Unidades de tiempo

Los padres estamos tan cerca de nuestros hijos, pasamos tantas horas con ellos, que nos resulta sorprendente apreciar su crecimiento constante y silencioso sin necesidad de que la ropa (otra vez corta de mangas y de piernas) o las opiniones de terceros nos pongan en la pista.

¿Ya no voy a tener nunca más cuatro años?

¿Papás, ya nunca más voy a tener cuatro años?, le preguntó un amigo de Mara a sus padres. La respuesta a esa pregunta da vértigo. Ya lo escribía Patxo Unzueta en A mí el pelotón: “La imposibilidad de volver atrás, de rectificar lo ya vivido, constituye la tragedia más definitiva de la condición humana”.

Las infancias son para el verano: déjà vu, despedidas, nostalgia y amores veraniegos

“La nostalgia es ese mal extraño que nos hace dolorosamente felices, una especie de alegría triste por las cosas que no podrán arrebatarnos porque ya las poseímos y, aunque han dejado de existir, siguen ahí, inmutables”, escribe Llucia Ramis. Y yo, tumbado en la cama de una casa de Gijón, sintiendo la respiración tranquila de Diana sobre mi pecho, pienso que no hay estación más propicia para la nostalgia que el verano.

La playa

La playa es un Renault 11 entre el verde intenso de los arrozales, las ventanillas abiertas, el olor a salitre impregnando el aire, ‘As long as you love me’ de los Backstreet Boys sonando por el radiocassete del coche.

Aprender a relativizar

Próximamente nos iremos unos días de vacaciones. Uno de esos viajes que, como escribe Antonio J. Rodríguez en Vidas perfectas, “las clases medias se procuran para ordenar ideas, y también contemplar el drama del día a día desde una óptica un poco menos épica, más cabal”. Que falta nos hace.