demuestra que de la teoría a la práctica hay un trecho, sobre todo porque la realidad es mucho más compleja y toma derroteros que uno ni siquiera intuye o imagina. Algo así es lo que nos pasó a nosotros hace tres semanas. Fue un bofetón de realidad que nos hizo reflexionar y actuar. Podríamos considerarlo una catarsis necesaria. 

Estamos muy felices y orgullosos de cómo ha reaccionado Maramoto a la llegada de su hermanito. Siente devoción por él y lo primero que hace cada día nada más despertarse es ir a buscarlo y besarlo. Se pasa los días intentando interactuar con él y es la niña más feliz del mundo cada vez que consigue hacerlo reír: “Mira, papá, se ríe conmigo”, me dice a todas horas, porque como ya os comenté el otro día hacer sonreír a Leo es un trabajo bastante sencillo. En ningún momento ha tenido un gesto de celos hacia su hermano y los que ha tenido, como empezar a tirar ropa que estábamos doblando al suelo, eran una llamada de atención, un yo también estoy aquí, que hemos solucionado de inmediato dándole lo que justificadamente y a su manera nos pedía: tiempo.

Sin embargo, hace unas semanas empezó a estar muy irascible con nosotros (que no con Leo), especialmente con Diana. Se enfadaba por todo (más de lo habitual, quiero decir), nos chillaba, solo quería estar conmigo y estaba permanentemente enrabietada desde que la recogía del cole hasta que la volvíamos a llevar al día siguiente. Un malhumor con patas. El punto crítico que nos hizo reflexionar fue cuando a ese enfado perpetuo unió un paso atrás increíble con sus necesidades fisiológicas. Con Mara apenas hemos tenido escapes de pis y la caca la seguía haciendo en el pañal. De repente dejó de querer hacerla en él, pero tampoco quería hacerla en el baño. Es como si pensase que era pequeña para seguir usando pañal pero a la vez no se viese preparada para dar el paso al váter. Y colapsó. Pasamos unos 10 días bastante angustiosos en la que la veíamos sufrir y aguantarse la caca. ¡Y hasta el pis! Fue duro. Y no quiero ni pensar en lo que pasarán aquellos padres a los que esta situación se les enquista durante semanas, tal vez incluso meses.

La catarsis

Para ayudar a Mara con este bloqueo hemos tenido mucho apoyo de su profe en el cole, cosa que se agradece, pero sobre todo la solución la hemos encontrado en nosotros, en casa, porque al final nuestra pequeña saltamontes lo que tenía era un bloqueo emocional absoluto por nuestra “culpa”. Y pongo culpa entre comillas porque con bastante cargamos ya cada día. Pero lo cierto es que con la llegada de Leo, sin darnos cuenta, fuimos abandonando las rutinas que teníamos hasta entonces. De repente, sin ir más lejos, la mamá jefa desapareció de la rutina del cole. Antes íbamos a llevarla y a recogerla los dos y de golpe y porrazo solo iba yo. Por la mañana y por la tarde, mientras que era Diana la que se quedaba con Leo. Y Mara, la pobre, lo notó. Aunque a ella le cueste verbalizar lo que siente, no nos diga nada y se lo guarde hasta que explota. En este caso a modo de rabietas y de un frenazo en nuestra “no operación pañal”.

Fue recuperar las rutinas, empezar Diana a llevar a Mara al cole e ir a recogerla los dos, como hacíamos a principio de curso, y todo se solucionó como por arte de magia. Los enfados permanentes han bajado en frecuencia e intensidad, Mara vuelve a querer estar con los dos y, sobre todo, cuando pensábamos que iba a ser una situación que se iba a enquistar, la pequeña saltamontes empezó a hacer caca en el váter sin necesidad de motivarle con trucos varios. Por su propia voluntad.

*Es una afortunada Mara por tener la mamá que tiene, porque cuando yo también estaba entrando ya en modo bloqueo, desesperado por este repentino e inesperado parón, cegado por el agotamiento y estos días que son un no parar, ella (que está más agotada que nadie en este casa) supo pararse, reflexionar y ver cuál era el camino. No me extraña que todos en casa la sigamos a ciegas. Sabemos que mientras ella guíe el barco, pese a los tropezones inevitables (que siempre los hay), vamos por el buen camino.

4 respuestas

  1. Roser
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    14 marzo 2017 at 12:02 pm

    Nosotros tenemos la suerte de que el Monstruo no iba aún al cole cuando nació el pequeñajo, y yo pude alargar la baja lo que no está escrito, de modo que yo empecé a trabajar justo 10 días antes de que él empezara P3. Así fuimos 2 adultos (además de mis padres) en cuadrar el triángulo), y en un mes pudimos instaurar rutinas que antes ni existían (la del sueño, la del baño…).
    Me siento muy identificada (modestia a parte) con la mamá jefa, o sea que muchas gracias por el reconocimiento que (siempre) le haces ^_^ Yo siempre he creído que era el hecho de ser profe y estar acostumbrada a indagar en la psicología y la neurología para hallar el por qué de los problemas de relación y aprendizaje, pero si otras mamás también pueden… quizás sea el hecho de ser muy maternal lo que me ha hecho siempre una profe muy querida!

  2. Nieves
    Responder
    14 marzo 2017 at 2:52 pm

    Yo me siento identificada con esos 10 días de retención voluntaria. 6 meses de pánico a hacer caca llevamos y digo pánico porque lo es!! Horroroso. Me alegro que en vuestro caso haya sido algo pasajero con final rápido y feliz.

  3. Débora
    Responder
    15 marzo 2017 at 12:23 pm

    Hola Adrián! Nosotros también hemos vivido algo similar y me siento totalmente identificada con lo que cuentas en este post y en casi todos. Tenemos un niño de tres años que ha empezado el cole este curso y, justo en ese preciso momento, nació su hermanita, en septiembre, con lo cual todo fue un poco difícil para él (dejar el pañal en verano, abandonar la guardería y comenzar una nueva andadura en el colegio, con niños mayores…) y encima, una nueva hermanita en casa, algo totalmente desconocido para él. En fin, el primer mes fue todo idílico, adoraba a su hermana, quería tocarla, besarla (sin medir la fuerza o haciéndolo así conscientemente…) Nosotros, que tanto miedo teníamos de cómo iba a reaccionar y a comportarse, nos quedamos totalmente eclipsados con su reacción. Pero más adelante, la cosa fue cambiando, no en el cariño y atención hacia ella, que seguían, sino en pequeñas llamadas de atención: volver a hacerse pis encima, no querer hacer caca, vuelta a las rabietas, que ya estaban casi en el olvido… y nuestra desesperación claro, fruto de no dormir, de varios episodios de bronquiolitis con la pequeña y del agotamiento que supone el día a día con niños pequeños en casa y de no comprender nada en ese momento. Un tiempo después, caímos en la cuenta de que él tan sólo quería recuperar parte de nuestra atención, de nuestro tiempo, de nosotros. A veces el cansancio nubla lo más evidente y sencillo. Poco a poco todo ha ido mejorando, el pis (la noche aún no la controla tras esta vuelta atrás), el tema de la caca va mejorando poco a poco y con medicación y, lo más importante, los papis estamos aprendiendo a frenar, dentro de lo que se puede, el ritmo y a disfrutar más de él, de nuevo. Un saludo!

  4. Emma
    Responder
    15 marzo 2017 at 3:14 pm

    Muy de acuerdo. Yo siempre digo que creo que parte del motivo por el que nuestra hija mayor llevó tan bien la llegada de su hermana fue que todo siguió igual. Yo seguía haciendo con ella todo lo que hacía antes de que llegase su hermana, solo que con su hermana adosada: la recogía del cole, pasábamos la tarde juntas, la bañaba, le ponía la cena, la acostaba…incluso a veces nos escapábamos las dos solas una horita dejando a su hermana recien comida y dormida.

    Por suerte, su hermana de bebé era una bendita, así es que eso lo puso fácil, y la mayor lo llevó genial, y siempre ha adorado a su hermana.

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