Una mirada, una sonrisa, un beso al aire

Vuelvo mucho sobre el mismo tema. Llamadme reiterativo. Pesado si queréis. No os cortéis. Pero lo cierto es que desde que soy padre vivo mucho más el presente y, aunque a menudo me ahogue en un vaso de agua medio lleno, superado por problemas sin importancia, he aprendido a disfrutar de los pequeños detalles, de esos momentos que se van tan pronto como llegan, de esos instantes efímeros a los que tanto vuelvo (¡pesado!) en este blog. Quizás porque he comprendido que tras ellos, en su aparente insustancialidad, se encuentran las cosas más importantes de la vida, las que de verdad llenan y te hacen sentir en plenitud,  sean cuales sean los avatares del día a día y las cartas que te toque jugar en la vida.

Hablaba recientemente con Mercé Castro. Mercé es periodista. En 1998, volviendo de una comida de Navidad, el coche en el que viajaban ella, su marido y sus dos hijos, fue embestido por otro. Ignasi, su hijo mayor, falleció en el accidente. Hoy, casi 20 años después, Mercé imparte charlas, ofrece talleres, es autora del blog Cómo afrontar la muerte de un hijo y ha publicado tres libros (el último, Dulces destellos de luz, muy reciente) en los que habla sobre cómo afrontar el duelo por la pérdida de un hijo. Hasta llegar a este punto, sin embargo, Mercé tuvo que atravesar un largo camino por el desierto que solo empezó a superar cuando empezó a ser consciente de los dulces destellos de luz que se cruzaban en su camino: “Una se da cuenta de que lo que le ayuda a contactar con la serenidad es vivir el día a día, el presente, y estar abierto a todo lo que ocurre en ese día a día, poniendo atención a esas pequeñas cosas que realmente tienen importancia en nuestra escala de valores”, me contaba por teléfono.

Afortunadamente no he tenido que pasar un trauma como el de Mercé, que solo de pensarlo me encoge el corazón, pero creo que en cierto modo, y salvando las distancias, ser padre me ha convertido en una persona nueva (y creo que mejor), con una nueva escala de valores (creo que también mejor) y más apegada al presente, más capaz de percibir detalles cotidianos que antes me pasaban desapercibidos.

Uno de esos detalles, uno de esos dulces destellos de luz que hacen más bonitos mis días, ocurre cada mañana de lunes a viernes. Y se repite independientemente de las circunstancias, de si la carrera que es llegar cada día al cole se ha dado bien o ha sido un auténtico desastre en el que todos hemos acabado enfadados. Sea como sea, a las 9:00 de la mañana, tras dejar su chaqueta, su gorro y su bufanda en la percha, y antes de ser recibida por su profe en la puerta de clase, Mara viene hacia mí, me da un beso en los labios y cuando parece que ya va a entrar, vuelve sobre sus pasos para darme un gran abrazo.

Luego la veo andar hacia el corro que forman sus compañeros para iniciar la jornada, la veo sentarse, interactuar con sus amigas y amigos. Me provoca una ternura este momento que me resulta imposible describirla. Los veo tan buenos, tan nobles, tan inocentes, tan cariñosos, que me gustaría congelar el tiempo para siempre. Ya sentada en el suelo, con las piernas cruzadas, Mara me busca en la puerta de la clase, entre los otros padres que apuramos hasta el último segundo para llevarnos a casa una última fotografía mental de nuestros hijos. Entonces me mira con timidez, me dedica una sonrisa bellísima, y me lanza al aire un cálido beso que yo recojo antes de despedirme con la mano y volver a la rutina. Una rutina que nunca es la misma cuando por las prisas, algún día puntual, salgo corriendo, me olvido del presente, y me vuelvo a casa sin una mirada, una sonrisa y un beso al aire.

 

4 respuestas

  1. Amaya
    Responder
    5 marzo 2018 at 11:57 am

    Tan cierto, tan hermoso…porque si nos paramos un momento, nos damos cuenta tarde o temprano de que sólo tenemos el presente y que esas “pequeñas” cosas, detalles, instantes, destellos son el mejor sitio para situarse cada día.

    Mil gracias por describirlo tan hermosamente.

  2. Leticia
    Responder
    5 marzo 2018 at 7:08 pm

    Adrián, hacía tanto que no te leía… Y no sé por qué, me hace tanto bien hacerlo. Formas parte de esa tribu que me reconcilia con la vida, la que vuelve a colocar mi escala de prioridades. Ese momento tuyo es también el mío cada día. Hace poco lo contaba, emocionada, en el trabajo. Mi hijo me devuelve la frase que yo le dedicó por las mañanas. “Pásalo bien y aprende mucho. Te quiero” le digo. Y él responde “tú también en el trabajo”. Y yo exploto de amor pensando que no hay nada más cierto que ese mensaje suyo. De cada día, un aprendizaje y un disfrutar de la vida. Gracias por recordármelo. Un besazo.

  3. Mamá Lanuguita
    Responder
    7 marzo 2018 at 10:34 am

    Qué bonito post! Me ha gustado mucho, tan especial y lleno de amor.

  4. Melisa
    Responder
    19 marzo 2018 at 10:12 pm

    Hola! Soy Melisa de Argentina, y tengo un bebé de 6 meses. Estuve releyendo posts viejos y nuevos y me siento muy identificado con lo que escribís. Esto por ejemplo es tan real, cómo fue despertar a la vida después que tuve a mi hijo. Particularmente me pasó un día, estar bañandolo y sentir que ahí, en la simpleza de ese momento, estaba lo importante. Que no necesitaba de más. Gracias por tus posts y te leemos con mi esposo desde Santa Fe, Argentina.
    Saludos!

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