Primeras veces que son últimas veces

La semana pasada, en un evento en el que me invitaron a participar en una mesa redonda, charlé con una mamá bloguera que acaba de ser madre por tercera vez y ambos coincidimos en una cosa: que los segundos (y en su caso los terceros) hijos se disfrutan más. O al menos de una forma diferente. Más calmada. Más consciente. Imagino, como comentamos ambos, que porque de repente desaparecen los miedos que atenazan a todo padre y madre primerizos. Esos temores habituales, fruto de la inexperiencia, que te hacen vivir el día a día con cierta angustia, como si de un dramón de sobremesa de fin de semana en Antena 3 se tratase, como si no fueses a ser capaz de sacar a tu hijo adelante. Imagino.

En mi caso, además, me da la sensación de que se une un factor añadido. Hace poco más de tres años, cuando nació Mara, teníamos bastante claro desde el principio que queríamos darle un hermanito, así que nuestro mundo se llenó de primeras veces. Nuestras y de nuestra hija. Ahora, con Leo, tenemos más o menos igual de claro que nos plantamos, así que de repente nuestro día a día se ha llenado de las primeras veces del peque, que a la vez son también nuestras últimas veces con un bebé, un pequeño niño que evoluciona a una velocidad asombrosa, saltando etapas, dejando atrás gestos, muecas y aromas que ya no volverán.

Pensaba en ello el otro día, mientras tenía a Leo en brazos y aspiraba profundamente su olor, como si en cualquier momento ese perfume tan característico de los bebés lactantes, imposible de reproducir hasta para el mismísimo Jean-Baptiste Grenouille, fuese a agotarse. Y pienso en ello cuando acaricio su piel suave, casi transparente; o cuando le veo patalear, nervioso, con esos movimientos totalmente desacompasados, cuando le empezamos a decir cosas y él se siente el centro del mundo, de nuestro mundo; o cuando le veo gesticular dormido, poniendo morritos, estirándose, moviendo la boca como si aún tuviese la teta de su mamá dentro; también cuando le veo mamar, con esa delicadeza que solo tienen los bebés, rindiéndose al sueño tras saciar su apetito, incapaz de contener el peso de sus párpados; o cuando le veo sonreír, con esa boca sin dientes abierta de par en par, con esa pureza que solo tienen ellos cuando aún no han sido condicionados por el mundo, cuando una pedorreta o un silbido les parecen el más increíble de los sonidos; y pienso en ello, también, cuando le veo llorar (que son contadas veces, la verdad) y lo hace como solo lo hacen los bebés, con sinceridad, como si volcasen en cada lágrima todo el pesar del mundo.

“Uno olvida la mayor parte de los días. Qué hizo, dónde estuvo, con quién. Tal vez de otro modo no se puede seguir viviendo. Las imágenes serían demasiadas. Pero eso no sucede siempre. Al contrario, hay momentos que no se olvidan nunca”, escribía el escritor argentino Eduardo Sacheri. Ahora que nuestra vida se ha llenado de primeras veces que son también últimas veces, parece que por fortuna tenemos más desarrollada la habilidad por saborear cada instante, para estudiar a conciencia los olores, los gestos y las muecas de nuestro bebé, para llenar nuestro día a día de momentos que se irán, pero que no se nos olvidarán nunca.

8 respuestas

  1. Planeando ser padres
    Responder
    15 febrero 2017 at 11:11 am

    Yo me siento así con mi churumbelito, con el agravante de notar que me han robado 5 semanas de embarazo por el nacimiento prematuro. Y ando todo el día dividida, pensando en si llegaremos a tener más hijos o si todo lo que vivo ahora con él es el principio del fin como mama de un bebé. Total, que tengo que alejar de mí estas ideas porque sea lo que sea que ocurra en el futuro, me impide disfrutar de estos primeros momentos con él.

    • Persefone
      Responder
      15 febrero 2017 at 11:28 pm

      Yo tengo dos hijos conmigo y dudando si buscar un tercero. Al ver a mi bebé también pienso en si será mi último bebé y entonces pienso que son momentos que con él, sólo los voy a vivir una vez. Quién sabe si tendré otro bebé. No importa porque este que está ahora y aquí se merece toda mi atención. Porque él no volverá a ser un bebé.

  2. xavier
    Responder
    15 febrero 2017 at 11:11 am

    No puedo sino emocionarme leyéndote…una vez más (y van…)
    Fuiste una referencia para mi hace tres años…pues nos llevabais unos meses de “ventaja” en vuestro embarazo…y escribías cosas que yo sentiría semanas más tarde…
    Sigues siendo referencia con vuestras vivencias con Mara y las nuestras con Maia…
    Y, me alegra decir, otra vez nos habéis sacado “ventaja” y ya tenéis a Leo…mientras nosotros acabamos de saber que otro bebé está en camino…y te leo e imagino….y sonrio
    Y, en todos los casos, sigo emocionándome…sigues emocionándome
    de otro papá en prácticas…sin tu habilidad para escribir y emocionar 😉
    GRACIAS !

  3. Graciela
    Responder
    15 febrero 2017 at 11:25 am

    Uy! No puedo sentirme más identificada, tengo a mi niña de casi 7 años y al bebé que se va haciendo grande de 1 año, nos plantamos acá, ya en la cesárea, ligaduras de por medio, me aseguré de que no haya chance de uno más 😁
    Cada día pienso en que el próximo bebé que tendremos para nosotros será nuestro nieto! Me aseguro de disfrutar cada segundo, me quejo de que casi no me ha dejado dormir pero cuando me despierta en la noche no quiero dejar de mirarlo, son tiempos que no regresarán y como cuesta, por eso me permito disfrutar para guardarme cada recuerdo…
    Gracias por el post! Placer de leerte siempre!

  4. La sonrisa despeinada
    Responder
    15 febrero 2017 at 12:40 pm

    Totalmente identificada con lo que escribes. Con Piticli todo era novedad, pero a la vez parecía que tenías prisa en ir avanzando para ver como evolucionaba el bebé en niño. Ahora con Pitufona no tengo prisa. Quiero guardar cada momento, cada avance, cada mueca y risa, porque ahora ya sé lo rápido que va. Disfrutadlo mucho.

  5. Emma
    Responder
    17 febrero 2017 at 12:23 pm

    ¡Precioso! Yo no sé si tendremos otro hijo más, de hecho siempre pensamos que tendríamos tres, así es que todo puede pasar. Por eso, no he vivido a ninguna de mis dos hijas como “la última”.

    No sé si finalmente tendremos otro o no, pero simplemente por no haber sentido lo de que es el ultimo mientras han sido bebés, ha merecido la pena pensar que habría otro más.

    Si finalmente nos animamos y lo hay, no sé cómo lo llevaré…¡veremos!

  6. Nazareth
    Responder
    19 febrero 2017 at 8:49 am

    Nosotros rambién nos hemos plantado con el segundo y es exactamente lo que que dices… El otro día fue a la nieve por primera vez, y esa será la última vez que uno de nuestros hijos toque la nieve y se maraville con ella por primera vez… Crecen demasido deprisa! Apenas tiene un año y ya ha dejado atrás tantas cosas: primeros pasos, primeras palabras, primeros dientes, primeros juegos cómplices con su hermano. Es precioso y a la vez atrrador.

    Gracias como siempre, Adrián. Un saludo

    https://nadiemelodijoblog.wordpress.com/

  7. Patadita
    Responder
    19 febrero 2017 at 8:51 pm

    Yo fui testigo de esa conversación, jajajajaja…
    Y se pasa taaaan rápido. Pero lo bueno es que con el segundo ya lo sabes, sabes que esa etapa pasa muy rápido y lo saboreas mejor.
    A veces digo que Lucy no volverá a ser así de pequeñita, ni de hacer las cosas que hace ahora y me da una pena terrible. Los primeros meses los tengo en mi memoria como una ensoñación, algo que ha pasado hace muchísimo tiempo e incluso lo recuerdo borroso.

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