Auxiliar de Mamá

Auxiliardemama.jpgLa semana pasada, revisando mi perfil de LinkedIn, pensé en actualizar mis aptitudes con todos los conocimientos que he ido adquiriendo en los últimos días en mis labores como auxiliar de mamá. Como he comentado en entradas anteriores, es un trabajo no remunerado, pero tremendamente satisfactorio. De los que llenan. Todo lo contrario que el puesto como auxiliar de servicios que desarrollé durante casi un año en una administración pública valenciana. Cuando la administradora me explicó mis funciones, se me escapó una pregunta a bocajarro: ¿Y por esto me vais a pagar? Ella se limitó a sonreír. Y yo tampoco me iba a quejar más. Muchos quisieran archivar cuatro papeles, colgar dos anuncios en tablones y tener el resto de la jornada libre para leer y ver series aprovechando el ancho de banda que se gastan en estos lugares. Algún viernes hasta me animé con una sesión de cine.* Al final, más aburrido que una ostra, decidí abandonar un puesto prácticamente fijo para dedicarme al periodismo y poder compartir todos mis días con Diana, dejando de jugarme cada fin de semana la vida en la carretera en mis idas y venidas a Madrid. Y oigan, no me arrepiento.

Pero volvamos al tema central de este post, mis labores como Auxiliar de Mamá. Por mucho que algunos papás que leo a través de las redes sociales se empeñen en lo contrario con reivindicaciones trasnochadas y carentes de toda lógica, nosotros no podemos hacer lo mismo que hacen las madres. Para empezar y para terminar, porque no estamos capacitados genéticamente para darles el pecho a nuestros bebés. Y en esa sacrificada y maravillosa labor se pasan la mayoría de las horas de una madre con un bebé recién nacido a su cargo. Al menos las de Diana, que prácticamente cada hora tiene enganchada a nuestra niña de la teta. Está claro que cambiar pañales, bañar o dar biberones podemos hacerlo todos, pero en los primeros meses de vida de un bebé el pecho de mamá acapara la mayoría del tiempo. Y quien no quiera verlo, tiene un problema.

La semana pasada acuñé este término de auxiliar de mamá para referirme a esas labores que durante estas primeras semanas y meses de vida de nuestros renacuajos nos corresponden a los papás para descargar a las mamás e intentar ofrecerles la máxima comodidad y relajación en su conexión madre-hij@. Sintetizándolas mucho las he clasificado en tres grandes grupos que estoy abierto a ampliar con vuestras recomendaciones, porque seguro que se me escapa algo. Los que ya seáis padres sabéis de qué hablo. Los que todavía no lo hayan sido (Queridos amigos, Mara quiere tener primos y primas, así que daros prisa) que tomen nota. Y, sobre todo, que no les entre el pánico. Esto está chupado.

1. Labores burocráticas: No podían faltar en un país como España los papeleos. Aproximadamente os hará perder tres mañanas de vuestra vida. Algo que duele más cuando esas mañanas las compartes con tu bebé. En pleno siglo XXI y con los ordenadores dominando el mundo, lo vais a tener que rellenar todo con boli. Yo apenas me acordaba de cómo se manejaban esos instrumentos con tinta de colores. Y lo peor es que en el Registro Civil, la persona que te atienda también lo hará todo a la antigua usanza, como si tuviese alergia a los modernos teclados informáticos. A esta trámite en el Registro Civil hay que añadir los papelos con las empresas, la seguridad social y el centro de salud. España en estado puro.

2. Labores domésticas: Las típicas del día a día pero con un incremento en la carga de trabajo (salvo que tengáis un terremoto de mujer, como es mi caso). Limpiar, pasar el aspirador, fregar o cocinar, en este último caso en función de la dificultad del plato y de la destreza de cada cual. Personalmente creo que Chicote no me daría el visto bueno ni como pinche de cocina. ¿Qué le vamos a hacer? Nadie es perfecto…

3. Labores como papá: Es decir, tener a la niña en brazos y mantenerla tranquila en los escasos momentos de los que las mamás disponen en estas primeras semanas para cosas tan extravagantes como ducharse o lavarse el pelo. Es muy posible que en ese tiempo vuestros pequeños se pongan nerviosos y busquen en vuestros dedos o vuestra nariz algo parecido al pezón de mamá. Momento para volver al segundo párrafo y, si había alguna duda, asimilar que no podemos hacer lo mismo que hacen nuestras mujeres. Así de cruel es el mundo con nosotros…

Lo que nadie puede quitarnos desde nuestro privilegiado puesto es la satisfacción de ver crecer a nuestros pequeños cada día. El placer de interactuar con ellos y quedarnos embobados con sus nuevos gestos y esas sonrisas que, sin saber muy bien a cuento de qué, de vez en cuando nos regalan. La felicidad que supone verlos como un apéndice de sus mamás cuando buscan con una mezcla de placer y desesperación el alimento. Esos impagables momentos que dan sentido al día a día de un auxiliar de mamá.

*No quiero con este artículo atacar a los funcionarios. Todos los que fueron mis compañeros (lo mejor que me llevé de mi experiencia como Auxiliar de Servicios) trabajan como los que más. El problema de la administración pública es que está sobredimensionada con puestos inútiles como el que yo tuve durante casi un año. La lástima es que luego, cuando vienen mal dadas, son gente como mis ex compañeros, personas humildes y trabajadoras, los que pagan los platos rotos sin haber destrozado ellos ninguno. Sirva este párrafo como pequeño homenaje.

1 respuesta

  1. Avatar
    16 marzo 2016 at 9:13 am

    Para mí…. De las más importantes! Gestionador de las visitas! De esas inoportunas o interminables….
    Y si ya fuerais filtros de consejos bienintencionados….. XD

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