Frases de manual (#17): “Por pegarle un cachete tampoco pasa nada”

Lo que más me gusta de las frases del gran manual de la crianza es ver cómo evolucionan al mismo ritmo que lo hace nuestra pequeña saltamontes. Las frases que nos decían hace un año van cayendo poco a poco por su propio peso y en su lugar aparecen otras que se ajustan más al momento vital que atravesamos en casa. Sumergidos de lleno como estamos en la fase de reafirmación del “yo” y de las rabietas que le acompañan, no es de extrañar que a nuestro alrededor empiecen a aflorar comentarios que justifican la violencia (aunque sea en pequeñas dosis) como método infalible para templar los ánimos de Maramoto o de cualquier otro bebé que se tercie.

El otro día, sin ir más lejos, mientras jugábamos con Mara en el parque, pudimos ver un caso que me servirá de ejemplo. Un niño más pequeño que Mara estaba subido en el columpio y no quería irse a casa por más que le insistía su padre. Lo normal, vaya. La mamá del peque, que observaba desde fuera del perímetro del parque, se empezó a poner nerviosa ante la negativa de su hijo. Cada vez más. Al final, a voz en grito, no dudó en recomendar al padre: “Pégale en el culo, a ver si así hace caso”.

No es un caso aislado, desde luego. La violencia como método de control sobre los bebés y los niños está ampliamente instaurada en nuestra sociedad. Incluso vista como normal siempre que no se caiga en el exceso. Ahí tenéis las frases tipo: “Por pegarle un cachete tampoco pasa nada” o “Más vale un cachete a tiempo…”.

Escuchando esas frases y viendo casos como el que os comentaba con anterioridad llegó a la conclusión de que nuestra Maramoto ha tenido mucha suerte.

Siendo como es ella, teniendo el carácter que tiene y con su tendencia a las rabietas, estoy seguro de que en otra casa ya habría recibido más de un cachete. Y de dos. De esos que se dan a tiempo. Por prevenir. Para marcar los límites.

Un hogar libre de cachetes

No creo en la violencia como solución a los problemas. No he creído nunca y no lo voy a hacer a estas alturas de la vida. Y mucho menos cuando esa violencia se vuelca sobre seres indefensos. La mamá jefa piensa como yo, así que, como todo en esta experiencia que es la pa(ma)ternidad, ir de la mano ayuda. Mucho. Ya desgasta bastante tener que luchar y hacer pedagogía en tu entorno familiar para que encima también tuviésemos que estar luchando en casa. Sería agotador, la verdad.

Nuestra casa es un hogar libre de cachetes. Eso lo teníamos claro desde el minuto cero. Motivos para ello se me ocurren unos cuantos. Os expongo cinco a continuación:

  1. Porque un cachete a tiempo es el primero de otros muchos cachetes a tiempo. El primer paso para instaurar la violencia como método de resolución de problemas.
  2. Porque un bebé/niño al que pegas puede obedecerte en el momento porque le has hecho daño y se ha sentido humillado y maltratado, pero a largo plazo esa violencia le puede dejar huella. Ahora es cuando mi interlocutor me diría: “Pues siempre se ha hecho así y no ha pasado nada”. O mejor aún, “A mí me pegaron ostias como panes cuando era pequeño y aquí me tienes”. Bien por ti. Pero déjame que te pregunte una cosa: ¿Pegas a tu hijo? ¿Sí? Pues parece que los golpes de tus padres si han dejado huella, amigo. La violencia ha generado violencia en ti. Y tú las vas a perpetuar en tu hijo. Te dejo cinco minutos para que lo mastiques.
  3. Porque cuando pegas a un bebé/niño, éste no aprende absolutamente nada. Lo único que le enseñas es que no haga algo para que no le pegues. ¿Qué valores le estás transmitiendo? Explícale porqué no puede hacer algo. Háblalo con él. Pero no le pegues. Lo único que conseguirás es que intente hacerlo a escondidas. No es que no se pueda hacer, es que no me puede ver mi padre/madre.
  4. Porque pegando a un bebé/niño no estás instaurando ninguna suerte de respeto jerárquico, sólo estás consiguiendo que te coja miedo. Y piénsalo, ¿quieres que tu hijo te coja miedo? ¿Que deje de hacer nada por temor a las represalias? Si quieres ganarte el respeto de tus hijos, primero respétate a ti y respétalos a ellos.
  5. Porque eres el adulto y tienes que dar ejemplo. Tu hijo aún no ha aprendido a controlar sus emociones. Demuestra que tú sí que sabes hacerlo. Dialoga, empatiza con él. Sé que a veces es difícil y que cuesta templar los nervios, pero mira a los ojos a tu hijo. ¿De verdad una personita así merece un cachete? ¿De verdad no encuentras otra solución al conflicto?

Y vosotros, ¿habéis tenido que escuchar ya esta frase de manual o algunas de sus variaciones?

45 respuestas

  1. 10 septiembre 2015 at 8:28 am

    Hola,
    la frase la oimos a menudo, pero también hemos optado por la paciéncia como método alternativo a la violencia.
    Extremadamente recomendable leer (o ver en YouTube) a Carlos Gonzalez, por ejemplo en: http://www.youtube.com/watch?v=VgLHJKtxcnQ

    Un método que muestra es el de cambiar la palabra “niño” por “mujer”, y el resultado es rechazo total a la frase. Resultado garantizado!!

    • Un papá en prácticas
      10 septiembre 2015 at 4:08 pm

      Es que es así. Si le pegas a una mujer (o a un hombre), está mal visto. ¿Por qué no pasa igual con los niños? Sé que vamos a cambiar esto con el tiempo. ¡Ya verás!

  2. 10 septiembre 2015 at 8:41 am

    Me ha encantado. La de veces que habremos escuchado nosotros esta frase en el último año… Lo mejor es pasar e intentar no entrar al trapo. A quien te da este tipo de consejos no lo vas a convencer. Por cierto, la frasecita tiene una segunda parte o una tercera, por si te sirven para alguna otra frase de manual.
    – mejor que llore el ahora que tu dentro de unos años.
    – tu no le des un cachete ahora que después cuando tenga 15 ya no podrás encauzarlo.
    Me llevan los demonios…
    Un besazo

    • Un papá en prácticas
      10 septiembre 2015 at 4:09 pm

      Aún no hemos llegado a esas variantes, pero todo se andará… Muchas veces le digo eso mismo a Diana. A quien te dice eso, no lo vas a convencer de lo contrario. Eso es así. ¡Un besote!

  3. Mamá metalera
    Responder
    10 septiembre 2015 at 9:24 am

    Nosotros también hemos escuchado estas frases pero por suerte para nuestra pequeña no somos partidarios de hacer uso de ellas. Lo que me fastidia es que se asocia el uso de la “mini violencia”, como yo la llamo, al respeto y a la disciplina y creo que no es muy acertado porque yo veo que lo que se consigue es crear miedo, incertidumbre y en muchos casos hasta se daña la autoestima del niño.

    • Un papá en prácticas
      10 septiembre 2015 at 4:10 pm

      Eso es, compañera. El efecto es todo el contrario a lo que se quiere conseguir, pero la gente parece que no quiere darse cuenta…

  4. 10 septiembre 2015 at 10:08 am

    Buf, nosotros de momento esta no la hemos escuchado y menos mal, porque yo tengo mucha paciencia y hasta sentido del humor para aguantar según qué cosas pero con esta no puedo y sé que si alguien me la dice, le salto.
    Lo que sí tenemos alrededor es “déjale llorar a ver si aprende o “pues a Menganito cuando llora lo meten en el carro y lo dejan ahí hasta que se le pasa”. Buf, ahí te las dejo que no sé si has hablado ya de ellas pero se merecen un post aparte

    • Un papá en prácticas
      10 septiembre 2015 at 4:11 pm

      jajajaja Hice un post con la frase “Déjala que llore, que así se le ensanchan los pulmones”, que es prima hermana de esas que me has comentado 😀

  5. 10 septiembre 2015 at 10:32 am

    Como siempre completamente de acuerdo contigo.
    Sólo te ha faltado hablar del método “dale una buena hostia” para q se le pase el berrinche o para cuando entra en modo niña del exorcista (aqui puedes pensar en visitas del pediatra o sentarla en la silla del coche contra su voluntad…
    A mi sólo me dieron un cachete de pequeña, y a día de hoy sigo recordándolo como un momento que me sentí muy humillada, para nada deseo que ese sea un recuerdo de la infancia de mi hija.

    • Un papá en prácticas
      10 septiembre 2015 at 4:12 pm

      Estás en el mismo grupo que yo, Mónica. A mí me padre solo me dio una bofetada en la vida. Y no se me olvida. Para que luego digan que no marcan esas cosas…

  6. 10 septiembre 2015 at 10:44 am

    Lo del cachete es algo que me supera. Aunque tengo que decir que el cachete sí cumple una función muy concreta: que el adulto se desahogue. No tiene ningún sentido pedagógico, quien quiera creerse esto allá él… Su única función real es ésta: soltar la rabia con el cachete. Pero claro, hay que pensar un poco a costa de qué se produce este desahogo: yo invito a los cacheteros a que, antes de soltar un “pues a mí me daban y he salido bien”, traten de recordar cómo se sentían ellos cuando de niños se les daba una torta. Yo recuerdo con bastante nitidez sentir tristeza, miedo y humillación. Y como tú dices, si en alguna ocasión el cachete me hacía replantearme mi actitud era por puro miedo. Yo no quiero que mi hijo aprenda eso, la verdad. Me gustaría tratar de conseguir enseñar a mi hijo respeto, sentido de la responsabilidad y sentido del peligro, y que fuera eso lo que le moviera a actuar. No el miedo o obedecer a una jerarquía de mando impuesta en el hogar.
    En fin y para la manida frase “yo tal y he salido muy bien” yo siempre que me lo dicen pienso “pues no sé, puede, pero no tenemos a un tú sin esa experiencia vital para compararos. ¿Tan perfecto eres? ¿No eres inseguro, no eres tímido, no eres introvertido, no eres miedoso, no eres sumiso, no eres…? Pues igual si tal no hubiera pasado, no serías alguna de esas cosas”.
    Besotes!

    • Un papá en prácticas
      10 septiembre 2015 at 4:14 pm

      Mi padre es muy de ese argumento. Lo utiliza con todo. Pues menganito ha fumado toda la vida y ahí está. Pues a no sé quien le hicieron no se qué, y tan contento. En esos casos siempre le digo que piense cuanta gente muere de cáncer por fumar, por ejemplo. Evidentemente siempre hay excepciones. Para todo. ¡Un besote!

  7. Antonio
    Responder
    10 septiembre 2015 at 12:36 pm

    Fantástico post, Adrián.

    Últimamente estas que te sales!!

    Yo añadiría una razón más: un niño es una persona. Si se puede justificar llegar a un niño, también se justificaría pegar, por ejemplo, a una mujer… Así nos va.

    • Un papá en prácticas
      10 septiembre 2015 at 4:15 pm

      ¡Gracias, Antonio! He venido inspirado del verano. Poco a poco se me irán secando las neuronas 😀

  8. Raquel, eldiariodetumami
    Responder
    10 septiembre 2015 at 2:19 pm

    Aiiii compañero esta frase la tengo en mi entorno por doquier!! Que pesadilla!! He tenido muchísimos conflictos con el resto por defender algo así, y yo que me expreso algo mal en situaciones tensas pues he acabado muy muy mal, en fin tendremos que seguir nadando a contra corriente!

    • Un papá en prácticas
      10 septiembre 2015 at 4:15 pm

      Somos muchos nadando a contracorriente, Raquel, así que ánimo que unos nos apoyamos a otros! ¡Un beso!

  9. 10 septiembre 2015 at 2:51 pm

    cachetes, gritos, castigos mirando a la pared…a mi alrededor he escuchado muchas frases relacionadas o justificaciones. Mi casa puedo decir que esta libre de cachetes y de castigos. Y ahora ya hasta de gritos 🙂 Y creo que nos entendemos todos mejor. Aunque haya rabietas de vez en cuando, aunque a veces haya rabietas por partida doble y nos volvamos todos un poco locos. Pero “hablando se entiende la gente” creo yo

  10. 10 septiembre 2015 at 4:55 pm

    Uf, es el temazo. Pegar o dar un bofetón sólo alivia a quien lo da, y ni eso. ¿Acaso no hay otras maneras de solucionar las cosas que dando un tortazo a cambio? Si los padres no somos los primeros en aguantar nuestros instintos salvajes, ¿cómo vamos a educar y a enseñar a que ellos si lo hagan? Una educación emocional es básica.
    Me entristece muchísimo ver esas cosas en el parque, la verdad. Padres que dan cachetes a sus hijos y los hacen llorar. Lo peor es que en ellos ya se ha convertido en algo habitual, así que, como tú dices, un cachete a tiempo siempre es el primero de otros muchos.

    • Un papá en prácticas
      14 septiembre 2015 at 4:53 pm

      Es que eso: No existe el cachete para prevenir. El primero sólo es el inicio de mucho. Y es triste, la verdad 🙁

  11. 10 septiembre 2015 at 6:25 pm

    Mi marido era partidario de la frasecita (y discutimos mucho por ella)… hasta que nació el Monstruo y se dio cuenta de que no le servía. Poco a poco vio también que conseguía más yo con paciencia y diálogo (además de ahorrarme la úlcera) que él con gritos. Estoy contenta: he educado en poco tiempo a un padre y a un hijo ^_^ Me siento una crac!

  12. 10 septiembre 2015 at 6:38 pm

    Yo siempre pensé que sería muy partidaria de esta forma de criar (he tenido la mano muy larga toda la vida), pero fue parir y cambiar de idea. Y cuanto más crece mi bichilla, más convencida estoy de que este no es el camino. Sé que aún es pequeña y que hay cosas que no entiende. Mira hasta qué punto es ajena a la violencia que si un niño la empuja en el parque o le da un tortazo, ella se ríe, porque cree que es un juego. Lo último que se le ocurre es pensar que le quieren hacer daño con esas cosas. Hay días en los que estoy muy cansada, y me frustro, y pierdo los papeles y la paciencia, pero con un tortazo no voy a lograr que me entienda ¡ojalá fuera tan fácil! Entonces creo que sería la primera en repartir.

    • Un papá en prácticas
      14 septiembre 2015 at 4:54 pm

      Esos días los tenemos todos, compañera. Pero hay que dar ejemplo. Somos los adultos. Si no tenemos paciencia nosotros… 😉

  13. 11 septiembre 2015 at 8:32 am

    ¡¡Ufff…!! Siempre poniendo en dedo en la llaga, amigo… Como dice Idoia, es EL TEMA.

    Yo he sido uno de esos de los que recibió “jarabe de zapatilla” de mi madre, y puedo decir “…Pues aquí estoy, y no fue para tanto…” Comprendo el contexto en su día; era un recurso de éxito “fácil”, aunque supongo que siempre un tanto “desesperado”. Y sin embargo, también comprendo que hoy existe otro contexto, y son otros tiempos. Recuerdo bien lo que sentía con aquello, especialmente cuando era más pequeño… y yo no quiero eso para mi hija.

    Soy lo suficientemente honesto para no afirmar lo que no sé qué ocurrirá en un futuro, pero hoy por hoy sí tengo la firme intención de criar a mi niña de otra forma, y no tocarle un pelo jamás.

    Creo que una parte importante de nuestro reto como padres, es aprender a educar y criar mejor a nuestros hijos, buscando nuevas alternativas para lograr disciplina, obediencia, etc, y los cachetes, zapatillas y demás maltratos físicos no nos llevan a ninguna parte; solo a retroceder a tiempos más fríos y crueles. Supongo que la receta de hoy sería: “ejemplo+paciencia+educación+apego+respeto+firmeza”. (Obviamente, pegar sigue siendo más fácil que aunar todo eso, y de ahí el problema…)

    • Un papá en prácticas
      14 septiembre 2015 at 4:54 pm

      Esa fórmula nos da el éxito fijo. Muy larga, eso sí. Pero es fácil de interiorizar 😛

  14. 11 septiembre 2015 at 5:31 pm

    Nuestra casa es un hogar libre de cachetes también, violencia cero. Lo teníamos claro desde antes de saber que el pipiolillo estaba de camino.

    Todavía no me han soltado la perlita, pero sí que la he oído en innumerables ocasiones. Me parece paradójico que cuando les digo “ahh si está bien entonces dejarás que en el colegio también le peguen,no?” y siempre responden “ah, no, a mi hijo solo le pego yo”, ¡toma ya!

    También les digo a veces “bien, entonces cuando tú te equivocas te parecerá bien que tu marido/mujer te pegue, no?” “no, no es lo mismo” “Perdona, en qué se diferencia?” No saben cómo seguir, solo se enrocan en el “no es lo mismo”.

    Primero me decían que cuando tuviera hijos iba a cambiar de opinión. Ahora que cuando crezca seguro que le acabamos azotando. No entienden que para nosotros eso no es una opción…

    En fin, menudo rollo te he soltado! Pero es que el temita me toca mucho las narices… (la gente es muy pesada)

    • Un papá en prácticas
      14 septiembre 2015 at 4:56 pm

      Esas dos preguntas dejarán a más de uno colapsado por momentos. Es tanta la lógica que sus argumentos se caen al suelo de inmediato. No me extraña que te toque la narices, María. Fíjate si me las toca a mí que le he dedicado seis párrafos 😉 ¡Un abrazo!

  15. 12 septiembre 2015 at 12:48 am

    Lo entretenido es cuando uno defiende la violencia cero y tu pareja no está de acuerdo… muy entretenido.

    • Un papá en prácticas
      14 septiembre 2015 at 4:56 pm

      No quiero ni imaginar esa situación. Debe ser muy dura… :S

      • 14 septiembre 2015 at 8:29 pm

        Motivo de desencuentros de forma casi permanente…

      • linda
        28 octubre 2015 at 2:23 pm

        me pasa lo mismo. remamos para distintos lados. pero con amor todo se puede.

      • Un papá en prácticas
        28 octubre 2015 at 2:30 pm

        Con amor todo. Absolutamente todo 😉

  16. Aneta
    Responder
    13 septiembre 2015 at 8:26 am

    Nuestra casa tambien es libre de cachetes y rincones de pensar….totalmente de acuerdo en todo. Nuestros peques Tienen mucha suerte….y nosotros tambien de tenerlos.

    Beso gordo!

  17. 15 septiembre 2015 at 2:00 pm

    Yo en estos casos siempre pongo el mismo ejemplo:

    ‘Le enseñas a tu hijo que no se pega pegándole tú?’ Es un poco absurdo, no?

  18. 17 septiembre 2015 at 10:46 am

    En fin…ayer mi madre cuando Daniela le dió le respondió igual, imagínate, menos mal que mi madre en seguida se dio cuenta de que había hecho mal…no podemos enseñarles que no se pega, pegando.

    • Un papá en prácticas
      17 septiembre 2015 at 3:40 pm

      Esa última frase tuya resume a la perfección el contrasentido que es pegar a un bebé…pero a veces los nervios ganana la batalla 🙁

  19. Evergreen
    Responder
    17 septiembre 2015 at 12:18 pm

    Me encanta tu post, acabo de descubrirte y ya tienes otro fan!
    Hace tiempo hablando con alguien de este tema se me ocurrió la frase de manual “un buen condón a tiempo soluciona todos los problemas” y es que si no concibes la crianza y educación de los niños sin violencia, pues mejor no los tengas.

  20. 18 septiembre 2015 at 12:07 pm

    ¡Hola, Adrián!

    Soy psicóloga y mi posición con los padres siempre ha sido: cachetes cero, violencia cero. Hace unos meses, sin embargo, leí un estudio muy interesante que comentaba que los cachetes o castigos físicos incrementan la agresividad de los niños solo cuando representan un tabú y una pérdida de control de los padres. En entornos donde los cachetes se ven normales, parece que se relacionan de forma inversamente proporcional con la agresividad de los niños (mientras más cachetes, menos agresivos).

    Esto, por supuesto, no ha hecho que cambie mi política de violencia cero, ni que recomiende normalizar los cachetes. Al contrario: creo que debe servirnos para darnos cuenta de que el problema no es solo la violencia física, sino la pérdida de control, y que los gritos u otras formas de castigo exagerado pueden ser igual de malos cuando para el niño suponen que su padre/madre está fuera de sí. También es esencial recordar que un solo bofetón en la vida de un niño al que no se le pega nunca incrementa todavía más el poder de hacer daño al niño.

    Quizá este estudio también justifique a las personas a las que de pequeños sus padres daban “con la zapatilla” muy a menudo y dicen que no les ha afectado. Puede que lo digan de verdad :/

    El libro donde encontré el estudio es súper interesante. Se llama “Nurtureshock: why everything we think about raising our children is wrong”. Muy recomendable.

    Solo quería aportarlo como curiosidad 🙂 Buen artículo, un abrazo!

    • 18 septiembre 2015 at 12:23 pm

      Muy interesante!

    • Un papá en prácticas
      18 septiembre 2015 at 12:41 pm

      ¡Qué interesante tu comentario, Marina! La verdad es que a mí mi padre solo me puso una vez la mano encima y no se me olvida. También es cierto que supongo que es lo normal. Al final si te pegan todos los días se convierte en una rutina. Aunque dudo que buena, la verdad. Seguro que quedan secuelas. Igual de niños esos peques que reciben ostias como panes se retraen y son menos agresivos, más susceptibles a ser víctimas de otras violencias. Pero al final esa violencia en el futuro genera violencia.
      Totalmente de acuerdo con que los gritos y castigos es más de lo mismo, sólo que expresado de otra forma. Como adultos deberíamos controlar esos arrebatos de ira. Aunque no siempre sea fácil.
      Un abrazo grande!

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