Carta para el futuro: bienvenida al epílogo de tu vida

epilogo

Querida Maramoto:

Cuenta el escritor italiano Alessandro Baricco (Llegado el momento espero poner en tus manos ‘Seda’, ‘Esta historia’, ‘Sin sangre’, ‘Océano mar’ o ‘Novecento’ y que te enamores de su escritura como lo hice yo) que un día, la también escritora belga Amélie Nothomb, le dijo: “Las únicas cosas importantes nos pasan en los tres primeros años de vida. Todo lo demás es un epílogo”. 

Papá leyó esta confesión cuando tus tres años empezaban a agonizar. Y me dio mucho que pensar, porque el domingo, mientras celebrabas con cuatro dedos en alto tu cuarto cumpleaños, mientras jugabas con tus amigos en El Retiro (feliz, sonriente, querida), mientras soplabas las velas y por un momento te convertías en el centro absoluto de nuestro pequeño universo, se empezaba a escribir también el epílogo de tu vida.

Cerca, pero también muy lejos, empezaron a quedar ya esos tres primeros años. Tres años de puro rock’n’roll, intensos, de felicidad absoluta, pero también de agotamiento, de no poder más, de convivir eternamente con la culpa. Tres años de aprendizajes para todos, de vivir con las emociones al límite, de días que pasan increíblemente despacio mientras las hojas de los meses van volando a una velocidad vertiginosa. Qué paradoja.

A papá, a estas alturas, se le amontonan las imágenes, los recuerdos inconexos, momentos que ya no sé si son tuyos o de Leo (o tal vez de los dos). Y me vienen a la mente todos esos pequeños hitos conseguidos durante estos tres años. El primer “ajo”, los primeros gateos, los primeros pasos, tu primer papá, el primer te quiero, todas tus primeras veces. Hablar, moverse, sentirse querido, andar, correr, ser libre, vivir sin preocupaciones. Tiene razón Amélie. Las cosas más importantes pasan en esos primeros tres años. Por eso, quizás, nos pasamos la vida queriendo volver a ellas.

También me vienen a la mente tus ojos abiertos cuando llegaste al mundo, la primera vez que sentí tu piel junto a la mía, tu lengua de trapo, tu carcajada estruendosa e inabarcable, tus canciones desentonadas, tus abrazos espontáneos, tu bendita inocencia, los cuentos leídos una y mil veces, las siestas en la mochila, las caricias que llaman al sueño, las preguntas que me dejan sin respuesta, tu reacción cuando despertaste y viste por primera vez a Leo, tus besos antes de entrar a clase y la sonrisa que me dedicas desde el corro, cuando giras tu cabeza y tus rizos parecen tener el poder de generar viento. Me vienen esas imágenes y muchas más. Infinitas más. Tres años dan para mucho.

El domingo, cuando llegamos a casa tras disfrutar de una tarde preciosa entre amigos, me dijiste, papá, ya tengo cuatro años. Ahora voy a cumplir cinco. Bueno, aún queda para eso, te contesté yo, como queriendo poner freno a tus ganas de nuevos cumpleaños. Creo que las prisas que tenéis los hijos por crecer son proporcionales a las ganas que tenemos los padres de congelar el tiempo, de poner el pause a la magia que desprendéis a cada momento. Se nota que nosotros también tuvimos un día tres años. Y que quisimos crecer rápido. Hoy sabemos que el tiempo vuela sin necesidad de que nadie lo empuje. Tú también lo comprobarás algún día.

Espero que guardes siempre un bonito recuerdo de estos tres años. Pese a los tropezones, las heridas y las frustraciones que pueblan el camino. Pese al desastre que son a veces tus padres. Esperamos haber estado a la altura de esos años en los que pasan las únicas cosas importantes de la vida. Ahora toca seguir sumando páginas a tu autobiografía.  Nosotros y tu hermano estaremos a tu lado para ayudarte a escribirlas. Bienvenida al epílogo de tu vida.

Te quiere,

Papá.

*La foto que acompaña a este post es de Eva Gascón.

4 respuestas

  1. Tatiana
    Responder
    10 octubre 2017 at 11:10 am

    Qué bonito! Me ha emocionado, has puesto palabras a los sentimientos que creo tenemos todos los padres. Mi peque también cumplió cuatro años en Mayo y es una edad mágica pero me temo también que dura demasiado poco…

  2. marta
    Responder
    10 octubre 2017 at 11:44 am

    Es precioso que puedas plasmar lo que muchos pensamos. Aunque no estoy de acuerdo con la frase. Si fuese así, apenas recordariamos nada de nuestra vida, pero si del epílogo. Y sería desalentador. No obstante, ese agotamiento en los primeros años del que hablas, en mi caso teniendo 4 hijos, dos de ellos de “mal dormir” por ponerlo suavemente, son tan extenuantes que te da la impresión de estarte perdiendo lo mas importante. Pero esas pinceladas de felicidad extrema, las que pasamos los padres con los hijos es algo que muchas personas no sienten.. Son los momentos mágicos que mencionas. Y esos, créeme se repiten mucho mas tiempo que los tres primeros años. Gracias por tu blog. Siempre haces reflexionar y amar más a nuestros hijos.

  3. Clau
    Responder
    10 octubre 2017 at 3:25 pm

    Yo nada más quiero desear muchas felicidades a Mara, que comience entonces el más bello de los epílogos. Y a sus papás decirles que les admiro un montón. Saludos!

  4. Diana
    Responder
    23 octubre 2017 at 11:46 am

    Siempre nos queda el consuelo de que llegarán otro puñado enorme de primeras veces, aunque ya sean más grandes, aunque el tiempo vuelve : )

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