De cómo portear nos sigue ayudando día a día

En casa somos unos locos del porteo. Nos encanta portear. Disfrutamos con ello. Y a Mara, ya con dos años y medio a sus espaldas, le sigue chiflando ir en la mochila. Estamos tan encantados de la vida que ni siquiera tenemos carro. En parte gracias a Maramoto, que odió el carro desde su nacimiento y nos hizo vender el que habíamos comprado cuando aún éramos unos casi padres un poco pollo, presas fáciles para las tiendas de puericultura. Caprichito del papá en prácticas, tengo que reconocerlo, que se enamoró de una edición limitada del Quinny Moodd. Lo vendimos por la mitad de lo que nos había costado, apenas cinco meses después de que los abuelos se dejaran la paga extra del verano en él. Para entonces ya habíamos conocido los beneficios del porteo, así que la venta nos dolió un poco menos. Realmente no nos hacía falta. Ojalá, eso sí, lo hubiésemos sabido cinco meses antes…

Desde entonces portear se ha convertido casi en un estilo de vida. Por casa han pasado fulares, bandoleras, una Boba Carrier, una Boba Air y desde hace unos meses una Tula Toddler que nos está ayudando especialmente ahora que la pequeña saltamontes está en esa fase contradictoria en la que, tras haber dominado el arte de andar, correr y saltar, se ha dado cuenta de que eso le da más autonomía y necesita más brazos que nunca. Imagino que para sentir que seguimos estando ahí. Con ellas y gracias a ellas hemos podido hacer mil y una actividades en familia: ir a comprar, salir a pasear, viajar, dormir a Maramoto, visitar museos, limpiar la cosa, cocinar… Y todo ello sintiendo a nuestra bebé cerca. Muy cerca. Resulta difícil explicar las sensaciones que me despierta el porteo, pero os diré que para mí es una experiencia única poder ir besando y acariciando a mi hija mientras camino o realizo cualquier actividad.

Exagerando y dramatizando un poco, que es algo que nos gusta mucho hacer en casa, hace unos meses la mamá jefa y un servidor firmamos un artículo en el blog de la tienda online Pajarito Pinzón explicando cómo el porteo nos había salvado la vida. No sé si es para tanto, pero lo cierto, como comentaba con anterioridad, es que portear nos ha ayudado a hacer muchas cosas que hubiesen sido imposibles con una bebé que siempre ha detestado ir sentada y atada, ya sea en un carrito, una silla del coche o una hamaca.

El último cable que nos ha echado el porteo ha sido con la escuela infantil. Maramoto empezó a ir a mediados de febrero y la verdad es que se adaptó muy rápido y estaba feliz allí. Sin embargo, cada mañana costaba sacarla de casa una barbaridad y la llegada a la escuela acostumbraba a estar bañada en lágrimas. Hasta entonces habíamos ido en coche todos juntos. La escuela está relativamente cerca de casa (15 minutos andando), pero para evitar el frío invernal de primera hora de la mañana la mamá jefa nos llevaba (mi trabajo está al lado de la guarde de Mara), y dejaba a la peque en clase. Un día, hace hoy una semana, decidimos cambiar el método matinal. Me fui andando con Maramoto en la Tula Toddler y por el camino fuimos cantando canciones que me iba inventando, pidiendo a los semáforos que se pusieran en verde para poder cruzar y teniendo nuestras pequeñas conversaciones. La peque llegó feliz como una perdiz al cole. Tanto que la profe vio tan bien a Mara durante todo el día que nos animó a seguir con la nueva rutina.

Desde entonces ha pasado una semana. Ahora Maramoto se levanta feliz por las mañanas y es ella la que en cuanto abre un ojo pide ir al cole. Con papá. Y en la mochila. El porteo nos ha brindado ese cuarto de hora mágico a primera hora de la mañana. Un momento para nosotros dos. La peque se lo pasa pipa de camino mientras corremos para cruzar los semáforos y cantamos canciones. Y lo más importante, entra feliz a clase, sin atisbo de lágrimas. Tanto que es ella la que me pide la mochila para meterse sola en el aula mientras me dedica una media sonrisa de despedida. Yo, por mi parte, llego al trabajo de forma inevitable con una mueca de dicha dibujada en mi cara. Desde hace una semana, gracias a la magia del porteo, los días vuelven a comenzar en casa con una sonrisa.

PD: Tengo cientos de comentarios por responder pendientes, así que os pido disculpas. Están siendo meses intensos y me viene justo publicar un post a la semana. Prometo ponerme al día más pronto que tarde. ¡Gracias por seguir estando ahí!

 

11 respuestas

  1. Avatar
    7 abril 2016 at 8:28 am

    Qué genial que hayáis encontrado una nueva rutina para que Mara vaya feliz al cole! y me alegro que haya sido el porteo, una vez más, el que os haya ayudado 😉

  2. Avatar
    7 abril 2016 at 9:24 am

    ¡Qué forma tan buena de empezar el día! Es una gozada cuando van contentos ahí pegaditos, ¿verdad? Y cómo mola inventarse canciones, jajaja, yo me lo paso pipa.

    Al final es inevitable ir redescubriendo el porteo en cada nueva etapa. Yo todavía me acuerdo de las primeras semanas con el fular elástico; era una sensación mágica sentir cómo esa gusanita tan pequeña se movía pegadita a mi barriga, cómo se asía a mí con sus minúsculas manitas… Nada que ver con las sensaciones de la mochila que tenemos ahora, que también es una gozada, pero de otra forma. Ahora va «repanchingada» con los brazos por fuera, dando saltos con el culete cuando se pone contenta, y retorciéndose cuando se enfada y quiere salir.

    Nosotros alternamos silla y porteo, aunque no a partes iguales. De pequeña, nunca le gustó demasiado el carrito, así que prácticamente no lo utilizábamos. Ahora que tenemos una silla un poco en condiciones, tengo que reconocer que a veces se agradece el descanso para la espalda. Cuando estuvimos en Navidad dos semanas en Burgos, por ejemplo, hacíamos casi todos los días alrededor de 16 kilómetros de paseo para que se echara las siestas en la mochila. Como no teníamos aún la silla nueva, no había forma de que aceptara la vieja que nos habían dejado, y la verdad es que terminamos los dos, mamá y yo, con la espalda resentida. Es cierto que nuestra peque pesa bastante para su edad, pero yo acabé teniendo que ir al fisio porque pensaba que me había hecho una fisura o algo así XD

    ¡Pero no cambio el porteo por nada del mundo!

  3. Avatar
    7 abril 2016 at 10:01 am

    El papá de mi bichilla se animó a portear justo cuando estrenamos la Tula Toddler ¡después de haber pasado por otros 2 portabebés que no le gustaron! Ahora, es e´l quien portea más que yo. Porque mi churumbelita quiere ir delante, con la teta a mano, y esos 15 kilos de cuerpo ya se me resiste para esa postura. Sin embargo, cuando la llevo a la espalda ni me entero. Precisamente, la semana pasada fuimos a hacer la preinscripción para el cole con la mochila, porque caía una de agua…

  4. Avatar
    7 abril 2016 at 11:21 am

    Hola. los niños van felices porque ven el mundo desde nuestra perspectiva. Es, como bien dices, un estilo de vida. Seguimos en contacto

  5. Avatar
    7 abril 2016 at 1:18 pm

    Nosotros no porteamos con nuestra hija mayor desde el principio y cuando ya tenía un año quisimos portearla y nos nos dejó. Así que el peque ha sido porteado desde el primer día, una Marsupi y la Tula nos han salvado la vida, y siguen haciéndolo. También tenemos un fular y una Tonga. Gracias al porteo hemos podido hacer muchas más cosas, atender a la hermana mayor, dormir, descansar ….. de todo.

  6. Avatar
    7 abril 2016 at 3:03 pm

    ¡Me alegro muchísimo de lo que cuentas, Adrián! Justo hoy me decía mi marido que desde que lleva al peque andando al cole, y no en el coche, va mucho más contento y no le cuesta tanto separarse. Supongo que ese momento de juego previo les viene muy bien y les da aire para empezar la jornada.
    Me alegro mucho de que Mara vaya así de bien a la escuela. ¡Besos!

  7. Avatar
    7 abril 2016 at 3:12 pm

    A nosotros también nos ha salvado la vida y ahora con dos ni te imaginas cuanto 😉
    No hace falta que respondas a los comentarios, a mi por lo menos, emplea ese tiempo en jugar con Mara 😉
    Un besazo enorme, familia
    (La mamá de Álvaro)

  8. Avatar
    Marta
    Responder
    7 abril 2016 at 3:20 pm

    Que magia tan sencilla verdad se puede hacer a veces!! Me alegro por vosotros!!
    Aqui también seguimos porteando y como vosotros prácticamente el carrito se ha quedado en el olvido desde un principio..el fular primero y la mochila después me han permitido hacer dos viajes yo solita con mi hijo con tanto de barcos aviones y trenes!!( estamos muy bien comunicados ejej!!)..y como con sus dos añitos toma mucha teta todavía, la mochila es la solución perfecta para pasear y comprar y limpiar mientras Marco esta bien enganchadito!!
    Un abrazo

  9. Avatar
    7 abril 2016 at 10:19 pm

    Con la mayor no porteamos porque cuando quisimos hacerlo ella no quería aparte q compramos una mochila complicadisima!! Con la segunda hemos empezado a la q ya jeje tenemos una boba y para mí con dos es imprescindible sino sería imposible apañarse

  10. Avatar
    19 mayo 2016 at 12:09 pm

    Tengo que pillarme una toddler como sea. Mi Churri no sabe si la inversión merecerá la pena, porque porteamos poco, y la Ergobaby todavía nos da un buen servicio, pero pienso que sí que debería intentarlo. Además, de un tiempo a esta parte es ella quien portea siempre, y yo es algo que echo de menos…

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