Libros para padres: ‘Tierra de campos’, de David Trueba

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Me pasa una cosa con los libros de David Trueba: que no soy objetivo. Y lo digo como si en algún momento de nuestras vidas lo fuésemos. Objetivos, me refiero. Me enamoré de su escritura (que ya se intuía en sus películas) con ‘Cuatro amigos’, quizás porque en sus páginas trataba un momento vital y una temática con los que en aquel momento (mediados de la primera década de 2000) me sentí plenamente identificado. Luego vinieron ‘Abierto toda la noche’, la imprescindible ‘Saber Perder’, el guión de ‘Madrid 1987’, y ‘Blitz’, que para muchos ha sido su novela más floja hasta la fecha, pero que para mí es una historia con mucha miga que supera con creces a la media de los libros que podemos adquirir en cualquier librería. Recientemente publicaba ‘Tierra de campos’ y, como podéis imaginar, fui directo a por él. Porque además, por si necesitaba alguna excusa más para tenerlo entre mis manos, en su nueva novela, la paternidad está muy presente, tanto en la faceta de hijo del protagonista como en su papel posterior como padre.

Porque ‘Tierra de campos’, al final, no deja de ser una especie de biografía de Dani Mosca, un recorrido por la vida de un niño que creció en un callejón sin salida de Madrid y dentro de una familia “de gente normal”, como le decía su padre cuando empezó a soñar con ser músico de rock. En el interior de un coche fúnebre en el que se dirige a enterrar a su padre en el pueblo donde nació, Dani Mosca, en su duermevela, y alentado por un conductor que no deja de hablar y de hacer preguntas, inicia también un viaje interior, un repaso a la historia de aquel niño que consiguió ver cumplido su sueño; y que por el camino tuvo que asistir a la decadencia de su madre por el alzheimer (“Un día las madres dejan de darte el beso de buenas noches. En mi caso una noche no llegó el beso y aguardé silenciosamente. La oscuridad se transformó en hostil, lúgubre, inhóspita. Puede que otras noches yo mismo la llamara, pero llega la noche en que no te sientes autorizado para gritarle mamá, ¿vienes? Y no viene nadie. Puede que cuando despiertes a la mañana siguiente seas más adulto, más independiente, pero esa noche tan solo eres más infeliz”.); a los enfrentamientos con un padre que nunca entendió su vocación, a la gestión de un éxito siempre difícil de asimilar, a las noches de exceso, a los amigos del alma perdidos en ellas y a un amor resbaladizo que le dejó una herida imposible de curar (“Lo complicado no es sobreponerse al abandono de una mujer, lo complicado en sentarte a reescribir tus sueños”).

Hay mucha melancolía en las páginas de ‘Tierra de campos’, mucha nostalgia por el tiempo que se fue y las personas que lo hicieron con él (“Las canciones son a menudo formas de recuperar lo ausente, porque cada vez que escribes, escribes de lo que has perdido”), pero también mucha luz, mucho humor, y unos personajes que, como ocurre en todas las novelas de Trueba, es imposible no querer, no hacer nuestros como lectores. Diría que ese es uno de los grandes méritos de David. Esos personajes tan bien creados, a los que página a página vamos cogiendo cariño, convirtiendo casi sin darnos cuenta durante el tiempo que dura la lectura de sus novelas en miembros adoptivos de nuestras familias.

“Como todo en la vida, sólo lo que puede salir mal merece la pena intentarse”, dice Dani Mosca en un pasaje del libro. Y quizás por eso su vida se llena de cosas que salen mal, porque son las únicas que merece la pena intentarse. De ellas nacen sus dos hijos. Y también una reflexión preciosa que llega casi al final de la novela: “Y a mi hija puede que le angustiara, como a todos los hijos, que su padre no estuviera orgulloso de ella, cuando era al revés, yo esperaba que algún día ella pudiera sentirse orgullosa de mí”.

Canela fina.

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1 respuesta

  1. Nueve meses y un día después
    Responder
    2 junio 2017 at 9:11 am

    Qué bonitos los extractos que has copiado. La verdad es que mola leer sobre personajes con hijos ahora que estamos tan intensamente metidos en ello.

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