Una lección de bondad

bondad

En esta Semana Santa que nos hemos pasado enfermos (primero Mara, luego yo y finalmente Leo) me he empezado a leer el nuevo libro de David Trueba, ‘Tierra de campos’. En una de las primeras páginas, el escritor y cineasta pone en la mente del personaje protagonista, Dani Mosca, una reflexión: “Me gusta imaginar a mis hijos cuando sean mayores. Ojalá no les desaparezca nunca del todo la cara de niños. Son tristes las personas a las que no se les puede adivinar la cara del niño que fueron, y más triste aún esos niños que ya tienen la cara del adulto que serán”. Y me encantó. Porque hace ya mucho tiempo, antes de nacer Mara, confesé en un post que mi mayor miedo durante el embarazo era que la pequeña saltamontes naciese con cara de mayor, como esos niños que con un año ya sabes la cara que van a tener con cuarenta y que cuando te miran parece que te juzgan desde sus carritos con la personalidad de un adulto. Me dan un poco de no sé qué. Seguro que conocéis a alguno.

Sea como sea, me quedé con la frase porque más que esas personas a las que no se les puede adivinar la cara del niño que fueron, a mí me producen tristeza esos niños que se comportan como adultos, que imitan lo peor de los mayores, como ése dejar de lado y hacer el vacío a aquel que no consideran digno de su atención (ya sea porque es más pequeño o porque lo deciden así aleatoriamente). No sé si lo he comentado alguna vez por aquí, pero siempre me ha dado mucha rabia en el parque ese momento en el que Mara intentaba jugar con unas niñas y éstas le decían que no, que era muy pequeña. Y no contentas con eso, se alejaban de ella, casi huían cuando Maramoto iba en su búsqueda. Me daba mucha pena por la pequeña saltamontes, que me miraba desorientada, sin entender nada. Y me producía mucha rabia que se comportasen así con ella. ¿Pero qué iba a decir yo a esas niñas? ¿Qué iba a hacer si quizás mi hija hiciese lo mismo dentro de unos años?

Estos días de vacaciones, en una de las treguas que nos dio la fiebre, bajé al parque con Mara y ella, que hace amigos en cualquier sitio, se puso a jugar con tres niñas un poco mayores que ella. Todo correcto y bajo control. De repente llegó María, una vecina de poco más de un año, y se quiso sumar al juego y sentarse junto a ellas en el columpio que habían tomado a modo de cabaña. “Tú no puedes jugar”, le dijeron al unísono las tres niñas. Y Mara se quedó perpleja y miraba a sus compañeras de juego y a la pequeña sin entender qué sucedía. No dijo nada, pero era evidente que no estaba conforme con la situación.

Unos minutos después Mara y sus nuevas amigas de parque trasladaron el campamento de juego a la parte superior del columpio. Entonces la pequeña saltamontes se paró, cogió a María de la mano y le dijo: “Vente con nosotras, que hay mucho sitio”. Y yo, alucinado con su gesto, me quedé prendado (un poco más) de mi hija, de esa niña que apenas alcanza un metro de estatura pero que en su grandiosa pequeñez me (nos) acababa de dar una inesperada lección de bondad.

Sí, David, ojalá a mi hija nunca le desaparezca del todo su cara de niña. Pero, sobre todo, ojalá no le desaparezca nunca esa bondad con la que  los niños llegan al mundo, ojalá no le corrompa nunca nuestra sociedad, ojalá no pierda esas ganas de integrar, de juntar, de no dejar a nadie de lado. Ojalá.

6 respuestas

  1. Teresa
    Responder
    20 abril 2017 at 8:51 am

    Una de las cosas con las que yo he alucinado y que no me esperaba es la mala leche, dicho así en plata, que tienen algunos niños desde bien pequeños. Yo pensaba que comportamientos más mezquinos de unos niños hacia otros, como hacerle vacío a otro niño, hacerles cosas para fastidiar, llegaban más tarde, y no obviamente en todos los niños, pero definitivamente pensé que esa mala leche de algunos niños llegaba más mayores.

    Teniendo a mis hijas, veo y mi hija mayor me cuenta comportamientos en niños y niñas de cuatro años que me dejan perpleja. Si con cuatro años tienen esa maldad y poca consideración con otros niños, ¿qué no harán con diez? ¿Y cómo algunos padres no ven esos comportamientos en sus hijos e intentan corregirlos desde pequeños?

  2. Marta
    Responder
    20 abril 2017 at 11:53 am

    Ojalá.. Me sumo a tu deseo. Me ha encantado la reflexión.

  3. yyoconestasbarbas
    Responder
    20 abril 2017 at 1:00 pm

    Ojalá. Lo suscribo punto por punto. La infancia es para que se manchen y griten. Y a ser posible, tú con ellos.

  4. miren - http://delunaresylunas.blogspot.com.es/
    Responder
    20 abril 2017 at 1:31 pm

    ¡qué linda tu niña y qué bonito lo has contado! y sí, ojalá 😉

  5. Mi papá es...
    Responder
    21 abril 2017 at 6:14 am

    Ojalá!!! Cuando mejoraría el mundo si los adultos heredaramos el mundo de los niños y no a la inversa. Me asusta ver como algunos padres van acabando poco a poco con la inocencia que hace que sean espontáneos, generosos, creativos, naturales… En fin. Ojalá conserven siempre lo mejor de su niñez.

  6. Maria L.G
    Responder
    21 abril 2017 at 3:01 pm

    Que rica!! La verdad es que nos dan verdaderas lecciones desde muy pequeños.

Deja un comentario

* Rellena todos los campos