Unidades de tiempo

89 centímetros. Eso medía Leo el día de la revisión de los dos años. Percentil 70 de altura, dijo la pediatra. De eso hace hoy un mes. Ya habrá superado los 90 centímetros. En cuestión de dos semanas hemos tenido la sensación de que ha crecido muchísimo. Nos lo dicen los papás y mamás del cole de Mara, que lo ven a diario. Y lo decimos nosotros, maravillados, porque los padres estamos tan cerca de nuestros hijos, pasamos tantas horas con ellos, que nos resulta sorprendente apreciar estos cambios sin necesidad de que la ropa (otra vez corta de mangas y de piernas) o las opiniones de terceros nos pongan en la pista de ese crecimiento constante y silencioso. 

Leo va quemando tallas a un ritmo vertiginoso, dejando atrás ropa que dos días antes le entraba como un guante. 56, 62, 68, 74, 80, 86, 92, 98… ¿Ya ha vuelto a crecer?. “Las tallas de ropa infantil son una unidad de tiempo. Pronto la niña mide ciento diez centímetros de alto. Había olvidado que los centímetros son también una unidad de tiempo. Y la niña, un cronómetro”, escribe David Wagner en su delicioso libro Cosas de niños (Errata Naturae).

Los centímetros y las tallas de ropa infantil son una unidad de tiempo. Una unidad de medida temporal a veces engañosa. Engañosa. Me encanta este adjetivo desde que Mara se lo aplica a la letra “H”, siempre traviesa, siempre jugando al despiste con su mudez selectiva.

Leo es unos centímetros y un kilo más grande que Mara a su edad. Una diferencia que apenas sería perceptible a simple vista pero que yo, sin embargo, veo magnificada. Imagino que algo tendrá que ver en ello el hambre milenaria de Leo, un hambre insaciable. Come infinitamente más de lo que comía su hermana a su edad. También infinitamente más de lo que come su hermana ahora; y el crecimiento de los pies de Leo, que parecen estar echando una carrera contra el reloj para alcanzar y superar la talla de su hermana. La talla de pie también es una unidad de tiempo engañosa.

A sus 25 meses Leo apenas dice cinco o seis palabras. Mamá y papá (también mami y papi, con una entonación dulce y cálida que derrite icebergs), “¡a!” (así, con exclamación, porque el “agua” es una necesidad que no admite dilación), caqui, “rri” (carrito) y toma. Lo comprende todo y se hace entender perfectamente, expresivo y gesticulante, actor de cine mudo en potencia, pero en su vida, de momento, sobran las palabras. A su edad su hermana era dueña ya de un catálogo de conceptos mucho más amplio y eso, qué paradoja, provoca que Leo me parezca más pequeño y más inocente de lo que lo era Mara a su edad.

El vocabulario también es una unidad de tiempo engañosa, como la “H”.

9 respuestas

  1. Ester
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    10 diciembre 2018 at 12:27 pm

    Yo también tengo un pequeño de casi dos (más grande en tamaño a su edad que su hermano) al que no le hacen falta las palabras, divertido y expresivo desde que nació. Y un mayor (mayor con poco más de cuatro, que ironía) con el que a los dos ya teníamos conversaciones como una personita mayor.
    Tu Mara y tu Leo me recuerdan mucho a mis pequeños. A veces siento que vivimos una ma/paternidad en paralelo, y plasmas en palabras lo que pasa por mi cabeza.
    Sigue haciéndolo, es muy bonito leerte.

  2. Planeando ser padres
    Responder
    10 diciembre 2018 at 5:02 pm

    Ay, a mí los centímetros y los kilos siempre me han tranquilizado pero el tema de las palabras… Oye desde los 18 meses (16,5 en edad corregida de mi churumbelito, nos traen locos porque no dice ninguna. Y a su edad la niña estaba a punto de recitar a Quevedo, pero con 22 meses, este sigue sin decir más que teta, caca y sonidos sin sentido ninguno. A ver si va a ser cosa de los segundo, que nos contaron que lo harían todo más deprisa y nos han salido de ritmo lento.

    • Adrián Cordellat
      2 enero 2019 at 10:32 pm

      Este ya tiene 26 meses y sigue sin decir apenas nada…pero como vemos que lo entiende todo y que se expresa a su manera, no le estamos dando más importancia. Pero vaya, que hable ya, por favor 😀

  3. martarivasrius
    Responder
    11 diciembre 2018 at 11:48 am

    Me encanta… Y es así, cada niño un mundo y muchas medidas de tiempo “engañosas”. Me encantas!

  4. 9 enero 2019 at 8:55 pm

    Me has recordado a un par de post que escribí hace tiempo, sobre la talla 25 de las zapatillas de Luke. Es cierto, las tallas y los centímetros son medidas de tiempo, como el vocabulario y las sonrisas. 😉

  5. Eli
    Responder
    20 febrero 2019 at 9:41 am

    ¿Tu hija Mara ya no es de alta demanda? Déjame ver que hay luz al final del tú el XD

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