Libros para padres: ‘El hijo’, de David Barreiro

el hijo david barreiro

Conocí a David Barreiro (no personalmente, sino en su vertiente como escritor) hace ya unos cuantos años, cuando trabajaba en una agencia de comunicación de Valencia. El que era por aquel entonces mi jefe era un gran amigo suyo (fueron compañeros de carrera en sus años de estudio en la Universidad de Salamanca) y me animó a leer sus primeras obras, ‘Mediocre’ y ‘Barriga’, algo a lo que accedí encantando porque me gustaba mucho todo lo que David escribía en su blog y en algunas publicaciones online con las que colaboraba. Después de aquellas dos novelas iniciáticas vino ‘Perros de presa’, que ya leí sin necesidad de recomendación ninguna, como aquel que acude fiel cada mañana al kiosco a comprar su periódico de cabecera. Y luego, por falta de tiempo, le perdí de vista. Hasta que hace un mes conocí que sacaba nueva novela y que había sido con ella finalista del prestigioso Premio Herralde (por segunda vez), y me lancé a por ‘El hijo’ (Tropo Editores), porque en ella, además, la maternidad y las relaciones padres-hijos son parte importante del argumento.

Y ‘El hijo’ no me ha decepcionado. No me atrevo a decir que haya sido la mejor novela que he leído de David, pero sí que mantiene en ella muchos de sus rasgos característicos, como la sencillez de su estilo y la brillantez con la que se acerca a la realidad y reflexiona sobre “problemas” de nuestro tiempo, revistiéndolos con sus inconfundibles toques de humor negro.

Me ha gustado ‘El hijo’ y me la he leído en dos sentadas, consumiendo páginas a un ritmo desconocido desde hace años en mi vida. Y ello pese a lo mucho que me costó empatizar con la protagonista, una directiva de 53 años (Teresa) a la que el mismo día en que le dicen que su puesto laboral corre peligro, recibe la llamada de un policía para anunciarle que su hijo de 30 años (Rubén) ha muerto al ser arrollado por una furgoneta de reparto. Y curiosamente, no sé si en una reacción de autodefensa, en primera instancia parece que le importa más su puesto de trabajo que la ausencia eterna de un hijo con el que aún compartía casa.

Mientras intenta por todos los medios dar la vuelta a su situación laboral, por el miedo al fracaso y a quedarse sin empleo en una edad tan complicada, se emborracha a diario con Chablis, y habla con la urna que contiene las cenizas de su hijo a la par que ve la televisión para sentirse acompañada, la mujer sin aparente sentimientos, la misma que se emborrachó en el tanatorio mientras despedían a Rubén, descubrirá para su sonrojo que no conocía para nada a su hijo. Que en su dedicación absoluta al trabajo se había ido alejando de él hasta convertirlo en un auténtico desconocido; que el joven de 30 años al que ella daba por un caso perdido era realmente un hombre con unos valores y una bondad que ella nunca supo ver ni valorar.

A través del conocimiento de quién era realmente el hijo de Teresa (que también sirve de autoconocimiento para la propia protagonista), David Barreiro nos habla en su última novela de lo relativo que es el fracaso, de las existencias vacías en las que se sustentan nuestras vidas, y de esas relaciones padres-hijos que se extravían en algún momento de la adolescencia y la juventud por la falta de diálogo y los silencios eternos para convertir en desconocidos a quienes antes eran familia.

Deja un comentario

* Rellena todos los campos