Ser mayor es un aburrimiento

Ser mayor es un aburrimiento. Cuando somos mayores nos preocupamos tanto de buscar el truco que nos perdemos la magia. A 2019 le pido ser más veces más niño. Y menos aburrido. 

Trenes

Me fascina la pasión de Leo por los trenes, pero sobre todo me fascina su ausencia de prisa, su paciencia para esperar sin rechistar, sin mueca alguna de aburrimiento, los 10 minutos de vacío entre cada paso de tren. Por eso, sospecho, el tiempo da la sensación de ser tan largo cuando somos pequeños.

Unidades de tiempo

Los padres estamos tan cerca de nuestros hijos, pasamos tantas horas con ellos, que nos resulta sorprendente apreciar su crecimiento constante y silencioso sin necesidad de que la ropa (otra vez corta de mangas y de piernas) o las opiniones de terceros nos pongan en la pista.

¿Ya no voy a tener nunca más cuatro años?

¿Papás, ya nunca más voy a tener cuatro años?, le preguntó un amigo de Mara a sus padres. La respuesta a esa pregunta da vértigo. Ya lo escribía Patxo Unzueta en A mí el pelotón: “La imposibilidad de volver atrás, de rectificar lo ya vivido, constituye la tragedia más definitiva de la condición humana”.

Las infancias son para el verano: déjà vu, despedidas, nostalgia y amores veraniegos

“La nostalgia es ese mal extraño que nos hace dolorosamente felices, una especie de alegría triste por las cosas que no podrán arrebatarnos porque ya las poseímos y, aunque han dejado de existir, siguen ahí, inmutables”, escribe Llucia Ramis. Y yo, tumbado en la cama de una casa de Gijón, sintiendo la respiración tranquila de Diana sobre mi pecho, pienso que no hay estación más propicia para la nostalgia que el verano.