De cómo dos nuevas rutinas han cambiado (para bien) nuestras caóticas mañanas

patinete

Empezaba yo el curso con la mosca detrás de la oreja, barruntándome ya lo que se avecinaba en esas mañana caóticas (muchas veces catastróficas) previas a la llegada al cole. De aquellas que tuvimos todas las semanas el curso pasado bañadas por las prisas, una niña enrabietada y cansada y las carreras por llegar al coche como paso previo a comernos la cola de cada día (en el mismo punto de cada día), el agobio por no encontrar sitio para parar en los alrededores del colegio y la carrera final por llegar a clase antes de que la puerta estuviese cerrada y nos tocase esperar media hora en el pasillo, hasta que el corro de inicio del día hubiese terminado.

Eso es lo que yo preveía para mis mañanas el 8 de septiembre, día de inicio del curso escolar. Luego, como siempre, sucede que la realidad se niega a ser como uno la prevé. Tozuda como ella misma. Siempre dispuesta a llevar la contraria. En este caso, para bien. Ocurrió que un día más tarde era mi cumpleaños. Y para mis 33, mis padres decidieron regalarme un artilugio al que yo llevaba tiempo haciéndole ojitos. A falta de espacio para una bici en casa, envuelto en papel de regalo me llegó un patinete urbano de Decathlon junto a un soporte para llevar a niños.

Y de repente, la monotonía de cada mañana, el subir a Mara a un coche que sigue detestando, desapareció para dar paso a una aventura diaria subidos al patinete, a una nueva experiencia que compartimos juntos. Una aventura en la que cada día, en función de cómo nos pillen los semáforos, vamos cambiando de recorrido mientras ella pita a las personas que se cruzan por la acera en nuestro camino. En 10 minutos estamos en el cole. Menos de lo que nos costaba antes con el coche. Y, sobre todo, la pequeña saltamontes espera con ansia cada mañana el momento de ponerse el casco y subirse en el patinete para dejarnos caer a toda velocidad, sintiendo en nuestras caras el aire fresco de la mañana, por la pendiente que nos lleva hasta su colegio.

Por mi parte, además, el patinete me ha permitido dejar aparcado el coche y, de esta forma, contribuir con mi granito de arena a una ciudad más sostenible. El año pasado, sabiendo lo que sé, me carcomía el ir con coche, tener constancia de lo mucho que contaminamos en las colas que se montan y a consecuencia de las que montamos los padres en los alrededores de los centros escolares al aparcar en doble fila. Hoy además de librarme de esas colas, Mara y yo llegamos al cole sin humos.

La siesta

La segunda rutina que ha cambiado nuestras mañanas para bien, yo diría que incluso más importante que la del patinete, ha sido la siesta. Mara ya no duerme este curso siesta en el cole y eso ha sido una bendición para todos. En primer lugar para ella, porque ahora como tarde a las 21:30 está dormida y al día siguiente se levanta descansada, sonriendo, muchas veces incluso antes de que tengamos que despertarla nosotros, y siempre desayuna, cosa que no sucedía todos los días el curso pasado, cuando nos veíamos incapaces de escapar de la rueda en la que estábamos metidos: la pequeña saltamontes dormía siesta, cargaba la batería al 100%, luego no había manera de dormirla antes de las 23:00-23:30 y al día siguiente, lógico, levantarla era una batalla diaria.

Los segundos beneficiados de la ausencia de siesta hemos sido nosotros, que cada mañana nos levantamos a las 05:00 para aprovechar las primeras horas del día, antes de que Leo y Mara se pongan en marcha. Ahora nos acostamos pronto, con lo cual estamos más descansados. Y, además, cuando no nos quedamos dormidos mientras ayudamos a conciliar el sueño a los peques, tenemos una horita para nosotros, para tumbarnos en el sofá, ver una serie, leer y desconectar de la locura de los días. Que oigan, se agradece y mucho.

 

3 respuestas

  1. Teresa
    Responder
    3 octubre 2017 at 8:39 am

    Claro que sí, es que las dos cosas que comentas son fundamentales.

    Nosotros tenemos patinetes los cuatro. Empezaron las niñas, como veíamos que no podíamos seguirles el ritmo ellas con patinete y nosotros sin, empezamos comprando uno para los dos, y al final tenemos uno para cada uno. Es genial desplazarse así, más rápido y a ellas les encanta. Yo ahora estoy embarazada y he tenido que dejarlo aparcado, pero lo echo mucho de menos. Al cole no podemos llevarlas en patinete habitualmente porque las lleva su papa y de ahí se va a trabajar, con lo que tiene que ir en coche. Y en mi caso lo mismo a la recogida, las recojo a la vuelta del trabajo, al que tengo que ir en coche. Pero los viernes para la recogida siempre es bici o patinete, y cualquier otro día que podemos también.

    Y lo de los horarios…es que es fundamental. Siempre hemos sido estrictos con la hora de acostarlas, desde bebés. A las 8.30 o las 9 están en la cama, y solo hemos empezado a flexibilizar algo los findes ahora que son más mayores, de bebés nada, porque cuando cogen ese ritmo, a esa hora es que están cansados y se quieren ir a dormir. Y es que es la clave ganadora para todos: ellos descansan lo suficiente, se levantan y pasan el día descansados y de buen humor, y nosotros tenemos nuestro rato diario de adultos y pareja, que qué necesario es…eso a veces es a costa de la siesta, claro, la nuestra pequeña de tres años ya solo la duerme ocasionalmente, y eso para los sábados que pasas en casa es un rollo, porque bien a gusto nos echaríamos la siesta nosotros…jajaja. Pero compensa mil veces el que se duerman pronto y duerman sus 11 horas por la noche.

  2. Nueve meses y un día después
    Responder
    3 octubre 2017 at 8:04 pm

    A mí el patinete también me está haciendo ojitos. Jejeej. Qué divertidas vuestras idas al cole.

  3. Bego
    Responder
    3 octubre 2017 at 11:19 pm

    ¡Cómo mola lo del patinete!

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