Palabras

Eso es muy difífil, papá.

Difífil, en vez de difícil, decía Mara hasta hace apenas unas semanas. No la corregíamos. Todo lo contrario. Nos regodeábamos en ese error de pronunciación que era pura ternura cada vez que salía por su boca. Es una de las últimas palabras que le quedaban por perfeccionar, dueña como es ya del abecedario, del superpoder de la lectura y de un vocabulario que no dejará de crecer pero en el que ya nunca más estará difífil. Por más que yo repita la palabra, como si fuese un eco de su voz, cuando ella dice difícil. Difífil, le digo yo. No, papá, es difícil, responde ella, con la lección aprendida del colegio. Tengo que trabajar el duelo por difífil. Es una pérdida que va más allá de la palabra porque simboliza a su modo el fin de la poesía que es la etapa de adquisición del lenguaje. 

Me recuerda esta reflexión a una apreciación que me hizo el escritor argentino Pedro Mairal (La Uruguaya, Una noche con Sabrina Love) cuando tuve recientemente el honor de entrevistarle para un reportaje de El País sobre cómo la literatura profundiza en la brecha que se abre en las parejas tras la llegada de un hijo: “Se te vuelve un poco surrealista la vida al ser padre y eso hay que aprovecharlo. Se pone lisérgico, de pronto tenés largos diálogos con Peppa Pig. Se enrarece el lenguaje. Mi hija pronuncia mal palabras y dice pétaflors, confíteres, ravancha. Ya alguien la corregirá y ella entonces pronunciará bien esas palabras, pero por el momento son pura poesía para mis oídos”.

Se nos está agotando la poesía con Mara al mismo tiempo que florece en la lengua de trapo de Leo. Ha tardado en hablar el pequeño hasta el punto de preocuparme. De hecho, no puedo afirmar que a sus 27 meses hable. Se sigue manejando fundamentalmente con signos, gestos y gruñidos, pero de unas semanas a esta parte ha empezado a repetir palabras bajo la batuta de su hermana, aliciente máximo para el despertar de su vocabulario: pavo, muy mal, yogur, vaso, uvas, leche… Y así hasta una veintena de palabras que han aparecido como por arte de magia en su garganta, donde permanecían agazapadas, sin prisa por ver la luz.

Sonríe Leo, entre tímido y pillo, al decir una nueva palabra y ver nuestra reacción exagerada, como si cada palabra fuese la cima de un ochomil, la conquista de un territorio hasta entonces inaccesible. Le divierte vernos sentados a todos formando un corro a su alrededor, su hermana de maestra de ceremonias proponiendo términos que él luego repite, en ocasiones, con acierto, y las más de las veces, haciendo un enorme esfuerzo, dando lugar a nuevos y desconocidos conceptos que nada tienen que ver con el que le planteaba su hermana. Se ríe entonces Mara a carcajada limpia ante la imposibilidad de su hermano de repetir un concepto. Y se ríe Leo al verla a ella, como si la imitación no acabase en las palabras e incluyese también las carcajadas.

Esas sonrisas puras de ambos, al igual que las primeras palabras de nuestros hijos, sobre todo las mal pronunciadas, son también poesía efímera.

5 respuestas

  1. Avatar
    Helen
    Responder
    12 febrero 2019 at 2:07 pm

    Pura poesía. Qué bonito y qué verdad
    Gracias

  2. Avatar
    Susana
    Responder
    12 febrero 2019 at 4:24 pm

    Me encanta el mundo de las palabras y sobre todo en el lenguaje de los niños. Recuerdo las q mis hijos decían a su manera y me dan mucha ternura…en el caso de mi hija la q más le costó fue porretrato,jaja no había manera q aprendiera portarretrato…nos hacía mucha gracia.

  3. Avatar
    Ailin
    Responder
    12 febrero 2019 at 11:14 pm

    Hermoso post. Emociona leerlo. Mis niños, aparte de difífil, también pronuncian fáfil. Pura ternura poética.

  4. Avatar
    Almu
    Responder
    13 febrero 2019 at 9:08 pm

    Mi hijo en el cole toma patatas a la barca, en vez de a la marinera! Estas cosas también me derriten

  5. Avatar
    Cristina
    Responder
    24 julio 2019 at 12:44 am

    Qué bonito, nunca me lo había planteado así.

    Al ver los errores desde el otro lado (soy logopeda) se me había escapado la belleza de las palabras “imperfectas”.

    Gracias 🙂

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