A cualquier otra parte

Hace un mes sucedió algo extraordinario, por poco usual desde hace algo más de cuatro años, cuando nació Mara. La mamá jefa se fue a un evento de Madresfera en el centro de Madrid y se llevó con ella a Leo y a la pequeña saltamontes. De repente me vi solo en la Gran Vía. Y como nunca sé muy bien qué hacer cuando estoy solo, me fui a la Central de Callao y estuve navegando durante un buen rato por sus libros, comprando regalos pendientes, descubriendo editoriales infantiles cuyos libros aún no han caído en nuestras manos, apuntando nuevos deseos literarios en mi interminable lista de Google Keep. Entonces reparé en que llevaba en la mochila ‘República Luminosa’ (Anagrama), el libro con el que Andrés Barba ha ganado recientemente el Premio Herralde de novela, y me apeteció sobremanera sentarme para empezar su lectura mientras saboreaba un café con leche bien humeante. Y el silencio.

Ni un sitio en la cafetería de La Central. Ni una silla libre en el Rodilla de Callao. Madrid es así. Uno tiene que acostumbrarse a hacer cola por todo. A esperar siempre. Los hay que se han acostumbrado tanto que no tienen problema en hacer tres horas de cola para comprar un décimo en Doña Manolita. O para comer unos churros en San Ginés. A mí, que tengo mucho aprecio por mi tiempo, me resulta totalmente fascinante. Un punto incomprensible. Afortunadamente me asomé a la cafetería de la Fnac y vi una mesa solitaria en un rincón. Bajé las escaleras. Un niño de unos tres años lloraba y gritaba en la entrada, a pleno pulmón, como tantas veces he visto hacer a Mara, mientras sus padres, apurados, como también hemos estado nosotros tantas veces, recogían bártulos como podían; una pareja de mediana edad había convertido el espacio en una prueba de obstáculos con sus bolsas llenas de regalos navideños. Y un señor mayor, El País en mano, leía las noticias del día totalmente ajeno a todo. También a la chica de la barra, llena de vida, hiperactiva en su trabajo, que cantaba y no podía reprimir sus ganas de bailar con la canción que sonaba por el hilo musical. Y la verdad es que lo que sonaba era una delicia.

¿Quiénes son?, le pregunté a la vez que le pedía el café con leche, consciente de mi ignorancia del mundo musical indie desde que fui padre y bastante tuve con seguir la pista a mis grupos y cantantes favoritos. Dorian, me respondió como si fuese inexplicable que no los conociese, que no me supiese la letra de aquella canción que ella tarareaba con la emoción con la que solo se entonan los himnos. Me senté y saboreé el café con leche con calma, mientras leía dos capítulos de ‘República luminosa’ (qué bien escribe Andrés Barba, por cierto) y puntualmente interrumpía mi lectura para prestar más atención a la letra de alguna canción de Dorian, que la chica de la barra recitaba de memoria mientras recogía tazas y servía meriendas, como tantas y tantas veces, imaginé, habría hecho en los conciertos de la banda, rodeada de gente que de tanto escuchar música indie ha empezado a ser también indie, con su ropa indie, sus peinados indie y sus barbas indie.

A cualquier otra parte

Unos días después, mientras trabajaba en casa, recordé la escena y abrí Spotify. Dorian, puse en el buscador, y aparecieron varios discos de la banda. Escogí al azar uno de ellos, ‘Diez años y un día’. La segunda canción, ‘Cualquier otra parte’, era justo la que cantaba la chica de la barra en la cafetería de la Fnac. Se me había quedado la melodía grabada. La escuché varias veces, como me he dado cuenta que acostumbro a escuchar  las letras de las canciones desde que un mes de junio de 2011 mi camino se cruzó con el de Diana, buscando referencias que me hablen de ella, de nuestra historia, de nuestra vida en común. Y en ella encontré un fragmento perfecto para despedir 2017 y dar la bienvenida a 2018:

“Que ya no recuerdo el momento/ en el que te dije por última vez/ que el cielo se está abriendo/ y se abre bajo tus pies/ y quiero que vengas conmigo/ a cualquier otra parte”.

En 2017 he constatado que no siempre (casi nunca, para ser exactos) estoy a la altura de las circunstancias y que como Luis García Montero en su poema ‘Canción Víbora’ tengo que pedir a la gente que quiero, y muy especialmente a la mamá jefa, que tenga paciencia conmigo. En 2017 también, que aunque Leo nació en 2016, para mí ha sido el primer año real como bipadres, hemos comprobado que nuestro piso actual se nos queda pequeño y nos hemos quejado cada semana por no tener ascensor, garaje o trastero; nos hemos planteado muchas cosas por la cúpula permanente de contaminación que cubre Madrid;  y hemos aprendido que la bipaternidad tiene momentos deliciosos, pero que en nuestras circunstancias lo habitual es que prime la locura y el caos. Y que tenemos que aprender a vivir en ese caos tan nuestro, porque lo caótico no está reñido con la belleza y la felicidad. Es más, muchas veces el caos es belleza. Y nuestro caos, el que han colado en nuestras vidas Mara y Leo, si nos paramos y lo miramos con distancia, es belleza. Seguramente lo más bello que hemos hecho nunca.

Cerramos el año con la idea clara de mudarnos en 2018, de buscar un espacio más amplio para nuestro caos y nuestras jornadas de locura. No sé dónde nos llevará está decisión, pero tengo clara una cosa: que quiero que Diana, los peques y nuestro caos vengan conmigo, a cualquier otra parte. Porque en el fondo, como dice otra canción de Dorian, todo lo que quiero y necesito cada día es verlos amanecer.

PD: Gracias por acompañarme un año más. Sirva esta entrada para desearos un feliz 2018, familias.

PD2: La foto que acompaña a este post es de nuestra querida amiga Paula, a la que os aconsejo leer encarecidamente en su blog de literatura infantil Yo Mí Me Con Libro.

8 respuestas

  1. Roser
    Responder
    3 enero 2018 at 7:47 pm

    Feliz año a vosotros también.
    Jopé, parece que llevemos vidas paralelas! No solo Mara nació unos meses después que mi monstruo y sus nombres son simétricos, no solo mi Enano y Leo se llevan también apenas unos meses, sino que estamos aprovechando las largas vacaciones navideñas de los profes para terminar una mudanza que no pienso dejar que se eternice.
    Suerte y al toro!

  2. Raúl - Criandofrikis
    Responder
    4 enero 2018 at 12:01 am

    Estamos muy cerca de que llaméis a la policía y nos acuséis de plagio… Nos pasa exactamente lo mismo, y cuando se estabilice el tema laboral de la jefa, también queremos cambiar de aires. Se los cae la casa, y tampoco tenemos ascensor, garaje, trastero… te entiendo tanto!!
    Un abrazo y feliz año!

  3. Gonzalo G.M.
    Responder
    4 enero 2018 at 10:35 am

    Nosotros ‘solo’ tenemos a N, con dos añitos largos. Con espacio, garaje y trastero. El caos se mantiene. Más cuando la jefa en este caso ha empezado a trabajar, y N empezó la escuela infantil (en este caso sí era algo más que una guardería), de la que yo renegaba y renegaba, pero que reconozco que tiene muchas ventajas… Y llegaron los virus. Varias bronquitis y un ingreso hospitalario nos obligaron a buscar a alguien que cuidase a N en casa, donde yo intento trabajar y a la vez estar pendiente de lo que hacen la cuidadora y N…. Y sigue siendo un caos estresante.

    Mi admiración para vosotros que ‘organizáis’ vuestro caos sin cuidadoras, garajes ni trasteros. ¡Feliz año!

  4. AMG-Mamiblogueando
    Responder
    4 enero 2018 at 7:59 pm

    Qué bonito es siempre leerte, aunque incluyas palabra poco deseables como mudanza, caos, hacer cola, contaminación,… Y qué increíble es haber coincidido por azar sólo una vez porque si en algún momento nos armamos de valor para ir a desayunar al centro,acabamos pasando por El Central, a ver si hay suerte de pillar sitio. Sea como fuere, no puedo sentirme más identificada y eso que nosotros acabamos de estrenarnos en el mundo de la bioaternidad y afortunadamente la mudanza la hicimos con Unax en la barriga, pero a pesar de todo, la “seta” perenne de Madrid nos hace plantearnos infinitas veces una posible migración buscando el mar.

    ¡Ánimo, compañero! Seguro que, a pesar de los pesares, lo haces lo mejor q puedes (en eso también coincidimos;op )!

    Un abrazo fuerte

  5. AMG-Mamiblogueando
    Responder
    4 enero 2018 at 8:01 pm

    Bioaternidad=bioaternidad, aunque dale tiempo al tiempo q con tanto boom bio lo mismo se acaba inventado,¡jajaja!

    Marchando otra de abrazos y feliz año

  6. AMG-Mamiblogueando
    Responder
    4 enero 2018 at 8:03 pm

    Bipaternidad. Está claro que el corrector de mi móvil ya sabe de lo que habla, muy al contrario que mi falta de sueño acumulada ;oP

  7. 5 enero 2018 at 4:35 pm

    Nosotros cambiamos nuestro piso en Sevilla por una casa en el extrarradio, en Espartinas. Los mellizos acumulan ropa, juguetes, libros y recuerdos a un ritmo que no soporta un hogar de 70 y pocos metros cuadrados. Cómo nos dijo una vez mi hermana, “en una casa pequeña no hay sitio para la nostalgia”. Total, lo importante es donde despiertan todos los que quieres.
    Feliz año, compañero. Besos a la familia.

  8. Chus
    Responder
    6 enero 2018 at 12:29 am

    Qué bonitos sois. No os vayáis lejos de nuestro también caos de monopadres, aunque siempre podremos encontrarnos en cualquier otra parte. Un beso, familia, feliz 2018.

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