La importancia de la tribu cuando la crianza te supera

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Se me está haciendo largo el año. Muy largo. Como las etapas de montaña del Tour de Francia para los sprinters. ¡Y eso que solo estamos a mediados de julio!, diréis. En mi caso, sin embargo, desde hace ya bastante tiempo decidí que los años arrancan en septiembre, con el fin de las vacaciones (vacaciones, ¿qué es eso?), el inicio de curso escolar y la celebración de mi cumpleaños. También con el menguar de este calor que conforme cumplo años se me hace más y más insufrible. Un calor que, por cierto, parece evaporar la poca gasolina que queda en mi depósito a la vez que prende la mecha a la ausencia de paciencia con la que cargo a estas alturas, que parezco un polvorín pirotécnico con patas. Y exploto. Y vuelvo a explotar. Y digo que estoy harto, que no puedo más, superado por ese conglomerado que conforman el trabajo, el estrés, las obligaciones, el calor, la ausencia de tiempo y la crianza.

En esos días en que exploto o en esas semanas a cuyo final llegamos con la lengua fuera, pidiendo la hora al árbitro y el cambio al entrenador; y en estas últimas semanas (¿o han sido meses?) de mi particular año con inicio y fin en septiembre, agradezco aún más si cabe las quedadas que hacemos con las familias que se han ido sumando a nuestra tribu. Algunas de ellas son de amigos previos a la paternidad, a otras las conocimos en los cursos de preparación al parto y otras llegaron a nuestra vida a través de los blogs. Todas ellas, sin embargo, tienen un punto en común: pese a lo diferentes que pueden ser nuestras situaciones personales y familiares empatizan con nosotros, nos entienden y, sobre todo, al ver que todos pasamos por situaciones parecidas a diario, nos dan perspectiva, nos hacen salir de nuestro bucle y de esa tendencia tan mía a dramatizar, a pensar que no puede haber nadie peor que yo (nosotros). (Inciso: Me gusta más el drama que a los responsables de la programación de la sobremesa del fin de semana de Antena 3, qué le voy a hacer).

Para mí (y para todos nosotros) esas comidas, esas cenas, esos días en El Retiro, esas escapadas a la montaña o esas tardes de piscina que pasamos con las familias de nuestra tribu son una carga rápida de batería. Un subidón de energía cuando la crianza y el estrés del día a día nos superan y llega un punto en el que la mamá jefa y servidor nos retroalimentamos en nuestro descenso sin paracaídas al país de la negatividad.

El refranero español diría ante esta confesión que “mal de muchos, consuelo de tontos”, pero yo creo que en este caso va mucho más allá. No se trata de un mal, sino que la tribu, esos otros padres y madres que a diario pasan por situaciones parecidas a la nuestra, nos ponen los pies en el suelo (como supongo que nosotros se los ponemos a ellos) y nos hacen ser conscientes de algo que sabemos de sobra, pero que a veces tendemos a olvidar: que las vidas, por definición, son imperfectas, como lo son las maternidades y las paternidades; y que criar, en este mundo marcado por el estrés y, muchas veces, por la ausencia de ayuda, es un acto de fe que anda subido a lomos de una montaña rusa de sentimientos que hay que saber calibrar en su justa medida.

Y todo se calibra mejor compartiendo momentos con gente que te entiende y te saca de la rutina. Bendita sea nuestra pequeña tribu.

6 respuestas

  1. judit
    Responder
    18 julio 2017 at 5:37 pm

    Completamente de acuerdo!
    Mal de muchos consuelo de todos, diría yo
    Un saludo

  2. Nueve meses y un día después
    Responder
    18 julio 2017 at 11:47 pm

    Desde luego, qué importante es compartir con personas que te entienden. Nosotros lo notamos y agradecemos mucho porque nos reímos mucho con nuestros amigos con hijos de las situaciones que vivimos y ese buen rato y risas son un desahogo brutal, así como ver que todos pasamos, más o menos, por lo mismo.

  3. Enrique
    Responder
    20 julio 2017 at 2:57 pm

    Y oye, que si es «consuelo de tontos» a mí tampoco me parece tan mal, que nos encanta esa sonrisa bobalicona de tontos que se nos pone nada más veros aparecer detrás de la esquina, aunque lleguéis arrastrando los pies como nosotros o las ojeras. Cuando tengo que pedir algún favor, o algún permiso, o algún día de vacación en el trabajo para apañarnos en casa siempre pongo la excusa de que estamos solos. Pero es mentira; hace ya casi año y medio que dejamos de sentirnos unos padres solos en Madrid.

  4. Silvia
    Responder
    20 julio 2017 at 6:22 pm

    Es muy bonito y cierto lo que lo que habéis dicho, yo siento lo mismo. Besos 😘

  5. Rosa canteo
    Responder
    25 julio 2017 at 6:51 am

    Os entiendo perfectamente
    Esa etapa es difícil aunque os pediría a todos los que formáis la Tribu que la disfrutéis todo lo que podáis
    Priorizar aquello que es verdaderamente importante y abandonar aquellas cosas que os agobien y que no son necesarias. Porque siento deciros que hay etapas más difíciles y en la que te arrepientes profundamente el no haber sabido o podido aprovechar la primera etapa de la vida de tus hijos. Etapa en las que te dejan besarlos , etapa en la que lo
    Mejor eres tú, etapa que te quieren como si no hubiese mañana, etapa en la que te comen la barbilla y que cuando te pasa te deshaces , etapa que lo primero que te hace tu hijo cuando te ve es abrir la boca con una gran sonrisa y te tiende los brazos …….. Disfrutarlo, porque aquellos que ya no estamos en esa etapa
    La deseamos Con todo el alma.

  6. Encías GUM
    Responder
    21 agosto 2017 at 10:34 am

    ¡Un post genial! Las quedadas al aire libre son lo mejor. Pero… ¿Quieres conocer algunas ideas para hacer con tus hijos este verano? ¡Haznos una vista y te las enseñaremos! http://www.enciasgum.es/juegos-vacaciones-ninos-verano/

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