Pequeños lectores: una obra de arte titulada ‘La casa’

Hay libros que trascienden la literatura para ser algo más. En ese sentido los álbumes ilustrados dan pie a ello, porque al fusionar dibujo y escritura unen dos artes en un solo lienzo y abren la puerta a obras de arte que se leen, pero que también podrían colgar en las paredes de un museo. Es lo que sucede con La casa (Kalandraka), un libro infantil que une el poético texto de J. Patrick Lewis con las hiperrealistas ilustraciones del italiano Roberto Innocenti para contarnos la historia de una casa levantada en 1656, “un año de peste”, que desde mediados del siglo XVII “vio crecer familias y caer árboles. Oyó risas y disparos, conoció tormentas, martillos y sierras, y, finalmente, fue abandonada”.

Hasta que unos niños, ya en 1900 la descubrieron. Y así, con la edad moderna, arranca esta historia en la que vemos a la casa resurgir de sus ruínas, rodearse de viñedos y de trigo, acoger bodas familiares, ver nacer niños y ver partir para siempre a seres queridos. Porque una casa no deja de ser eso, un escenario que también, de alguna forma, es espectador de nuestras vidas, de nuestras alegrías y de nuestras penas, de nuestros éxitos y de nuestras miserias. Miserias humanas como la Guerra Mundial que asoló a Europa, una época en la que “la casa es el último refugio de los desterrados, de los que sufren, pero no se dan por vencidos”. De los que sobreviven con dignidad, como lo hace la casa, pese a un nuevo abandono, hasta nuestros días, totalmente renovada, la piedra sustituida por paredes blancas, los campos de trigo y los viñedos sepultados por una enorme piscina. La evolución social y cultural de la humanidad, supongo.

La casa, un libro para admirar

La casa 03

Recomendado a partir de 8 años, para mí La casa es un libro que no tiene edad. Y la prueba es que desde que lo tenemos Mara vuelve puntualmente a él. En parte, imagino, porque el texto del escritor norteamericano J. Patrick Lewis es escueto, poético, no demasiado complejo. Y en gran medida, quiero creer, porque las pinturas de Roberto Innocentti, tan realistas, tan minuciosas, tan vívidas, permiten sentir la casa en cada uno de los acontecimientos por los que pasa e invitan a fijarse en los pequeños detalles, en los matices y en la evolución de la familia propietaria, de cuya mano y a través de la lectura podemos hablar de muchos temas, entre ellos algunos tan complejos como la guerra o la muerte.

Pintor autodidacta, Roberto Innocentti (Florencia, 1940) no pudo vivir de su arte hasta bien entrados los 40 años. Desde entonces su carrera ha sido meteórica: ha ilustrado clásicos de Charles Perrault o Oscar Wilde, ha recibido numerosos premios por sus obras, especialmente por su libro La rosa blancapublicado en 1985 por la editorial francesa Grasset tras ser rechazado por múltiples editores italianos (La versión española es de 1987, publicada en Ediciones Lóguez); y en 2008 fue galardonado con el Premio Hans Christian Andersen, que salvando las distancias viene a ser un Premio Nobel de la literatura infantil. Tras disfrutar de La Casa no me cabe duda de que cualquier reconocimiento recibido por Innocentti es más que merecido.

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