Memoria y bateria o los padres como metáfora del smartphone

“Ponte ahí, cariño. Estate quieto. ¡Mira aquí! ¡Sonríe! ¡Pero no te muevas! ¡Venga, ahora!”. Una madre daba órdenes a su hijo para hacerle una foto en un escenario de títeres montado en la exposición Disney, el arte de contar historias, que acoge hasta el próximo 4 de noviembre Caixaforum Madrid. Tras ella, pacientes, una cola inmensa de padres y madres esperando con sus hijos para la misma foto en un escenario pensando realmente para la diversión de los niños más que para la fotografía de souvenir. Yo observaba la escena sentado en un rincón de la sala, mientras veía por el rabillo del ojo cómo Mara y Leo simulaban llevar a cabo una obra de títeres y discutían una y otra vez por los mismos muñecos. Estoy seguro de que muchas veces (más de las que me gustaría reconocer) he sido esa madre dando órdenes a su hijo, pero vista desde fuera la situación me pareció ridícula y me produjo cierta vergüenza ajena. Y también, la verdad, me dio que pensar en la paciencia que tienen los niños con nosotros, sus padres.

Sobre todo desde que las cámaras de los smartphone entraron en nuestras vidas, obligándonos al parecer a fotografiarlo todo. Especialmente cuando ese todo implica a nuestros hijos. Solo hay que pararse a mirar un poco a nuestro alrededor en cualquier lugar con niños que pisemos para encontrarnos a padres (entre los que me incluyo) armados con nuestros smartphone para sacar una foto más a nuestros hijos (la última, lo prometo), convertidos ya en yonkis de la fotografía digital. Fotos que, por cierto, al menos en mi caso, casi nunca llegan a traducirse en algo tangible, en papel fotográfico, y acaban colapsando la memoria de mi móvil (porque nunca tengo tiempo para traspasarlas al ordenador) y, de tanto usar el smartphone para hacerlas, llevando al límite la batería. “He tenido que cambiar la batería del iPhone. 30€ me ha costado en una tienda de baterías para móviles“, me dijo mi hermana hace unas semanas mientras utilizaba su móvil y el de su novio para hacer un book fotográfico a Mara y a Leo. Y eso que no tienes hijos, pensé, porque no hay batería más sufrida que la del móvil de un padre o de una madre.

Bien pensado, los smartphone que tanto juego nos dan para retratar a nuestros hijos y luego hacer circular las imágenes entre los grupos de familiares y amigos de Whatsapp, son una metáfora perfecta de la maternidad y la paternidad. De tanta energía que ponemos en ella, de tanta intensidad con que la vivimos y de tanto agotamiento físico y mental que conlleva, los padres y madres nos hemos convertido un poco en los smartphone que asoman por nuestros bolsillos.

Llegado un momento, el desgaste y la acumulación de tareas y preocupaciones es tal que nuestra memoria se hace añicos. Y nos empezamos a olvidar de cosas, propias y ajenas, que muchas veces da la sensación de que no escuchamos; y a realizar acciones carentes de toda lógica, como tirar a la basura un pantalón que querías poner para lavar, meter en la nevera un bote de frutos secos o meter en la lavadora un pañal que habías cogido para tirar (¿Os ha pasado alguna vez esto último? No os lo recomiendo, de veras). Para entonces, nuestra batería ya lleva tiempo hecha añicos y apenas dura mediodía, lo que explicaría por qué los padres (sobre todo mi vecino) tenemos tanta tendencia a perder los nervios por las tardes-noches con nuestros hijos.

3 respuestas

  1. Roser
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    2 noviembre 2018 at 11:46 am

    Yo le tengo marcado al móvil que me guarde automáticamente todas las fotos de la galería (que es donde van también las de whatsapp que mandan los abuelos y los tíos) en la nube. Así en caso de sustracción o caída libre (al wc, habitualmente), no se pierde nada.
    Además, el mismo servicio de Google permite crear vídeos y collages a partir de las fotos, que luego se pueden convertir en cuadros para casa (viva Fotoprix!) o en youtubes para el día que se saquen novia (dentro de unos 20 años, qué risas nos vamos a hacer! 😈)

  2. Inka
    Responder
    2 noviembre 2018 at 3:58 pm

    Sé que no es el punto del artículo, pero no puedo evitar decir que por allá ppr los 90, mucho antes de los smartphones, mis padres nos obligaban a mis hermanos y a mí (con reprimenda y malas caras si nuestra falta de entusiasmo se hacía notoria) a posar y sonreír (falsamente) para incontables y odiosas fotos de esas antiguas, con rollo y flash. No todo lo que no nos gusta en este mundo es culpa de la tecnología.

  3. Diana
    Responder
    7 noviembre 2018 at 11:57 am

    Jajajaja, me río porque muchas veces es así, pero a la vez estoy feliz de perderme también el retratar muchas cosas porque las vivo en primera persona y me niego a que sea a través de un objetivo.

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