El juego como herramienta para centrar la atención

Si algo me ha fascinado en la evolución de Mara en los últimos dos meses (más allá de su carácter incendiario, que parece una bomba de relojería en continuo riesgo de explosión), es el cambio que ha experimentado en el juego, impulsado sobre todo por una capacidad de atención que hasta ahora no conocíamos. No en vano siempre recuerdo con una sonrisa en la boca una tarde de este verano, cuando en 15 minutos cambió 7 veces de juego y me dejó exhausto mentalmente.

-¿Papá jugamos a tenderos? (señalando la cocina de Ikea)

-Claro, cariño.

Todavía no habíamos acabado de montar la tienda para el juego cuando ya me estaba preguntando: ¿Papá jugamos a esto? Y así hasta siete veces. En un cuarto de hora. Al final ya no sabía ni a qué estábamos jugando. Fue un desastroso y simpático sinsentido. Desde entonces, y especialmente desde que empezó el cole y cumplió los tres años (y con el cumple llegaron regalos nuevos y molones), la pequeña saltamontes es otra. Sigue sin jugar sola ni medio minuto (bueno, miento, juega sola cuando hace caca y no quiere que la moleste nadie), pero cuando lo hace con nosotros muestra una atención y una dedicación que nos ha resultado sorprendente.

Puzzles, trenes, cuentos…

Y es que, ¿qué son nuestros hijos sino una caja de sorpresas diaria con patas? Hace unos meses, si me llegan a decir que van a regalarle un puzzle a Mara, me hubiese entrado la risa floja. La familia ‘Papá llega tarde’, que son unos atrevidos, arriesgó con un puzzle chulísimo. Y ganó, porque hoy seguramente es uno de los juguetes favoritos de Mara. Todos los días lo quiere hacer. Y no una, sino cinco, diez o ‘cinque’ (quince en versión Maramoto) veces. Ha sido un descubrimiento, desde luego. Empezamos haciéndolo juntos y ella poniéndose nerviosa y frustrándose cuando no era capaz de cuadrar las piezas. Ahora se pone a hacerlo sola y muestra una destreza y una paciencia que me tienen alucinados. Un éxito.

tren-ikea

Al puzzle se unió también en el cumple el tren de Ikea con sus vías ferroviarias de madera, regalo de otra de esas familias que nos ha regalado la paternidad. Otro triunfo. Nos podemos pasar largos ratos montando circuitos, colocando estaciones imaginarias en las que pedimos el billete a los viajeros imaginarios, haciendo circular los trenes. Y curándolos. Porque cuando alguno se sale de las vías Mara saca su maletín, se enfunda su bata blanca y se convierte en la Doctora Juguetes. Ser doctora, curar y que la curen, fue su primer juego favorito, el primero en el que mostró verdadera atención.

A todo ello se han unido los libros, que si bien siempre nos han acompañado, no ha sido hasta ahora cuando hemos empezado a poder leerlos del tirón en sentadas de más de un título. Así, ahora es Mara la que selecciona dos, tres o cuatro cuentos (los que le apetezca en ese momento) y se pone cómoda en el sofá, bien cerquita nuestro, para escuchar unas historias que ya se sabe de memoria. Tanto es así que más de una vez la hemos pillado ya con algún cuento entre las manos, contándose para sí misma su propia versión del cuento. Para comérsela.

“Explorar el polo Sur, el fondo de los mares, la Amazonía o Marte significa sin duda sentir la nostalgia de la alfombra en la que jugábamos”

Marie Darrieussecq

El juego en solitario

Cada niño es un mundo, de forma que igual que hay algunos que desde muy pequeños empiezan a jugar en solitario, otros, como Mara, necesitan de sus padres para lanzarse y para entretenerse con el juego. Este extremo llega a ser motivo de preocupación para algunos papás y mamás (entre los que me incluyo a veces cuando me pongo muy dramático), no tanto por el hecho en sí, sino porque de vez en cuando uno necesitaría de ese tiempo para hacer cosas imprescindibles de casa. Y digo lo de “no por el hecho en sí” porque a veces se asocia este aspecto con la falta de autonomía de los niños, algo que en el caso de Mara no se sostiene, ya que ella lo quiere hacer (y lo hace) todo sola.

Al final, como en tantos otros temas, todo llega. Hace una semana, sin ir más lejos, fui al cole de Mara, ya iniciadas las clases, para llevar las peras para el almuerzo (que ese día nos tocaba a nosotros llevar la fruta). Cuando entré al aula los niños estaban jugando libremente. Entre todos ellos, sola en la cocina de madera, estaba Mara. Tan entretenida con los utensilios que ni siquiera reparó en mi presencia. Sí, solo es una cuestión de tiempo.

 

Doctora juguetes.

Una foto publicada por Un Papá en Prácticas (@acordellatm) el

12 respuestas

  1. Maria
    Responder
    15 noviembre 2016 at 11:20 am

    Hola! Mi hijo tiene la edad de Mara y le encantaria ese puzle. Puedes dar mas datos para buscar uno igual? Gracias

    • Adrián Cordellat
      23 noviembre 2016 at 1:39 pm

      Hola, María. El puzzle es de Londji. Puedes encontrarlo en su web 😉

  2. Pablo Fayos
    Responder
    15 noviembre 2016 at 7:17 pm

    Qué curioso como cada niño es un mundo. En nuestro caso ha sido todo lo contrario. Sergi y Emma siempre han sido muy independientes y han jugado mucho solos.
    Sergi tiene ya 12 años pero cuando era pequeño muchas veces no nos enterábamos de él porque estaba ensimismado jugando con cualquier cosa al igual que Emma que tiene ahora 6 años. Eso sí, cuando reclamaban nuestra atención procurábamos dejarlo todo. Nosotros también sufrimos del estrés de no acabar las cosas de casa por atenderlos, pero si lo ponemos en la balanza de la importancia, el estar con ellos siempre gana. ¿Qué importa que los cristales estén más o menos sucios o que te tengas que levantar antes para recoger la cocina?

    • Adrián Cordellat
      23 noviembre 2016 at 1:37 pm

      Toda la razón del mundo, Pablo. Hay cosas que siempre se pueden dejar para después cuando lo que te esperan son tus hijos 😉

  3. yyoconestasbarbas
    Responder
    16 noviembre 2016 at 11:05 am

    Todo llega, Adrián, efectivamente… Todo llega. Aquí la nuestra ha podido disfrutar de las dos caras, juego acompañado y juego en solitario, desde hace bastante tiempo, y es una suerte, la verdad. Sin embargo, es más de muñecos, de juegos de imitación, y cosas así. Puzzles, rompecabezas, juegos de construcción… No han triunfado mucho, de momento. Pero bueno, sea como sea, lo importante es que se divierta y se entretenga.

    • Adrián Cordellat
      23 noviembre 2016 at 1:37 pm

      Mara está empezando ahora a jugar sola, pero muy poco a poco. Por regla general nos necesita y ahora con el peque la logística se complica 🙂

  4. El Papá Cavernícola (e hijo)
    Responder
    25 noviembre 2016 at 1:50 pm

    Te iba a preguntar lo del puzle pero ya lo he visto en otro comentario 🙂 A mi Pequeño Cavernícola le encanta hacerlos, de momento se hace los que se suponen de dos años más mayor que él pero como le gustan tanto los pilla rápido, quiero cogerle unos de estos, me lo apunto. El tren lo tengo, aunque guardado para navidad y los libros, pues le encantan de momento, a veces los disfruta conmigo y otras solo. Jugar solo pues depende también, según tenga el día, al fin y al cabo supongo que como nosotros que hay veces que preferimos estar en compañía y otras solos.
    Un abrazo compañero.

    • Adrián Cordellat
      5 diciembre 2016 at 12:00 pm

      Sí, eso siempre. No siempre nos apetece lo mismo. Ni a nosotros ni a nuestros peques. Gracias por tu comentario, compañero. ¡Un abrazo!

  5. Enrique
    Responder
    5 diciembre 2016 at 4:01 pm

    Siempre nos das una alegría con tu entradas de la categoría «Cuestión de tiempo». Los días que pasamos más tiempo en casa nuestra gusanita y yo a solas acabo muchas veces mentalmente agotado por las infinitas repeticiones de sus juegos de imitación en los que necesariamente se exige mi presencia. No me da ni diez minutos para fregar los platos, la tía. En cuanto me escapo aprovechando un despiste la escucho detrás de mí al grito de «¡papá, ven!». Hay días que hasta los ratos de parque son un descanso, y eso que habitualmente también quiere que vaya con ella a todas partes. En fin, paciencia…

    ¡Nos alegró un montón que triunfara el puzzle! Era una apuesta arriesgada, desde luego, pero aquí hemos venido a jugar, ¿no? (nunca mejor dicho).

    • Adrián Cordellat
      9 diciembre 2016 at 7:22 am

      El puzzle ha triunfado más que la CocaCola, que se decía en mis años mozos 🙂 ¡Gracias por el regalazo, chicos! ¡Sois <3!

  6. Noemí de Creando a mamá.
    Responder
    15 diciembre 2016 at 9:15 am

    Hola, me encanta tu entrada y tu blog ¡ Enhorabuena por tu extraordinario trabajo! Me he sentido muy identificada, mi hijo de 30 meses es muy autónomo e independiente, quiere hacerlo , y como Mara, lo hace todo solo desde siempre…Menos jugar. Como tú , veo cada día esos cambios, que lo que ayer valía, hoy ya no, porque con los niños todo cambia muy rápido. Ahora no juega mucho solo, pero poco a poco lo va haciendo, va queriendo su tiempito a solas, y se interesa por lo que antes no le llamaba la atención…Estoy hecha polvo , las pelusas ya tienen vida propia y son colonia, pero no pienso perderme ni un minuto de jugar con él,y de acompañarle en su aprendizaje.¡¡La infancia es tan corta y el juego tan importante para su desarrollo y su felicidad!! Un saludo

    • Adrián Cordellat
      21 diciembre 2016 at 10:12 am

      ¡Gracias por tus palabras, Noemí! Al final es solo una cuestión de tiempo. Ya jugarán solos… y los echaremos de menos 🙂 ¡Un abrazo!

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