Antes del amanecer

antes del amanecer

Antes del amanecer Leo se despierta varias veces quejándose, desubicado porque en su movimiento nocturno ha perdido su punto de referencia, el pecho de su madre. Se escucha entonces el sonido del colchón, que acompaña a los movimientos de Diana mientras devuelve a Leo a su lugar de origen. A veces también se oye el llanto de Leo, cuando en su búsqueda del norte encuentra mi áspera barba y no la suave piel de su madre. Y en ocasiones también se escuchan gruñidos, lamentaciones y maldiciones, de la mamá jefa y míos, cuando los despertares se vuelven reiterativos y las noches se hacen demasiado largas. Todos estos sonidos cesan en cuanto se escucha a Leo hacer ventosa sobre el pezón de su madre. Y mamar con fruición. La noche puede continuar… hasta el siguiente despertar.

Antes del amanecer, algunas madrugadas, Mara grita en sueños y continúa con disputas que intuyo habrá tenido con sus amigas durante la jornada escolar. A veces exclama que se ha hecho pis, aunque lleva pañal, y se oye el rasgar de mi mano sobre su sábana, buscando algún rescoldo de humedad. Otras veces pide que le acariciemos en la pierna o en el brazo, para volver a conciliar el sueño. Y nos lo pide indistintamente a Diana o a mí, imagino que porque últimamente hemos cambiado tanto de lado de la cama que la pobre ya nunca sabe quién duerme más cerca de ella. Antes del amanecer, mientras le acaricio o le cojo de la mano, Mara invade nuestra cama con su cabeza y la apoya contra la mía, como una forma de conectar nuestras mentes y sincronizar nuestros sueños… hasta el siguiente despertar.

Antes del amanecer, a las 5:00 horas de la madrugada, suena el despertador. A veces apenas tiene tiempo de ejecutar un breve pitido, pero otras veces suena durante unos interminables segundos porque en nuestro agotamiento y nuestra somnolencia no atinamos a apagarlo y damos palos de ciego sobre la mesita de noche, golpeando con nuestra mano en todos los objetos excepto en el que tenemos que hacerlo. Entonces Leo se despierta, nuevamente desubicado, y busca de nuevo a la brújula de su madre, mientras yo hago contorsionismo para escapar de las sábanas y abandonar la calidez de una cama compartida.

Antes del amanecer se escucha el crujir del parqué a mi paso camino del salón para encender mi ordenador (y del mini despacho, para hacer lo propio con el de Diana). Suena el repiqueteo de las teclas mientras escribo las claves de acceso y dejo los ordenadores arrancando. Y cruje la puerta del baño, donde un segundo después el agua caliente de la ducha acaparará el sonido ambiente, solo interrumpida por nuestra cisterna y la de los vecinos que arrancan el día como nosotros, antes del amanecer.

Antes del amanecer arrastro la silla de mi escritorio y me pongo delante del ordenador. Diana consigue escapar de las sábanas y hace lo propio. A veces se escucha un beso de buenos días, unas conversaciones aún somnolientas. Otras veces, tras las peores noches y los consiguientes peores despertares, no suenan besos, solo teclados frenéticos intentando aprovechar el sueño de los niños, las primeras horas del día en una ciudad dormida, un silencio que ya no volveremos a experimentar hasta un día después. Otra vez, antes del amanecer.

Antes del amanecer a veces se despierta Leo. Y desde las 6:00 de la mañana incorpora a nuestras madrugadas el sonido de su gateo en el trayecto ida y vuelta del salón al despacho. Se sube en nuestras rodillas, aporrea nuestros teclados, sonríe, se divierte y busca nuestra complicidad, ajeno a la angustia de sus padres, a los que ha usurpado unas horas que ellos, antes del amanecer, contaban con robarle al día.

Con el cambio horario, antes del amanecer, empiezo a preparar  el desayuno mientras Diana despierta a Mara, que acostumbra a acompañar sus despertares con gruñidos y algún que otro “todavía es de noche” como argumento para alargar su tiempo en la cama. La escucho desde la cocina, donde se mezclan el aroma del té, el café y el pan tostado con el sonido del hervidor, la cafetera, el microondas, la tostadora y los artilugios que habían llenado el lavavajillas la noche anterior. De repente nuestra casa se llena de sonidos y aromas rutinarios. También las casas de nuestros vecinos, cuyos sonidos se cuelan por el patio interior al que da nuestra cocina. Todo está listo para un nuevo día. Antes del amanecer.

5 respuestas

  1. Diana
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    5 diciembre 2017 at 11:49 am

    Me ha encantado ^^ Que identificada me he sentido con todos esos sonidos totalmente nocturnos… aunque a mi no me suena el despertador a las cinco, a papá si, y a veces es una odisea si el cachorrón abre el ojo.

  2. Roser
    Responder
    5 diciembre 2017 at 12:29 pm

    Pura poesía.
    Nosotros, con la mudanza, hemos ganado unos minutos preciosos, porque ahora vivimos muy cerca del colegio que ahora es el del Monstruo, pero pronto será también el del Pequeño.

    Ahora despertamos a las 7.30 y podemos ir haciendo (llenar el lavaplatos, que por la noche siempre nos da pereza, desayunar leyendo el periódico…). Pero aún recuerdo que nuestros amaneceres se parecían a los vuestros, hace apenas un mes…

  3. Teresa
    Responder
    5 diciembre 2017 at 12:29 pm

    ¡Qué bonito! Nuestras noches hace ya tiempo que son en silencio, pero me ha traido recuerdos de la época de desvelos y de convivir con el sueño.

    Y qué temprano os levantáis, madre mía…
    Aquí hasta las siete no amanecemos (las niñas más tarde, una vez que nosotros ya estamos duchados y arreglados para trabajar, y ya estamos listos para ayudarlas a ellas) Debéis estar agotados de no dormir y además madrugar tantísimo.

    Mucho ánimo, familia.

  4. Ángela
    Responder
    5 diciembre 2017 at 2:32 pm

    Madre del amor hermoso!!! Las cinco de la mañana!!!! Recuerdo mis 5 años de trabajo aeroportuario con horarios del infierno y no comprendo como pude hacerlo alternándolos con la carrera! Juventud divino tesoro!! Jejejeje ahora, con solo una pequeña q ya duerme del tirón (seguro q me gafo q ya sabes q los padres no podemos hablar!!) amanecemos a las 8.

  5. martarivasrius
    Responder
    6 diciembre 2017 at 6:47 am

    Precioso. Y al avez agotador. Ojalá pronto cesen muchas de las cosas que pasan antes del amanecer… Aunque sea por poder descansar. Un besito familia.

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