¿Ya no voy a tener nunca más cuatro años?

Llevo tiempo sintiéndome un poco (o un mucho, para ser sinceros) como Antonio, el protagonista de Feliz Final (Seix Barral), la maravillosa novela de Isaac Rosa que no me cansaré de recomendar a todo padre o madre que se cruce en mi camino. Como Antonio soy periodista y soy freelance, con lo que la unión de esas dos palabras implica. Y como Antonio siento muchas veces que voy en caída libre, sin frenos, empujado por una inercia que no me permite parar. Porque parece que uno nunca puede parar cuando no existe la seguridad de un sueldo y tiene que facturar, facturar y volver facturar. El “ganar, ganar y volver a ganar” de Luis Aragonés trasladado a la precariedad del mundo freelance.

En ese no parar al que se suma la paternidad, a veces tengo momentos de lucidez. Pequeñas interrupciones en mitad del caos diario, con el freno pisado, mientras espero que el semáforo se ponga en verde para volver a arrancar.  Hasta ahora esos momentos de lucidez los dejaba aquí por escrito, como una forma de resistencia ante el olvido, pero últimamente no me da ni para eso. La muestra son los cumpleaños de mis hijos, a los que hasta este año siempre había dedicado un post que era a su manera un resumen del año, del camino recorrido juntos durante 365 días, de la evolución del vínculo que nos une y al que no dejamos de dar forma a diario, como alfareros ante su torno. Las relaciones entre padres e hijos son la obra magna de la artesanía. Un arte ancestral. Cuánta delicadeza y sabiduría milenaria hay que poner en ellas.

Mara cumplió 5 años el 8 de octubre. A Mara le pone nerviosa su cumpleaños. Los días previos y posteriores está nerviosa, irascible. Todo cambio, aunque sea conocido, la descentra, le irrita el carácter. Y no hay cambio más relevante que el que supone empezar un año nuevo, sumar un número al casillero. El que seguramente es el mejor amigo de Mara, un niño con una sensibilidad especial, lo explicitó mejor que nadie en una pregunta que hizo a sus padres el día en que cumplió 5 años. ¿Papás, ya nunca más voy a tener cuatro? No me extraña que Mara se ponga nerviosa. La respuesta a esa pregunta da vértigo. Ya lo escribía Patxo Unzueta en una de sus maravillosas crónicas periodísticas recogidas en el libro A mí el pelotón“La imposibilidad de volver atrás, de rectificar lo ya vivido, constituye la tragedia más definitiva de la condición humana”.

A Mara, una tarde de hace dos semanas, fui a recogerla al colegio antes de hora. Estaba dibujando un autorretrato para un libro-recuerdo que están preparando para un compañero de clase que tras las navidades dejará de serlo porque se va con sus padres a vivir a otra ciudad de otro país que Mara nunca atina a pronunciar correctamente. Al verme tras ser avisada por su profesora, se levantó, le entregó su dibujo para continuarlo al día siguiente, y vino a mi encuentro. Mientras caminaba hacia mí, a cámara lenta, me fijé detenidamente en ella porque de repente la vi mayor. El pelo recogido en una coleta perfectamente hecha, el rostro concentrado, tímido, responsable, los rasgos faciales repentinamente maduros, armónicos, dueños de una belleza antigua, en blanco y negro, de actriz del Hollywood clásico. Qué mayor está, ¿verdad?, me preguntó su maestra, como si durante esos segundos que me parecieron eternos hubiese estado radiografiando mi cerebro. Sí, acerté a contestar, inmerso todavía en la visión de mi hija, que de pronto me pareció muy niña, ya sin rastro alguno de la bebé que era hasta hace no tanto.

No, ya nunca volverá a tener cuatro años.

10 respuestas

  1. Amaya
    Responder
    26 noviembre 2018 at 12:08 pm

    Con el nudo en la garganta al escribir este mensaje, sólo darte las gracias por tan hermoso artículo. Me permite recordar que lo más importante es estar atenta y presente al aquí y ahora e intentar no perderme ni un segundo con mi pequeño.

  2. Paula
    Responder
    26 noviembre 2018 at 12:30 pm

    ¡Ay! Voy a llorar… ❤

  3. Valeria
    Responder
    26 noviembre 2018 at 7:12 pm

    Hola! Tal cual dicen los otros comentarios…con un nudo en la garganta!! Mi hija mayor tiene 4 años y medio…y me está empezando a pasar eso, tal cual lo describis la veo cada vez más grande en su postura y en su impronta hacia el mundo jajajja…gracias por tan lindas palabras!! ❤

    • Adrián Cordellat
      27 noviembre 2018 at 10:08 pm

      Gracias a ti por tu comentario, Valeria. ¡Aprovechemos el tiempo con ellos, que vuela!

  4. Triz
    Responder
    26 noviembre 2018 at 10:15 pm

    Precioso, tan real, tan crudo, tan bonito… Graxias por poner en palabras los.pensamientos y momentos de tantos, que no tenemos ese don de las palabras

  5. Eva
    Responder
    26 noviembre 2018 at 10:36 pm

    Un día bebé y al siguiente niños mayores.
    Me encanta leerte pero me arriesgo siempre a llorar.

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