10 consejos para afrontar las rabietas (y hacerlo mejor que yo)

Como he contado muchas veces, Mara tuvo su primera gran rabieta con un año recién cumplido. Desde entonces la frecuencia y la intensidad de las rabietas han ido in crescendo progresivamente hasta llegar al punto en el que nos encontramos en la actualidad, en el que hay días que son una rabieta en sí solos.  Llegados a este extremo podemos decir que tenemos un posgrado en afrontamiento de rabietas (nota mental: recordar actualizar currículum en Linkedin), cosa que no nos libra de caer una y otra vez en los mismos pecados. Por eso, para que no os pase lo mismo y lo hagáis mejor que yo (cosa que no es difícil), me he decidido a escribir este artículo con diez consejos para afrontar las rabietas de la necesaria aDOSlescencia.

  1. Y lo primero es la terminología, porque se trata de afrontar las rabietas y no de erradicarlas o eliminarlas (como es habitual leer en muchos artículos). La diferencia es importante y es un primer escalón para intentar sobrellevar esta etapa de la mejor forma posible. Porque las rabietas no son otra cosa que una forma de comunicación de los niños, una forma de expresar sus emociones. Pura y salvaje, como son ellos, aún sin el filtro que ya manejamos los adultos. Como he dicho alguna vez parafraseando a la psicóloga Laura Perales, “las rabietas son un síntoma de un niño sano”. Evitarlas con sobornos, como darles chuches o dejarles hacer cosas que no deberían hacer, no es la solución. Erradicarlas o eliminarlas con violencia o malas palabras tampoco, porque al final es coartar su capacidad de expresar sentimientos y emociones, una forma de enseñarles a reprimirse desde bien pequeños.Y seguro que no es eso lo que queremos como padres, ¿verdad?
  2. No menosprecies sus motivos: a menudo solemos tachar de absurdeces o tonterías los motivos de las rabietas de nuestros hijos. Mara, por ejemplo, se suele enrabietar mucho porque quiere que en un vaso metamos toda la leche de avena de un brick. Es imposible, pero ella aún no comprende esos conceptos de espacio. Por este motivo solemos tener rabietas casi a diario. A nosotros, como adultos, nos puede parecer una tontería, pero para ella es algo tan importante como cualquier motivo de enfado que podamos tener nosotros. Nuestros hijos se enrabietan por cosas que son importantes para ellos, así que no menospreciemos o ridiculicemos esas cosas.
  3. No ignores la rabieta: “Ya te cansarás de llorar”, “cuando dejes de llorar me hablas”… Seguro que habéis escuchado incluso dicho estas frases u otras parecidas alguna vez. Yo el primero. Al final, las has escuchado tanto que te salen solas, como un mantra. Mal. Nuestro hijo tiene una necesidad y la está expresando de la única forma que sabe por el momento. En estos casos siempre me gusta trasladar la situación a una convivencia entre adultos. Imagínate a tu pareja llorando, enfadada por algo que le causa mucha rabia e impotencia. ¿Le dirías que cuando deje de llorar te hable o, por el contrario, intentarías estar a su lado, calmarla y empatizar con ella? Deberíamos aplicar la respuesta (evidente) a esta pregunta a nuestros hijos. Acompañarles. Hasta donde ellos quieran. Pero hacerles saber que estamos ahí, a su lado, para lo que nos necesiten.
  4. Más vale prevenir que curar: Y en esto muchas veces en casa deberíamos aplicarnos el cuento. ¿Sabes que si se hace muy tarde para comer aumentan las probabilidades de que tu hijo tenga una rabieta? A Mara le pasa. El sábado, sin ir más lejos, estuvo media hora llorando a pleno pulmón en una pizzería para asombro de mis padres y de todos nuestros vecinos de mesa. Normalmente comemos a las 13:00-13:30, eran las 15:00 horas del mediodía. Comprensible. Un día vas con prisa y sabes que si pasas por un parque y no te paras tu peque puede enrabietarse. Da un rodeo y evita pasar por el parque. Igual tardas cinco minutos más en llegar al destino, pero habrás evitado una rabieta (que no erradicado). Y seguro que se os ocurren un sinfín de ejemplos más por el estilo.
  5. Nos gusta el drama más que a un tonto un lápiz, pero evita caer en el drama (que es algo que también tenemos que seguir mejorando -y mucho- nosotros): Los “nadie sabe lo que es esto”, “esto no hay quien lo aguante”, “así es imposible”, “si me dicen que esto es así no me lo creo” y sucedáneos no sirven para nada. Bueno, sí que sirven. Para regodearnos en nuestra miseria y sepultarnos un poco más en la montaña de escombros de la negatividad, pero no para afrontar las rabietas. Con menos drama se apaña uno.
  6. Cambiar la perspectiva: Hace unas semanas, un miércoles cualquiera, después de muchas malas noches, Mara se despertó en una especie de rabieta nocturna a las 3 de la madrugada y no se volvió a dormir hasta las siete. Yo me quedé con ella en el sofá viendo dibujos en bucle, lo único que tenía fuerzas para hacer a esas horas intempestivas. Recuerdo que la dejé en la cama dormida y me fui a ducharme y a desayunar. Y listo para trabajar casi de empalme, como en los viejos tiempos. Lo normal, siendo yo como soy con el sueño, es haber estado cabreado todo el día, pero sorprendentemente tuve fuerzas para cambiar el chip e intentar verlo como que había disfrutado unas horas más de mi hija. Esa aparente tontería me hizo sobrellevar más que bien el cansancio. Al final, ¿de qué me hubiese servido estar cabreado? Es sólo un ejemplo de lo necesario que es a veces cambiar el chip. Y la perspectiva. ¿Y si en vez de ver las rabietas como algo negativo lo viésemos como algo positivo para el desarrollo emocional de nuestros hijos?
  7. El humor y la imaginación como distracción y antídoto: Los niños tienen un valor maravilloso y es que, de la misma forma en que se enrabian, olvidan lo sucedido y pasan a otra cosa. Sin rencor. El humor y la imaginación puede ser dos de nuestros grandes aliados para afrontar y prevenir las rabietas, sobre todo cuando sabemos que hay cosas que no les gustan y suelen ser motivos de enfado. También una buena fuente de distracción para, superado el punto álgido, intentar cambiar las lágrimas por sonrisas.
  8. Lo importante es tu hijo, no el qué dirán: uno de los consejos más difíciles de seguir (sólo superado por el siguiente que voy a exponer) porque a menudo, por no decir siempre, nos resulta imposible abstraernos de nuestro entorno, de si nuestros vecinos pensarán que matamos cada día a nuestra hija, de si los comensales de la mesa de al lado nos miran molestos. Con todo el respeto del mundo para ellos, lo importante debería ser nuestro hijo y en él deberíamos centrar toda nuestra atención. Por más que nos cueste (a mí al que más).
  9. Y el más difícil de todos: No te sientas culpable. Somos humanos, erramos, por momentos podemos sentir rabia hacia nuestros hijos, ira, incluso odio. Son sentimientos normales. Como dice Laura Perales, tan válidos como la alegría o el amor incondicional. No nos fustiguemos por ellos.
  10. Bonus Track: Y sobre todo ten en cuenta que después de la tormenta, otros días vendrán. Que también esto pasará. Que al final, tras un día de rabietas o una mala noche siempre sale el sol, chipirón.

Noches reguleras que se curan porteando camino de la escuela. #ergoadapt

Una foto publicada por Un Papá en Prácticas (@acordellatm) el

18 respuestas

  1. Avatar
    Alicia
    Responder
    27 abril 2016 at 10:36 am

    Me ha encantado!!! Con mi primer hijo pasamos una etapa muy intensa de rabietas. Desde los 18 meses aprox. hasta los 4 años. Y todos tus consejos me parecen muy humanos y buenos. Ahora tenemos otro peque de 15 meses que a veces parece que empieza a apuntar maneras. Me ha venido genial leerlo para refrescar algunas cosas y aprender otras. 🙂

    • Un papá en prácticas
      11 mayo 2016 at 4:12 pm

      Lo difícil es llevarlas a la práctica en plena ebullición, pero al final creo que es una cuestión de ir adaptándolas poco a poco, a modo de rutina ante las rabietas. Así sale solo 🙂

  2. Avatar
    27 abril 2016 at 11:14 am

    Muy buenos consejos, intentare tenerlos presentes ahora que nos acercamos a los dos años 🙂

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    Lul
    Responder
    27 abril 2016 at 1:12 pm

    Ay, Adrián, cómo te entiendo y cómo comparto tus pesares.
    Leimos muy pronto a Rosa Jove, la primera rabieta de la Ranita fue con 10 meses. De libro, oye, tirada en el suelo chillando a pleno pulmón e incluso golpeandose la cabeza o la frente contra el suelo. No permitía ni permite que la abracemos durante las rabietas, sólo que la acompañemos desde una distancia prudencial, yo puedo estar más cerca, pero es el metro más lejano que tengo en esos momentos.
    Al aprender a gestionar las rabietas tan pronto ya nos sale automático y no recurrimos a todas esas recetitas que llevan recomendandonos toda la vida. La ventaja es que se han reducido mucho, más de lo esperado, entre las evitaciones y los acompañamientos.
    Nota: gestionar una rabieta en pleno metro es una mierda, por los comentarios del personal, y a mi marido han llegado a decirle que “dos hostias le daba yo y así se callaba”, llego a escuchar la frase en cuestión y a la señora la hubieran tenido que ingresar del soponcio, vamos.
    El caso es que si, todo mejora, o algo.
    Abrazos para mamá jefa, que los necesita. Por experiencia.

    • Un papá en prácticas
      11 mayo 2016 at 4:11 pm

      La verdad es que las rabietas en sitios cerrados son un momento único. Esas miradas, esos comentarios por lo bajini… ¡Que son niños de dos años, señores! ¡Un abrazo!

  4. Avatar
    27 abril 2016 at 2:43 pm

    Lo de no ignorar la rabieta me cuesta mucho, porque yo soy de las que no soportan los llantos, ni de adultos ni de nadie que pretenda obtener algo así (uy, qué durillo ha sonado eso). Vamos, que si el papá de mi bichilla me viene lloriqueando, también seguiría con mis cosas hasta que se calmase. ¡Cada día soy más desalmada! Aunque con mi churumbelita trato de tener mucha (muuuuuucha) paciencia. Y lo cierto es que no es nada llorona, pero tiene algunos días… ¡ayyy!

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    27 abril 2016 at 3:02 pm

    Genial lo de gestionar, me ha gustado mucho leer esta entrada. De hecho, me has pillado escribiendo una sobre el mismo tema ;P Vivimos en un momento en que hay un miedo irracional al sufrimiento, propio o ajeno y así nos va, que al primer contratiempo ya estamos tirando de pastillas para no sentir. Como a lo niños tan pequeños no se les puede medicar (de momento, que para eso siguen investigando), pues nos servimos de estrategias como ignorar y castigar.

  6. Avatar
    28 abril 2016 at 12:19 pm

    Cómo me gustan estos consejos porque, entre otras cosas, huyen de muchos de los tópicos que rodean el mundo de las rabietas y buscan darle la vuelta a la situación.

    Me encanta el cuarto. Es cierto que las rabietas son inevitables y, seguramente, necesarias. Pero eso no significa que haya que ir buscándolas. Los niños encuentran fuentes de frustración en cada cosa que hacen; es parte de su aprendizaje y es normal que les falten soluciones y maneras de dar salida a sus sentimientos de enfado. Hartos berrinches generan ya ellos, así que, si podemos evitar alguna fuente de conflicto de forma tan sencilla como cuentas, ¿por qué no hacerlo?

    En cualquier caso, también es cierto que cuando te ves en medio de la tormenta, se te olvida toda la teoría y no sabes ni dónde meterte, jejeje. Y eso que nosotros apenas acabamos de empezar esta etapa. Paciencia y buen humor 🙂

    • Un papá en prácticas
      11 mayo 2016 at 4:08 pm

      Nosotros hemos aprendido a sortear rabietas. Las que son previsibles. Otras son imposibles de predecir. Y claro, ahí no hay teoría que valga 😉

  7. Avatar
    2 mayo 2016 at 5:11 am

    Pedazo de post chipirón 😉 Me dispongo a compartir porque creo firmemente en todos y cada uno de los puntos que desarrollas.

  8. Avatar
    19 mayo 2016 at 11:48 am

    ¡Bueno, bueno…! Este post es para imprimirlo en un póster y pegarlo en la puerta de la nevera, amigo…

    Suscribo de PEnélope a Palito todo lo que has puesto. Hay que tirar como sea, y la actitud con la que afrontamos estos temas puede ser determinante; la frontera entre la amargura y el ánimo, puede ser muyyyy fina, así que no está de más coser con un buen hilo de actitudes adecuadas, para evitar caer en ese roto abismal en que podemos caer… demasiado fácilmente.

  9. Avatar
    Laura
    Responder
    15 junio 2016 at 4:59 pm

    Aunque he entrado en este blog hoy por primera vez, me tomo la libertad de comentar esta entrada con la que no estoy totalmente en desacuerdo.
    Cada uno es muy libre de afrontar una rabieta como estime, pero si algún padre-madre quiere asesoramiento sobre ese tema, no debería seguir los consejos que das, ya que describes paso a paso todo lo que no hay que hacer para gestionar eficazmente estas situaciones.
    Por muy bien que tú lo lleves, no puede ser un consejo pedagógico poner a un niñ@ con una rabieta de madrugada ante la tele.
    1. Las rabietas no son positivas, no ayudan a tus hij@s ni a su conviviencia con los demás. l@s niñ@s, efectivamente, no saben gestionar sus emociones, por eso sus padres/madres, que tienen más herramientas, deben orientarles y ayudarles a aprender a gestionar esas emociones que les perjudican. Un niñ@ sin rabietas es un niñ@ más feliz. Por eso sí hay que intentar erradicarlas.
    2. Ignorar las rabietas es la mejor forma de que l@s niñ@s aprendan que esa actitud no les va a servir para conseguir lo que quieren, ni para hacerse entender, y desarrollen otras habilidades para comunicarse.
    3. Una cosa es no “hacer rabiar” a l@s niñ@s, o molestarles a propósito, y otra muy distinta es organizar la vida familiar intentando que el niñ@ no se mosquee. L@s niñ@s tienen que aprender que las cosas no siempre van a ser como ell@s quieren, tienen que aprender a adaptarse, a conformarse y a gestionar la frustración. Ése sera un aprendizaje muy últil para su vida adulta.
    4. Tu hij@ es lo más importante para ti, lógicamente, pero no para los demás. Vivimos en sociedad y lo que tú estés dispuesto a aguntar de tu hij@ no tiene por qué coincidir con lo que los demás quieran aguantar. Nadie tiene porqué renunciar a comer tranquilamente proque a vosotros se os haya hecho tarde y vuestra hija esté disgustada. No intentar hacer algo ante esa situación, demuestra muy poca consideración por los demás.
    Si nosotr@s, adult@s, no tenemos claro que vivimos en sociedad, y que eso parte de nuestra naturaleza humana, pero que supone unos límites a nuestra libertad. ¿Cómo se lo vamos a inclucar a nuestr@s hijh@s?

    • Avatar
      Tatiana
      Responder
      16 agosto 2017 at 2:53 pm

      Siempre me ha alucinado la gente perfecta que cría hijos perfectos y que además se permite el lujo de juzgar a los demás. Cada niño es un mundo y cada familia un universo.

      Gracias Adrian por compartir tu experiencia de manera tan generosa y honesta.

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