5 cosas que deberíamos aprender de los niños

Imagino que por aquello de que somos una sociedad adultocéntrica, acostumbramos a asociar los comportamientos de los niños a cosas negativas: “es un niñato”, “se comporta como un niño”, “es un niñería”… El que no haya dicho alguna de estas frases en su vida, que tire la primera piedra. Yo, que las he repetido hasta la saciedad, he tenido que ser padre para ver el reverso de esas frases y comprobar que del comportamiento de los niños, sobre todo y por encima de todo, los adultos debemos aprender. Muchas veces, observando a Mara, me sorprendo admirando su conducta y diciéndome que todo sería mucho más fácil si en el camino de la niñez a la supuesta madurez no perdiésemos muchos de los valores que tenemos cuando apenas levantamos un metro del suelo y aún conservamos la pureza que la vida nos irá arrebatando a golpes. Sirvan estas cinco muestras de cosas que deberíamos aprender de nuestros peques a modo de ejemplo:

1. A resetear: Es admirable la capacidad de resetear de los niños. Nosotros nos enfadamos por cualquier chorrada y nos podemos pasar horas (cuando no días) con el gesto torcido y sin intercambiar palabra. Ellos también se enfadan, por supuesto, pero unos minutos después se han olvidado del cabreo y pasan a otra cosa. Y te besan, y te sonríen, y te abrazan. Y aquí no ha pasado nada o si ha pasado ya no me acuerdo. Y no vale la pena acordarse, la verdad, porque si lo pensamos bien, la mayoría de las cosas que nos enervan a diario son tonterías que no merecen tanta importancia. Mucho menos estar de morros todo un día.

2. A disfrutar de las pequeñas cosas: La semana pasada os hablaba de los ‘momentos de inadvertida felicidad‘ y la verdad es que se trata un poco de eso, de apreciar esos pequeños gestos, instantes y miradas que nos regalan los días. En eso nuestros renacuajos son unos maestros de los que tenemos mucho que aprender. Porque sí, comerse un helado junto a las personas que quieres puede ser un instante mágico, aunque llegados a una edad nos pueda parecer un acto rutinario. Y bañarse, e ir al cine, y echarse unas carreras jugando al pilla-pilla. La magia está en todas partes.

Gafas de sol, helado de Amorino. Bienvenido buen tiempo.

Una foto publicada por Un Papá en Prácticas (@acordellatm) el

3. A emocionarnos: Es una de las cosas que más me fascinan de Maramoto. Me derrito viéndola sorprenderse, abrir la boca fascinada sin ser capaz de articular palabra, expandir los ojos como queriendo abarcar más y mas espacio con su mirada. El sábado, aprovechando el buen tiempo, nos fuimos a pasar el día a Rascafría. Allí, entre las montañas y la vegetación que todo lo pintaba de verde, Mara se lo pasó pipa metiendo sus pies en la fría agua de las presillas y chapoteando sin parar. Vivió ese instante (y todo el día) con tal emoción e intensidad que al llegar al coche, que sigue siendo territorio inhóspito, cayó rendida y entró en un feliz sueño del que no salió hasta la mañana siguiente. Bendita capacidad de emocionarse.

4. A mostrar nuestros sentimientos: A llorar a lágrima viva y con desconsuelo. Y a reírnos a carcajadas 10 minutos más tarde. Sin filtros. Con toda la pureza del mundo. Nuestros hijos nos dan cada día cursos intensivos de educación emocional. Nosotros ponemos nombres a los sentimientos, ellos los expresan sin necesidad de mencionarlos. Sobran las palabras y los apelativos cuando uno llora y sonríe con la pureza con que lo hace un niño.

5. A no rendirnos: Posiblemente lo que más admiro de la pequeña saltamontes. Ojalá el día de mañana mantenga esa fe que tiene en ella y en sus capacidades, ese espíritu irreductible e indomable que le hacen no rendirse nunca e intentarlo una y otra vez, ya sea para vestirse ella solita (“papá, yo puedo”) o para imitar a los niños más mayores del parque, a los que siempre se arrima, creo que para poner a prueba sus límites. Y cuando los alcanza, porque siempre existen unos límites, lo vuelve a intentar. Para superarlos y buscar unos nuevos. No hay nada imposible para quien sabe perseverar.

Seguro que se os ocurren mil y una cosas más de las que deberíamos aprender de nuestros peques, ¿verdad?

PD: Ya está a vuestra disposición el número 4 de Madresfera Magazine. 106 páginas de contenido con dossier central dedicado a la infertilidad, entrevista a Ferran Adrià, artículos sobre la figura de la matrona y la agitación por amamantamiento y recomendaciones de lecturas y pelis. Entre otras muchas cosas. La mamá jefa y un servidor hemos puesto todo el cariño del mundo en los textos. Esperamos que os guste tanto como a nosotros. Podéis leerlo pinchando aquí 😉

14 respuestas

  1. 25 mayo 2016 at 7:33 am

    Hola Adrián;

    Yo no voy a añadir nada a lo que tú dices, puesto que creo que englobas los rasgos más característicos de nuestros hijos.
    Sin ellos, dejarían de ser niños alegres, felices, que aprenden rápidamente y nosotros sin enterarnos. Serían pequeños adultos aburridos…
    Afortunadamente, como tú bien dices, olvidan los malos momentos y siguen adorándonos y regalándonos su amor incondicional. ¿Qué haríamos nosotros, si después de cada momento intenso por no concederle todo lo que ellos ansían (varios al día) dejaran de hablarnos durante horas o, incluso, días? Yo me muero…
    Gracias por recordarnos que tenemos a pequeños grandes maestros en casa.
    Un saludo!

    • Un papá en prácticas
      26 mayo 2016 at 4:10 pm

      ¡Mil gracias a ti, Cati! Y sí, sin todos esos valores serían pequeños adultos. Y no queremos esos. Es más, nosotros deberíamos ser grandes niños divertidos 😉

  2. 25 mayo 2016 at 8:43 am

    Madre mía ahora sé porque me dicen que soy infantil jajaja menos por la 4 el resto soy yo jajajaja

  3. Koldo
    Responder
    25 mayo 2016 at 2:05 pm

    Mila esker maramoto

  4. 25 mayo 2016 at 2:51 pm

    Y otros 5 motivos más que unir a la lista de las infinitas razones que tenemos para intentar pasar más tiempo con ellos, para esforzarnos por levantar la cabeza de una vez por todas de la pantalla del móvil y no perdernos ni una de las preciosas lecciones que nos regalan.

    Creo que la segunda podría resumir las cinco, hilando, además, con la entrada anterior. Disfrutar de las pequeñas cosas dejando atrás malos ratos que nunca son tan importantes como creemos, dejando que nos emocionen y dejando ver esas emociones que nos hacen sentir.

    Ojalá seamos capaces de encontrar la manera de que los niños vuelvan a ser lo que deben: lo más importante que tenemos los adultos. Que esa concepción «adultocéntrica» se dé la vuelta y volvamos a ponerlos a ellos en el centro de nuestro escenario, para seguir aprendiendo mientras aún les queden ganas de enseñarnos; para evitar que nuestra sociedad adulta, seria y estresada les quite precisamente las ganas de seguir enseñándonos.

  5. 27 mayo 2016 at 9:27 pm

    A estas alturas de fin de curso, donde el agotamiento vencen un poco las últimas dosis de paciencia, se agradece esta entrada que me recuerda las razones por las que en su momento decidí ser maestra, aunque para maestros… ¡esos locos bajitos!

    • Un papá en prácticas
      30 mayo 2016 at 4:10 pm

      Imagino que tú, como profe, aprenderás mucho de ellos. Pero también acabarás hasta el moño más de un día. Y de dos 😛

  6. 2 junio 2016 at 7:51 am

    Buenisimo post muy reflexivo. Aveces me cuesta un poco el punto de ‘resetear’ cargo con el enojo todo el día jeje! Saludos!

  7. 13 junio 2016 at 5:59 pm

    Buenisimos 5 puntos. Estas y tantas cosas que nos enseñan los niños. Hay que estar atentos a sus clases magistrales! 😉 un abrazo! Y felicidades por la nueva revista!

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