La leyenda de la maceta que daba Chupa Chups

lamacetadechupachupsComo esta noche llegan sus majestades los Reyes Magos de Oriente, en silencio como hacen ellos siempre para no despertar a los niños de sueño ligero (ya veréis como Mara los pilla con las manos en la masa), y mañana es un día de ilusiones e inocencia a partes iguales, he decidido que os voy a contar una leyenda para niños crédulos e inocentes que tuvo lugar hace ahora un poco menos de tres décadas y de la que tuve suerte de ser uno de los tres renacuajos protagonistas. Se trata ni más ni menos que de la fabulosa e increíble leyenda de la maceta que, en vez de plantas, daba Chupa Chups. Todo esto es verídico, ¿eh? 😉

Debía correr el año 1987. O quizás era el 1988. Durante los primeros cinco años de mi vida, tuve la suerte de disfrutar de mis abuelos (sólo he tenido la fortuna de conocer a dos de ellos) muy cerquita de casa. Hasta esa tierna edad mía, en la que ellos se volvieron a Sevilla, el trabajo de mis padres provocó que pasase mucho tiempo junto a ellos. Yo no tenía nada que ver con Maramoto. Era un renacuajo tranquilo y pachón. Así que podía pasarme largas horas viendo Barrio Sésamo sentado en el sofá cogido del dedo de mi abuelo. O salir a dar largos paseos por los alrededores del piso de mis abuelos (Antes, todo esto era campo) sin necesidad de tenerlos en un sinvivir, correteando detrás mía sin cesar. Para completar el reparto, os tengo que presentar a mis dos primos: Uno se llama Fernan, y es tres años mayor que yo. La otra se llama Miriam, y tiene apenas dos meses menos que yo. Los tres compartíamos juegos y entretenimientos. Los dos más peques compartíamos  hasta guardería.

Así que érase una vez tres inocentes niños (unos más que otros, ya lo veréis), que un día, al volver del colegio y de la guardería cogidos de las manos de sus abuelos, se encontraron en casa de éstos tres misteriosas macetas llenas de tierra y en cuyo centro sobresalía un palo blanco que les resultaba familiar. “¡Ohhhhh!”, exclamaron los tres al unísono admirados por el descubrimiento, “¡Es un palo de Chupa Chups!”. Los tres pequeños protagonistas de la historia estaban acostumbrados a ver muchas y coloridas plantas en el piso de sus abuelos, pero jamás habían visto ninguna que tuviese en su interior un palo de Chupa Chups. ¿Qué significaría eso? ¿Qué pasaría en esa planta? Para acelerar los acontecimientos, su abuelo les dijo que tenían que regarlas. Cada uno la suya. Al día siguiente, ya alimentada, la planta igual les daba una sorpresa. Eso sí, no era nada seguro. Ya se sabe que con éstas cosas uno nunca puede dar nada por hecho.

Al día siguiente, cuando volvieron con toda la ilusión del mundo a casa tras otra larga jornada de cole y guarde (A los niños también se les hace larga la espera cuando desean que algo pase rápido), se encontraron en casa de sus abuelos con una increíble sorpresa. ¡Los palos que había plantados en la maceta y que ellos regaron habían dado sus frutos y en su lugar había tres dulces y apetecibles Chupa Chups! Todavía no se los habían metido en la boca cuando los tres empezaron a pedir a su abuelo que plantase tres palos más. ¿Puede haber algo más maravilloso para un niño que tener la inmensa suerte de haber conseguido en casa una maceta que diese como fruto estos caramelos con palo que les volvían locos? Yo creo que no.

Así que durante un tiempo indeterminado, los tres pequeños plantaron y regaron cada día su maceta de Chupa Chups para a la jornada siguiente recibir como premio el preciado fruto. Estaban tan emocionados con su descubrimiento que hasta uno de ellos, el mayor de los tres, no dudó en contar la historia a sus compañeros de clase. Algunos, ya entonces, le dijeron que eso era imposible. Qué pena esos niños que a los seis años ya no creen en nada, ¿verdad? Pero él defendió a las macetas de su abuelo con uñas y dientes. ¿Cómo no iba a hacerlo, si era evidente que todo era tan real como la vida misma?

Mientras, las historias difieren en este punto, ya que es una leyenda que para nosotros, los protagonistas, no deja de ser el recuerdo de un recuerdo, los dos más pequeños de la casa empezaron a plantearse cosas. Hay quien dice que la más pilla fue Miriam, que luego arrastró con ella a la perdición a su primo Adrián. Hay quien cuenta que fueron los dos. Para el caso, eso es lo de menos. Lo cierto es que ambos, perspicaces como ellos solos, empezaron a sospechar de su abuelo y a vigilar sus movimientos. Y de esa forma, en uno de los cajones de su mesita de noche, dieron con el lugar del que salían los Chupa Chups. No dijeron nada, por supuesto. Así podrían conseguir siempre el de la maceta y luego, si se quedaban con ganas de más, rebuscar en el cajón de su abuelo. Entre ellos dos se creó un vínculo especial. Ese que une a las personas que conocen un secreto. Y ese vínculo se extendió también al tercer protagonista de la historia, que durante un tiempo siguió creyendo en la maceta que daba Chupa Chups.

Y colorín, colorado, esta leyenda se ha acabado.

PD: Esa unión entre nosotros tres sigue tan viva como siempre. A pesar de la distancia. Y del tiempo que ahora pasa entre cada vez que nos vemos. Es más, estas Navidades, mis primos vinieron a ver a Maramoto y a pasar un rato con nosotros. Y le hicieron a la peque uno de los regalos más especiales que ha recibido hasta la fecha. Es el cuadro de la imagen que da inicio a este post. La ilustración es de mi primo Fernan, que es un artista, y representa nuestra historia con la maceta que daba Chupa Chups. Para mí es un canto a la imaginación y a la inocencia. Un recuerdo precioso de unos años maravillosos. Una leyenda que desde ya es un legado para nuestra pequeña saltamontes. Gracias por el regalo, primos.

 

23 respuestas

  1. 5 enero 2015 at 9:16 am

    Los.abuelos son únicos con sus historias!! Me hubiera vuelto loca con un arbolito así, q envidia!
    Afortunado de haber compartido juegos con primos!!!
    Que vayan bien los Reyes!

    • Un papá en prácticas
      5 enero 2015 at 4:57 pm

      La verdad es que sí que me siento afortunado, sí. No todos tienen una maceta que da Chupa Chups :-)) ¡Felices y cargados Reyes!

  2. 5 enero 2015 at 9:28 am

    Qué bonito, me encanta. Genial la imaginación de tu abuelo y su ocurrencia. Fíjate lo que dio de sí el tema, es precioso. Os tuvo en vilo días, jajaja. Mi abuelo también era parecido. Él decía que la noche de Reyes se sentaba en el salón a hablar un buen rato con Melchor y que le contaba muchas cosas. Yo alucinaba de que, de toda la gente que hay, se parara de charla con mi abuelo.
    Pero supongo que hay cosas que sólo hacen los abuelos, ¿verdad? Qué magia. ¡Felices Reyes! 🙂

    • Un papá en prácticas
      5 enero 2015 at 4:58 pm

      El otro día hablaba con mi primo y decíamos ambos que si hoy tenemos la imaginación que tenemos y somos como somos, es en parte gracias a nuestro abuelo. Ay, qué tiempos aquellos, compi 🙂 ¡Un besote y felices reyes!

  3. 5 enero 2015 at 4:42 pm

    Jajaja, qué grandes los abuelos. Y no erais nada ambiciosos, yo creo que hubiera plantado cinco o seis palitos para cada uno y así tener más de golpe. Felices reyes!

    • Un papá en prácticas
      5 enero 2015 at 4:58 pm

      No éramos ambiciosos hasta que descubrimos el escondite, entonces nos pudo la codicia xD ¡Felices reyes!

  4. 5 enero 2015 at 4:44 pm

    ¡Qué crack tu abuelo! Me encanta la historia!! Y el dibujo es chulísimo, Maramoto es una nena con suerte 😉
    Me apunto estos trucos jardineros para plantar mi propia planta de chupachups en casa.
    Besotes!

    • Un papá en prácticas
      5 enero 2015 at 5:00 pm

      Mi abuelo era muy grande. Lástima que nos dejase tan pronto. Aunque se encargó de dejarnos un gran recuerdo. Y un gran legado 🙂 Ya me contarás si en tu casa también salen los Chupa Chups o era cuestión de algún producto milagroso de mi abuelo :-)) ¡Besos y felices reyes!

  5. la mamá de Álvaro
    Responder
    5 enero 2015 at 5:45 pm

    Que bonita es la historia! Me acabas de dar una idea para hacer con Alvaro. Le voy a regalar una maceta que de chupa chips. Te voy a copiar la historia pero es que me ha encantado, espero que no te importe.
    Besitos

    • Un papá en prácticas
      5 enero 2015 at 5:51 pm

      Por supuesto que no me importa! Mi abuelo, donde quiera que esté, estará orgulloso de que su leyenda llene de imaginación a más niños. Y yo también 🙂 Ya me contarás qué tal la experiencia, compañera. ¡Un besote grande y felices reyes (que sé que te gustan mucho)!

  6. 6 enero 2015 at 12:42 am

    ¡Que genial tu abuelo! Me ha encantado la historia, desde luego que este tipo de cosas nunca se olvidan y hacen que al recordarlas vuelvas a creer en esa magia y te inunde la ilusión. Un abrazo.

  7. 7 enero 2015 at 5:07 pm

    PUes me ha encantado la iniciativa de tu abuelo!! qué ilusión!!
    Y la ilustración se preciosa. un besazo

  8. 8 enero 2015 at 2:38 pm

    Qué cuento tan maravilloso!! Y tenerlo ilustrado, qué suerte 😉

  9. 9 enero 2015 at 1:31 am

    Que genial la historia. Un abuelo con muy buenas ideas!! Yo decía en el ultimo post que la magia no debe ser solo de noches como la de reyes, sino de cualquier momento 🙂 Me apunto lo de los chupachups, que en casa seguro alucinarían con esa planta!

    • Un papá en prácticas
      10 enero 2015 at 3:12 pm

      ¡Totalmente de acuerdo contigo! La magia debe estar siempre presente. Y esa maceta te va a dar mucho juego, ya verás 😉

  10. cristina
    Responder
    11 enero 2015 at 10:46 pm

    Que historia mas chula!!! Me ha encantado!! Creo que algun dia lo pondre en practica cuando Biel sea mayor!!

  11. 13 enero 2015 at 11:11 pm

    Una historia preciosa, y un regalazo para Mara (y para ti) la ilustración de tu primo. Tengo preparado un Diy que te va a hacer gracia cuando le veas, muy relacionado con esta historia…
    Ah, y estoy contigo en que es una pena que haya niños sin inocencia ni imaginación, eso dice muy poco a favor de sus padres/familia.

    • Un papá en prácticas
      17 enero 2015 at 12:20 am

      Es que, ¿Qué queda de un niño si a los seis años ya no tiene imaginación? Como tú dices, dice muy poco de su entorno…

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