Pequeños lectores: ‘Max, el artista’, de Marion Deuchars

max el artista

Hay libros que unen varias virtudes: tienen unas ilustraciones preciosas, están bien maquetados, tienen una historia con mensaje (sin caer en la moraleja fácil ni en dárselo masticado a los peques) y, además, están protagonizados por un personaje divertido, con personalidad, que engancha. Y sucede que a veces esos libros aparecen por nuestra casa. Cosa que nos hace muy felices. A nosotros. Y, sobre todo, a nuestra pequeña saltamontes. El último ejemplo es ‘Max, el artista’, el primer álbum ilustrado infantil de la prestigiosa ilustradora escocesa Marion Deuchars. Una joya que acaba de publicar en España la editorial Maeva Young

Porque ‘Max, el artista’ es una joya; un precioso homenaje al mundo del arte, pero sobre todo un canto a la necesidad de aceptarnos a nosotros mismos, de querernos tal y como somos, con nuestras virtudes y nuestras “imperfecciones” o “defectos” (palabras que pongo entre comillas porque ¿quién decide que algo es una imperfección o un defecto?). Y eso lo aprende Max, un pájaro convertido casi en alter ego de Marion Deuchars, que confiesa que la historia tiene “cierta resonancia personal”. Tanta resonancia que todo parte de una vivencia suya de la infancia. Porque sí, Marion, igual que Max, tenía las piernas muy delgadas. Y eso provocaba que la gente se fijara en ellas. Incluso que se burlasen por ello.

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Y Max, como no podía ser de otra forma, se siente triste por esas burlas, incómodo con sus patas de alambre. E intenta buscar soluciones. Va al gimnasio, come sin parar, se disfraza para ocultar sus piernas. Pero nada de eso funciona. Entonces, un día, decide visitar un museo. Y allí, en mitad de tanta belleza, expuesto a los efectos del Síndrome de Stendhal, se inspira. Y decide pintarse el pico. Cada día en homenaje a un reconocido artista. Hoy a lo Matisse, hoy a lo Jackson Pollock. Triunfa tanto con su pico que ya nadie se fija en su piernas. Ni siquiera cuando decide salir sin pintarse el pico, porque todo en él es seguridad en sí mismo, aceptación de su propio cuerpo. Con sus virtudes. Y sus supuestos “defectos”.

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Con unas ilustraciones sencillas pero llenas de vida y sin renunciar al humor (el cierre de la historia es simplemente brillante), Marion Deuchars ha confeccionado una historia en la que es imposible no sentirse identificado. Yo, sin ir más lejos, tengo pectus excavatus, y eso me costó no pocas burlas en la adolescencia, una época en la que todos, ya de por sí, parecemos estar en guerra con nuestros cuerpos. Me apunté al gimnasio con el ánimo de disimularlo, ofuscado como estaba con mi “defecto”. Y bueno, multipliqué por dos mis brazos y mi espalda, pero el pecho hundido seguía ahí. Con el tiempo, como Max (y como Marion) comprendí que resulta mucho más fácil aceptar tu cuerpo tal y como es que estar en guerra permanente contra él. A mí me ayudaron los años y la llegada de Mara, que me hizo replantearme muchas cosas, también la obsesión social por la perfección física. A Marion intuyo que le ayudaría el arte. Como a ‘Max, el artista’.

Canela fina.

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1 respuesta

  1. Andres
    Responder
    27 octubre 2017 at 7:53 pm

    Sin duda hay libros que te cambian la vida.
    Yo cuando era pequeño tenía un libro que se llamaba algo así como rin rin Renacuajo. Después de casi dos décadas buscándolo no lo he vuelto a ver por ningún lado pero aún recuerdo muy bien las ilustraciones y los diálogos de ese libro, fue tal el impacto que causo en mi que recuerdo incluso el olor del papel de ese libro. El tema del libro que presentas me parece muy importante, que diferente seria el mundo si nos aceptamos tal como somos. En las clases de música siempre hago énfasis en eso, creo que si logro que mis alumnos se acepten tal y como son estare logrando algo importante sin duda.

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