Libros para padres: “Parece que fuera es primavera”, de Concita de Gregorio

Parece que fuera es primavera

Hacía mucho tiempo, probablemente desde Milena Busquets y su ‘También esto pasará’ (coincidencia o no, ambas son mujeres y ambas publican en Anagrama), que un libro no me removía tanto, que una lectura no me dejaba tanto poso ni me obligaba a hablar tanto de ella como ‘Parece que fuera es primavera’, la maravillosa novela con la que la periodista y escritora italiana Concita de Gregorio pone el foco sobre una historia que conmovió a Italia en las primeras semanas de 2011.

La historia de la abogada Irina Lucidi, una mujer divorciada, madre de dos mellizas, que vio como su ex marido, un ingeniero suizo, antes de suicidarse en Italia, hacía desaparecer del mapa a sus hijas dejando escrita una nota en la que decía que Irina jamás las iba a volver a ver. Nunca se ha vuelto a saber nada más de ellas. No se sabe si están muertas, pero lo que sí es cierto es que esa madre ha perdido a sus hijas. Y no existe una palabra para definir esa situación. Existe viudo, huérfano, parricida, infanticida…pero ninguna palabra que acoja al “progenitor que pierde a un hijo. No que lo mata: que lo pierde. ¿Cómo se llama, cómo se dice, quién es aquel a quien se le ha muerto un hijo? ¿Qué lugar ocupa en la historia? Falta la palabra, falta la palabra”.

De esa ausencia (de las hijas pero también de la palabra) parte, como no podía ser de otra forma, una novela dura, desgarradora, de impotencia absoluta y de dolor (“hay que decir que la pérdida de un hijo es la piedra de toque, la medida áurea del dolor. El rasero. Todas las demás dificultades de la vida -una enfermedad, un dolor físico lancinante, un abandono, una pobreza extrema- están contenidas en ese perímetro”); pero también una novela que es luz, un canto al instinto de superación, a la amistad verdadera (“”Si tuviera que explicar qué es un amigo, diría esto: un amigo es aquella persona para la que aunque haya cambiado todo no ha cambiado nada”), a las fuerzas que salen de nadie sabe dónde para agarrarse a la vida, a la lucha incansable de una madre por conocer el destino de sus hijas, por no olvidar y por seguir viviendo, pese a que ésto último le haya costado comentarios y miradas de soslayo, como si ella también tuviese que estar muerta, como si en su vida no tuviese derecho a entrar de nuevo la primavera.

Y ese tránsito, de la oscuridad a la luz y del invierno a la primavera, lo conduce con un pulso increíble Concita de Gregorio, adentrándose en el centro del dolor con una escritura que hace sentir, con palabras que parecen tocar una dulce melodía, que recitan poesía surgida de la más devastadora de las tragedias a la que puede enfrentarse un ser humano: la pérdida de un hijo. “Sólo el amor por un hijo es amor, amor verdadero. Y creo que sólo ese amor, el amor por los hijos, tiene un sonido. Cuando tú los miras y ellos te miran a ti -en ciertos momentos de silencio- logras oírlo. Una especie de onda remota, magnética. Como si un arco invisible tocara la cuerda de una viola que no está”.

Como no está la palabra que ponga nombre a la pérdida de Irina. Como no están sus hijas (Alessia y Livia), con las que sigue soñando para despertar después con una sonrisa; a las que más de seis años después sigue buscando, porque existe una posibilidad entre 100 de que estén vivas, porque hay que llegar al final con esa posibilidad. Esa búsqueda la hace hoy desde Granada, refugiada de los flashes y de las miradas acusadoras, de aquellos que censuran que haya vuelto a enamorarse. Ingenuos. No saben que el amor puede brotar de las cenizas, que te puede rescatar cuando tu vida ya no adivina salida, que te puede insuflar el aire que necesitas para seguir luchando, que no conlleva olvidar, sino aprender a mirar hacia delante sin quitar ojo del retrovisor, porque puede que delante, fuera, sea primavera.

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4 respuestas

  1. sonia
    Responder
    13 julio 2017 at 10:51 am

    jo! siempre sigo tus recomendaciones pero esta creo que me la salto, no puedo ni quiero pasar ese dolor, es que seria incapaz solo el leerte hoy ya me duele… como tu dices hay colas que superan a todo y no puedo llegar ni a pensar el grado de sufrimiento de la perdida de un hijo y más si cabe sin rastro de ello. no sé desgraciadamente casos reales que la mayoría conocemos y que mi capacidad de supervivencia al dolor me bloquea. de todo modos gracias siempre por poner letra a muchos de nuestros pensamientos.!!

    • Adrián Cordellat
      13 julio 2017 at 1:57 pm

      Es un libro que es luz, de verdad. Como padres es doloroso, pero es increíblemente bonito. Una delicia. Gracias por tus palabras, Sonia!

  2. Pilar
    Responder
    13 julio 2017 at 8:46 pm

    ….Tristemente doloroso pero bello….Del dolor se aprende. Apuntado para el verano.Gracias

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