Tan dura, tan bonita (la bipaternidad)

Hay días en que no damos para más y la mamá jefa y yo pensamos que ojalá Leo tuviera ya tres años, y fuese al cole, y pudiésemos trabajar en horario de mañana sin tener a un niño que llora, que te trae los cuentos de ‘de la cuna a la luna’ para que se los leas a cada instante, que te pide que bajes al suelo a jugar con él, que te exige el 100% de ti el 100% del tiempo, que no entiende de autónomos, de pagos o de alquileres. Lo normal, todo ello, por otra parte.

Hay días en que todo lo haces con un bebé de un año colgado de una pierna y una niña de cuatro colgada de la otra. Los dos chillando a la vez. Los dos reclamando tu atención al unísono, pidiéndote que les cojas en brazos, que bajes al suelo, que te apees de la vida por un momento. Y tú, mientras, sacando el lavavajillas, haciendo y cargando con la compra, poniendo la lavadora, doblando la ropa de la secadora, preparando la merienda, pasando el aspirador, pensando en que hoy toca ducharlos y ya se nos está haciendo tarde… ¿Nunca se acaban las cosas por hacer?

Hay noches (unas pocas yo, infinitas la mamá jefa) en que no duermes (o duermes mal, o que te despiertas mil veces porque el sueño de un bebé es como es y el de algunos, y no quiero señalar a nadie, es peor aún) y que luego, sin solución de continuidad, van seguidas de días repletos de situaciones como las que he mencionado antes, de estrés, de prisas, de trabajo que se acumula, de exigencias de unos y de otros. Y por un momento quisieras viajar en el tiempo, a 2024, y tener dos hijos ya más independientes dentro de su interdependencia, tus piernas liberadas, unas tardes más tranquilas como consecuencia de unas mañanas más aprovechadas.

Y, sin embargo.

Hay momentos en que Leo se acerca a mí, con su andar aún en proceso de perfección. Me trae un libro. Y con gruñidos, me exige que me siente en el suelo. Luego él se sube sobre mis piernas, apoya su cabeza en mi pecho y lo leemos. Y luego otra vez. Y luego se levanta a por otro libro. Y al final acabamos haciendo el loco, tirando los libros por el aire, cerrándolos a modo de portazo tras pasar una página. Y él se ríe a carcajadas. Tan limpias. Tan puras.

Hay madrugadas en que Mara, dormida, me acaricia la barba, me da besos, se acurruca fuerte contra mí, me pide, cuando suena el despertador a las 5:00 de la mañana, “papá, no te vayas”. Y yo, cómo no, me quedo un poco más, abrazándola, acompañándola de la mano hacia el sueño perdido.

Hay días en que al girarme en la cocina veo a los dos sentados en el suelo del salón. Mara leyéndole cuentos que se sabe de memoria a su hermano. Leo atento, sin perder la concentración, con ojos de admiración fijos en su hermana. Cuando ella acaba un libro, él sonríe y le aplaude. Un instante de pura belleza. Igual que cuando Mara canta La chispa adecuada y Leo le acompaña con sus palmas y unos movimientos de cuerpo que quieren representar un baile incipiente.

Hay días en que todos saltamos sobre el colchón, y jugamos a pillar sobre las sábanas, y les hacemos cosquillas mientras les ponemos el pijama. Y ellos ríen. Y piden más. Y estarían así hasta el fin de los días. Porque para ellos (y también para nosotros, aunque no seamos conscientes) la felicidad es algo tan sencillo como eso. Jugar, compartir tiempo, hacerse cosquillas, reír ajenos al tiempo.

Hay palabras y frases que dice Mara, conversaciones que mantiene con nosotros y que de repente, por momentos, hacen que me parezca tan mayor. Hay gestos de Leo, un intento de comunicación arcaico pero comprensible. Hay carcajadas de Mara, que se ríe con la misma intensidad con la que un instante después llora, como si hubiese decidido vivir la vida al máximo. Para bien y para mal. Hay sonrisas traviesas de Leo. Muchas sonrisas.

Hay un sinfín de momentos en que me gustaría parar el tiempo. Y que 2024 no llegase nunca. Y maldigo las circunstancias en que vivimos nuestra bipaternidad/bimaternidad, que seguramente no nos están dejando disfrutar de ella todo lo que nos gustaría. Tan dura la experiencia por momentos, tan agotadora, tan extenuante. Tan bonita a la vez, tan llena de instantes efímeros, de palabras, sonrisas, gestos y miradas que nos hacen olvidar de un plumazo los trances menos Pinterest. Que los hay y que a veces no nos dejan percibir la belleza del momento que estamos viviendo. “Allí fui feliz. Solo que nunca lo supe. Uno percibe la felicidad cuando se acaba”, escribe Pedro Juan Gutiérrez en Trilogía sucia de La Habana al recordar el lugar en el que pasó su infancia. Que no nos pase lo mismo.

8 respuestas

  1. laura valle molinuevo
    Responder
    27 febrero 2018 at 9:53 am

    Tiene que ser muy duro, porque trabajar y a la vez tener a los niños permanentemente con vosotros ufff, es de admirar. Y lo digo porque sé cuando tengo vacaciones e intento hacer algo (un simple álbum digital) lo difícil que es… (y al final ahí sigue pendiente, claro, porque la casa y el hacer cosas juntos tiene prioridad, que para eso son vacaciones…). Pero también os digo que debéis pensar y no olvidar nunca la gran suerte de verles crecer, de no perderos (casi) nada: sus primeros pasos, sus primeras palabras, esos momentos de complicidad… A mí algunas de esas cosas me las han tenido que contar, aunque debo reconocer que mi hijo tuvo el detalle de reservarme ciertos hitos, pero trabajando fuera obviamente te pierdes cosas… como ahora por ejemplo la salida del colegio cuando tantas cosas los niños te cuentan. Y mira, vosotros habéis sido unos valientes, dándole un hermanito a Mara, yo no he tenido valor de tener un segundo hijo entre otras cosas porque no quería dividir el poco tiempo que me deja la no-conciliación entre un bebé y el mayor, y perderme tantas cosas…
    Leyéndote creo que ya lleváis muchísimo recorrido, porque sois conscientes de ello, y eso es un gran paso, un gran recordatorio por sí solo, y una vez más creo que esos niños tienen una gran suerte de teneros como padres. Porque sí, los niños crecen, y aunque a veces los días (y las noches…) son muy largos, y los plazos vencen pronto, enseguida estarán los dos en el cole y empezaréis a respirar, y llegarán otras etapas menos absorbentes… Un abrazo fuerte.

  2. Diana
    Responder
    27 febrero 2018 at 10:37 am

    Que bipolares, en el buen sentido, somos respecto a como nos sentimos tantas veces… Si a mi me pasa con uno me imagino con dos : )

  3. laura
    Responder
    27 febrero 2018 at 11:24 am

    Qué identificada me siento! Yo siempre digo que soy como el Dr. Jekyll y Mister Hyd. Será por la acumulación de sueño y cansancio? Por ejemplo mientras estoy al teléfono uno de los peques no para de llamarme y hacer caso omiso a lo de..”Espera un momento cariño a que la mamá acabe de hablar” y mientras intentas hablar no paran con “Mamá,mamá, mamá, mamáaaaaa, maaaaamaaaaaa, MAAAAMAAAAAAAAAA´” . Al final cuelgo el teléfono irritada y digo malamente “QUEEEEEÉ!!!!” y el peque te dice “¿A qué juegan las mariposas?” y te quedas con una cara de que te lo comerías entero por tanta inocencia y dulzura… y con un sentimiento feo de haberle contestado así.

  4. Reme
    Responder
    27 febrero 2018 at 12:10 pm

    ufff, tal cual. Mi Mara se llama Olivia y tiene 3 años y 4 meses. Y mi Leo se llama Lara y tiene 15 meses. Y madre mía, cómo se puede pasar de la felicidad absoluta a sentirte… no sé cómo llamarlo, pero es lo que tú describes, jeje. Y las observas pensando, cuánto voy a echar de menos esta etapa, y quieres ser más consciente del momento que estás viviendo que a veces lo vives como un sueño… Hay que pararse muchas veces a pensar dónde se está, y mirarlo todo a vista de pájaro, o a vista de cuando tengan 15 años, y se te pasa, jeje.

  5. Quierovivirte
    Responder
    27 febrero 2018 at 1:24 pm

    Joder, Adrián, cómo tocas la fibra. Perdón por el taco. Hoy, precisamente hoy, es uno de esos días en que he tocado fondo. Uno de los pocos días en que he dicho “a la mierda las obligaciones y los horarios. ¡Me estoy perdiendo a mi bebé!” (Sí, me sale la vena barriobajera cuando me estreso… perdón otra vez.)
    Nuestra bipaternidad está siendo de todo menos Pinterest… y hoy he decidido decir basta. Es mi bebé. Mi último bebé. Qué culpa tendrá él de haber nacido el segundo… y en estas circunstancias.
    Gracias por decirlo tan bonito. Es tan reconfortante no saberte el único…

  6. José Miguel calvo
    Responder
    27 febrero 2018 at 6:27 pm

    Yo también me identifico con tu post, ese sentimiento contradictorio que no se puede apenas describir, tan agitador y tan bonito a la vez, posiblemente solo se puede conocer siendo padre

  7. Sara - Fincolorado
    Responder
    28 febrero 2018 at 12:57 pm

    Son tres añitos duros, hasta que le peque haga tres más o menos ….. no duros no, MUY DUROS. Pero el corazón se agranda con tanto amor. DIsfrutad lo que podáis! Besos.

  8. Melisa
    Responder
    19 marzo 2018 at 10:29 pm

    Hola! En mi caso solamente tenemos a Felipe de 6 meses, pero me identifico plenamente con el Dr Jekyll y Mr Hyde…todos los días es esa sensación de basta! Y luego de querer que no pase el tiempo…así es entre las corridas de la rutina. Pero, gracias a Dios, somos concientes de esto y podemos disfrutar también y no dejar que las cosas se escapen.
    Saludos!

Deja un comentario

* Rellena todos los campos

En cumplimiento de la legislación española vigente en materia de protección de datos de carácter personal y del reglamento europeo RGPD 679/2016 le informamos de:

Responsable: Adrián Cordellat + info

Finalidad: Gestión del envío de información solicitada, gestión de suscripciones al blog y moderación de comentarios. + info

Legitimación:: Consentimiento expreso del interesado. + info

Destinatarios: No se cederán datos a terceros para la gestión de estos datos.

Derechos: Tiene derecho a Acceder, rectificar y suprimir los datos, así como otros derechos, como se explica en la información adicional. + info

Información adicional:: Puede consultar la información adicional y detallada sobre Protección de Datos Personales en mi página web unpapaenpracticas.com + info