El gen de la indecisión

maraDicen, porque a mí estos temas me quedan algo lejanos (qué le voy a hacer si siempre he sido de letras), que todos tenemos dos copias de cada uno de los genes, uno que heredamos de la madre y otro del padre. Quiero intuir que Maramoto también está incluida en ese “todos”. Dicen también que a la combinación de genes que hemos heredado se le denomina genotipo, mientras que el fenotipo se refiere al conjunto de caracteres visibles (tanto físicos como conductuales) que un individuo presenta como consecuencia de la interacción entre su genotipo y el medio. Digamos, aunque creo que esto no es del todo correcto, que el fenotipo se podría considerar como la manifestación visible del genotipo. Y hasta aquí la clase de ciencia de hoy.

Todo este rollo que os he contado en el párrafo anterior es únicamente por un motivo: Últimamente me he dado cuenta de que Maramoto ha heredado una característica muy propia (qué expresión más de pueblo) de sus padres. Y no, no me refiero al parecido que mucha gente le encuentra con su papá en prácticas (pobrecilla mi niña), ni al carácter o a esa imposibilidad de estarse quieta que ha heredado de la mamá jefa. No. Me refiero a algo más profundo: Mara ha heredado nuestro gen de la indecisión. Os agradecería guardar en este preciso momento un respetuoso minuto de silencio por la desgracia de mi hija. Qué cabrona puede llegar a ser la genética.

Porque sí, tener el gen de la indecisión es algo muy jodido. Una macabra confabulación de la genética que te hará replantearte las cosas una y mil veces, que te obligará a dar vueltas sobre el mismo tema hasta el infinito, que alargará tu toma de decisiones de forma indefinida. No hay tarea más complicada para un indeciso que tomar una decisión. Os lo digo por experiencia y porque la mamá jefa también es del clan de los indecisos, así que sé de lo que hablo.

El domingo pasado, sin ir más lejos, Diana estuvo más de una hora en la FNAC (mientras Maramoto desmontaba las estanterías) pensando que guía de Lisboa comprábamos para nuestras vacaciones. La noche de antes habíamos estado dos horas decidiéndonos entre Lisboa y Donostia y, una vez elegido el destino (Donostia, por desgracia, se nos iba de presupuesto), otras tres más para decidir qué apartamento nos quedábamos para nuestra estancia en Portugal. La decisión final, a la que habían llegado dos apartamentos, fue épica.

Y como con eso, con todo lo demás. Parece que en cada decisión nos va la vida. Qué agotamiento, oigan. Por eso tenía la esperanza de que Maramoto no heredase ese gen. Pero al parecer, la pobre no tenía escapatoria. Me he dado cuenta cuando le vamos a comprar un globo. Pasa de uno a otro y no se decide por ninguno. Si fuese por ella, por tal de no decidir, se llevaba la tienda entera.

Aunque sin lugar a dudas, lo que más me ha sorprendido es la manifestación de ese gen de la indecisión en una situación muy concreta. Ocurre cuando bajamos a la calle. Al salir del portal, en nuestro rellano hay dos alternativas: Rampa o escalera. Mara se va por la rampa y, a mitad de camino, vuelve sobre sus pasos. Se lo ha pensado mejor, prefiere escaleras. Pero al llegar a los escalones decide que no, que mejor sale a la calle por la rampa. Y así reiteradamente hasta que por fin elige de forma definitiva una opción. Creo que la cosa va empeorando de generación en generación…

19 respuestas

  1. 25 junio 2015 at 11:16 am

    ¡Sois como el papá de mi bichilla! Menos mal que la niña parece que ha salido a mí y es una cabezona de cuidado y de decisiones rápidas (aunque polémicas). Porque con otra como mi marido en casa yo no podría vivir tranquila. Sobre todo para este tipo de cosas, que tampoco es que sean asuntos de vida o muerte. ¡Felices vacaciones por tierras portuguesas! Nosotros iremos a conocer a sus vecinos gallegos.

    • Un papá en prácticas
      25 junio 2015 at 4:31 pm

      jajajaja Me ha encantado lo de decisiones rápidas (aunque polémicas) 😀

    • 26 junio 2015 at 8:01 am

      Oye! Acabo de leer que os venís a Galicia! Pues nada, igual nos podemos volver a ver y esta vez más de tres segundos XD

  2. 25 junio 2015 at 12:33 pm

    Ese gen lo debe de tener J. Miradlo por el lado bueno, os habéis juntado dos indecisos y os entendéis y apoyáis en vuestras tribulaciones. Sin embargo, ver a J pasar varios días (meses) para escoger un cadena de música es desesperante. Y a él le pasa al revés: cuando me compré un coche: fui a un concesionario y esa misma tarde ya salí con uno: sin comparar ni nada XD

    • Un papá en prácticas
      25 junio 2015 at 4:32 pm

      Como tiene que ser. Sin pensarlo y a lo loco. Que uno se vuelve majara al final de tanto dar vueltas a las cosas 😉

  3. 25 junio 2015 at 1:03 pm

    jajaja La abuelaboom es igual y yo he salido justo al contrario!! Me libré! espero que Maramoto aún pueda escapar y la genética se equivoque esta vez!

  4. 25 junio 2015 at 2:08 pm

    Jajajaja, la genética es caprichosa!! Un besito.

  5. 25 junio 2015 at 4:31 pm

    jeje, yo tengo ese gen también!!! y lo divertido que es pensar y repensar y asumir que elegiste lo mejor…o ¿pensémoslo de nuevo? jeje…una de mis hijas también lo tiene…es más duro cuando lo ves en otros creo yo!
    feliz jueves!

    • Un papá en prácticas
      25 junio 2015 at 4:39 pm

      ¿Y cuando después de dos horas decidiendo, optas por una opción, y al rato sientes que te has equivocado? Eso es muy duro, ¿eh? 😀

  6. 25 junio 2015 at 7:42 pm

    Jajajaja! Bueno, vosotros intentad que aprenda algo importante: adopte la decisión que adopte, será buena. Y si al final saliera mal, ahí estarán papá y mamá para estar a su lado. Bueno, lo importante: que os lo paséis genial en Lisboa! ^_^

  7. Belén
    Responder
    25 junio 2015 at 11:10 pm

    Uffff, yo también tengo ese gen y no veas lo que se padece. Mi fiera no lo ha heredado o, hasta ahora, yo no lo he percibido. Ella te endiña una galleta y no se lo piensa mucho o va con sus deditos al enchufe y tampoco duda en demasía o va directa al canto de la puerta porque quiere tocar la bisagra en un momento en que el aire puede cerrar la puerta y, oyes, que no se le da “na de na”. Quisiera que se pensara esas cosas un poco y que le aflorara una “miaja” ese gen tan propio mío y de mi esposo, pero me temo que esa impulsividad la debe haber heredado del butanero. Besitos.

    • Belén
      Responder
      25 junio 2015 at 11:23 pm

      Ahhh! feliz verano y … madre del amor hermoso!!! después de la experiencia vacacional del año pasado os atrevéis a salir de casa. Sois unos valientes. Para nosotros este año las salidas van a estar complicadas. La peque se da cuenta de todo y extraña bastante. En las noches de calor he intentado bajarmela al sótano y…una noche y no más ya que la única q durmió en casa fue Rita la cantaora. Ánimo campeones.

      • Un papá en prácticas
        29 junio 2015 at 11:52 am

        Somos unos valientes. Vamos pensando que será difícil, así que es menos difícil de lo esperado, ya lo consideraremos un éxito 😀 Rendirse no entra en nuestro vocabulario 😉 ¡Ya os contaremos! ¡Un besote!

    • Un papá en prácticas
      29 junio 2015 at 11:51 am

      jajajajaja Me ha encantado lo del butanero! 😀

  8. 28 junio 2015 at 1:38 pm

    Jaja, el mío hace lo mismo y creo que lo ve como un juego. ¿Por qué elegir uno u otro si puede hacernos pensar que está en duda y usar ambos? O igual soy demasiado retorcida…
    Vais a Lisboa, ¡qué gran viaje! Os va a encantar. No os dejéis de probar los pasteis de belem, los mejores del mundo. Una pena que no os acerquéis hasta Donosti, pero ya vendréis en otro momento. ¡Viva esa indecisión!

    • Un papá en prácticas
      29 junio 2015 at 11:57 am

      También estuvimos valorando acercarnos por Pamplona y alrededores, que lo sepas. Es un destino pendiente. Para conocer la zona…y conocerte en persona 😀

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