Cachitos

Mañana se cierran unas navidades atípicas, unas fiestas de mucha casa y poca calle para intentar recuperar a los peques de sus resfriados y a nosotros del agotamiento (si es que esto último se puede recuperar); unas semanas de vernos un día sí y otro también con un pie en el hospital, de pedir a los dioses en los que no creemos que Leo no volviese a ser ingresado por bronquiolitis (gracias, dioses, por vuestra ayuda); una Navidad de nochebuenas y nocheviejas en casa, como nueva familia de cuatro; de comernos las uvas en el sofá y en pijama, Diana con Mara dormida en sus brazos y yo con Leo dormido en los míos; de ver ‘El Principito’ (qué belleza de película) en bucle; y de elegir La2 y sus ‘Cachitos’ en vez de los programas navideños enlatados que emiten todas las cadenas, con sus playbacks en diferido y ese público que siempre me ha fascinado por su capacidad para simular que celebra el año nuevo mientras graban la gala nadie sabe cuándo. Quizás un caluroso 25 de agosto.

Ya van tres años en los que son mis padres los que casi se acuestan cuando yo me estoy levantando al son del gallo de Maramoto. Y los que me mandan fotos mientras lo dan todo en su fiestas de Nochevieja. Hace no tanto era al revés. Para cuando lo hacen yo ya estoy dormido. O en su defecto viendo ‘Cachitos’, que se ha convertido en nuestro programa de cabecera para las noches navideñas que acaban antes de lo acostumbrado. ‘Cachitos’ es un viaje al pasado al son de la música, una invitación a la nostalgia a través de las canciones, los grupos y los años en que éstos triunfaron. Uno ve durante la emisión el videoclip de una canción de 1998 y viaja casi de inmediato a sus primeras noches de fiesta, a esos días en que tenía que esperar a una pelea y la mágica frase “seguridad, pista” para colarse en los pubs del pueblo en los que aún no le dejaban entrar por edad. Y escucha una canción de 2002 y se traslada a uno de los mejores años de su vida, a esa época sin obligaciones en la que la semana solo era un trámite que había que cumplir para que llegase el siguiente sábado de amigos, pubs de pueblo  y despreocupaciones. Las canciones del pasado me evocan de forma irremediable lugares que en muchos casos ya no existen y rostros de amigos a los que hoy veo menos de lo que me gustaría.

Uno de ellos, presente en mi vida desde que ambos tenemos cinco años, vino estas navidades a vernos a Madrid. Con los peques en modo constipado permanente apenas pude verlo una tarde. A él, a su mujer y a sus dos mellizos. Acostumbrado a encontrarme con mis amigos por las calles de mi barrio en Silla, se me hace raro hacerlo ahora con la Puerta de Alcalá de fondo. Quién nos lo iba a decir en 1990, cuando apenas éramos unos micos que se pasaban el día pegando patadas al balón y jugando a las canicas, los cromos y las chapas en una calle por la que apenas pasaban coches. Internet sólo era entonces una utopía. Incluso los móviles lo eran. Qué decir la posibilidad de comprar a través de un ordenador. Estas navidades, con los resfriados, Papá Noel y los Reyes Magos han tenido que hacer las compras online. Ellos, como nosotros, han dejado de preguntar en los pasillos de las tiendas de pueblo dónde está la sección de ropa de bebé niño y han pasado a teclear en Google cosas genéricas como “camisa niños“, que ofrece miles de resultados tan precisos como impersonales.

En 1999, por cierto, no puedo dejar de ver a mi amigo Juan cantando como loco aquel mítico “Atrapados en la red” de Tam Tam Go. Y yo dándolo todo a su lado, por supuesto. Por aquel entonces nos pasábamos la vida rezando a los dioses en los que no creíamos para que nuestro modem de 56K no se cayese antes de cargar la página en la que pretendíamos entrar. Y también para que nuestro ordenador no se quedase pillado cuando habíamos confeccionado el mejor equipo de la historia en nuestra partida de PC Fútbol. Nuestras preocupaciones eran otras. Bienvenidas sean las de hoy y estas navidades en pijama y sin glamour alguno. Muy ‘cachitos’.

3 respuestas

  1. Ana Belén
    Responder
    5 enero 2017 at 12:42 pm

    JO¡¡¡¡ cómo me gusta¡¡¡

  2. Roser
    Responder
    5 enero 2017 at 4:12 pm

    Para mí, estas Navidades en pijama son mucho mejores que las de cuando era pequeña. No las añoro. Bueno, quizás añore un poco la magia de los Reyes.

  3. Emma
    Responder
    9 enero 2017 at 3:40 pm

    Ay, qué mala suerte habéis tenido.

    Nosotros, aún siendo padres, tenemos navidades de las de juntarse la familia y liarla gorda. Y como se celebran en casas de los abuelos, pues cuando alguna tiene sueño, a la camita y el resto seguimos 😉 Además, los abuelos nos cuidan un rato a las peques para que salgamos a divertirnos unas horas con los amigos (¡ya no tenemos niños de teta y eso cambia la película!)

    Seguro que el año que viene tenéis a los peques como robles y podéis disfrutar la navidad “más festivamente”, aunque obviamente ya no es como cuando teníamos 20 años para nadie.

    Espero que se terminen de recuperar pronto.

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