Reflexiones sobre lactancia materna a propósito del documental ‘Milk’

Hace ya cosa de un mes (o quizás más, porque con la paternidad he perdido un poco la noción del tiempo) descubrí indagando por la red en busca de temas para Madresfera Magazine un documental sobre el parto y la lactancia materna que apuntaba muy buenas maneras: MilkAquella misma semana lo busqué en Google Play y el viernes por la noche lo alquilamos. Benditas SmartTV. La combinación documental-viernes noche no auguraba un final feliz, pero lo vimos de un tirón y sin pestañear, atrapados por la temática y el fantástico trabajo de su directora, Noemi Weis. El lunes, sin tiempo que perder, contacté con ella para entrevistarla (el resultado podéis leerlo en el nº14 de MAMA) y amablemente atendió mi solicitud. Así que vía Skype, yo en Madrid y ella en Toronto en mitad de una tormenta de nieve (bendita tecnología), pude comentar con ella muchos de los temas que nos habían dejado en shock durante el visionado del documental.

Porque Milk es un documental que te zarandea y del que uno no sale indemne. Un trabajo audiovisual con una carga profundamente política que es una invitación a la reflexión y a la esperanza, pero también a la indignación al ver las cosas que suceden en el mundo. Realidades que quizás intuimos, pero sobre las que tampoco queremos (o podemos) pensar demasiado. Hasta que llega una mujer con su cámara y su guión y te las pone ante tus ojos en forma de fotogramas. Y ya no puedes escapar de esas imágenes, hacer como si no hubiese pasado nada, mirar para otro lado.

Dice Noemi Weis que ella quería hacer un documental sobre la leche materna como primer alimento del ser humano, pero que durante un rodaje en el que pasó por 11 países muy distintos, se dio cuenta de que no podía hablar de ello sin hablar también del parto. Porque el parto y la lactancia materna están muy interconectados. Y porque el parto y la lactancia materna llevan décadas en Occidente viviendo un idéntico proceso de “comecialización”, en palabras de Noemi.

Y no, Milk no es un documental panfletario a favor de la lactancia materna y el parto natural, sino que, como decía, es un trabajo que invita a la reflexión, a pensar, a madurar ideas. La prueba es que en el documental aparecen mujeres que han decidido libremente alimentar a sus hijos con leche artificial. Y mujeres que han pasado por partos intervenidos. Pero también otras muchas que se han quedado sin sus partos y sus lactancias soñadas por el intervencionismo y la medicalización a la que se ha sometido un proceso biológico. De ahí que para el metraje Noemi Weis quisiese rodar el parto de una mujer en una tribu indígena brasileña. “Quería llevar a la audiencia a las raíces, para que vieran cómo es recibir a un nuevo niño en este mundo fuera de toda la comercialización, porque en realidad el cuerpo de la mujer no ha cambiado”, me dijo durante nuestra conversación.

Documental Milk: Es el mercado, amigos

“Es el mercado, amigos”, decía con toda la cara del mundo Rodrigo Rato hace unas semanas en el Congreso como toda justificación al desfalco que se le atribuye. Y esa frase también vale para la industria que se esconde tras el parto y la lactancia. Y para cualquier otra. Porque el mercado siempre es una buena excusa para pisotear los derechos de las personas. Y esto lo muestra con crudeza Noemi Weis en Milk, quizás en la parte más dura del documental. También la más indignante.

Pongámonos en situación: noviembre de 2013. El tifón Yolanda devasta Filipinas a su paso, dejando más de 6.000 muertos y un país sumido en la catástrofe, con más de 11 millones de personas damnificadas. En plena situación de emergencia humanitaria, el mundo se vuelca con el país asiático. También las multinacionales de alimentación (Nestlé, qué raro, al frente). A Filipinas empiezan a llegar cargamentos de leche artificial. Las madres afectadas (esto viene del mundo occidental, tiene que ser bueno), en su mayoría de bajos recursos, empiezan a alimentar a sus hijos con ella, dejan de amamantarlos y por tanto de producir su propia leche. Semanas después, cuando el foco de la actualidad ya no ilumina a Filipinas, las reservas de leche artificial se agotan. Para entonces las madres han dejado de producir también su leche materna.

Y aquí es donde entra la cámara de Noemi Weis para filmar una realidad desoladora. La de madres que no pueden alimentar a sus hijos y con el poco dinero que tienen recurren a productos similares a la leche condensada. La de niños malnutridos que en mitad de la catástrofe, por la inconsciencia de unos y la dejadez de otros, han perdido su mayor arma para la supervivencia, el alimento que les brindaban sus madres. Las imágenes duelen. Indignan. Generan rabia e impotencia. “Me dirigí a las Filipinas porque a veces para mostrar algo a una audiencia tienes que causarle un shock con una situación extrema. Lo primero que atinamos a hacer cuando hay una emergencia es pensar cómo vamos a ayudar. No vemos nunca nada malo en el hecho de ayudar, pero no nos damos cuenta de que en la trastienda, por ejemplo en el caso del amamantamiento y de la lactancia, hay una cuestión económica, porque estas empresas llegan con una donación muy pequeña, las mujeres empiezan a dar estos productos a sus bebés y dejan de producir su propia leche, y cuando quieren darse cuenta no tienen el dinero ni las oportunidades para comprar esa leche a sus hijos. Y eso como añadido a todos los demás problemas que se dan en situaciones de emergencia, como la ausencia de agua potable o la imposibilidad de esterilizar los biberones. Al final esta donación en principio solidaria se transforma en un problema de desnutrición e incluso de mortalidad infantil, así que es un tema al que hay que prestar mucha atención”, me dijo Noemi.

Es un tema este, el de la donación de leche artificial, del que se ha hablado mucho, pero nunca nadie nos había mostrado tan claramente sus consecuencias. Y a veces hacen falta imágenes, un shock como éste, para despertar conciencias, para mostrar al mundo que la vida es mucho más que el mercado, amigos. El impacto de Milk ha sido tal que Filipinas ha tomado medidas. De haber otro tifón Yolanda las empresas de leches de fórmula no podrán entrar con donaciones salvo en casos estipulados. Sucede lo mismo en Kenia, el país que Noemi utiliza como ejemplo de buenas prácticas. “Si un país como Kenia creativamente ha podido encontrar la forma de reducir la mortalidad infantil, de disminuir la malnutrición y de educar mejor a las madres, entonces no hay excusa para que el resto del mundo no lo pueda hacer”. afirma.

Quizás documentales como Milk ayuden también en esta labor urgente, porque Unicef y la OMS siguen denunciando que cada año mueren en el mundo 800.000 niños cuyas vidas podrían salvarse siendo alimentados con leche materna. Quiero creer que sí. Y cuando dudo, me agarro al optimismo que desprende Noemi: “Nosotros como periodistas, como gente de medios, que traemos conciencia, no tenemos límites cuando se trata de derechos humanos. Ojalá algún día erradiquemos la mortalidad infantil. ¿Podremos? Seguro que sí, porque uno empieza siempre creando un sueño y luego si nos unimos tenemos las posibilidades de verlo cumplido”.

*Podéis conocer más sobre Milk y sobre el programa educativo desarrollado a partir del éxito del documental en la web milkhood.com.

5 respuestas

  1. Nueve meses y un día después
    Responder
    6 febrero 2018 at 8:04 pm

    Qué interesante parece. A ver si algún día lo puedo ver. Lo de la donación de leche de fórmula para luego abandonarlos a su suerte me parece dramático.

  2. sethitwa
    Responder
    7 febrero 2018 at 1:32 pm

    Muy intereante. ¿cómo puedo hacer para ver el documental? Gracias

  3. Aída Sanz
    Responder
    8 febrero 2018 at 7:44 am

    Hola Adrián. Es desolador la primera vez que te enteras de que ocurre esto, y luego no te extraña cuando hablando con personas de nuestro entorno con acceso a la información y a la laudeada evidencia científica, ensalzan las virtudes del biberón exageradamente. Lo que cuenta Noemi en el documental no me es ajeno porque trabajo con países africanos en el sactor de la nutrición y hay niños que podrían no ser desnutridos agudos si no se enviase esa idea de que el biberón es calidad y prestigio.
    Yo, que no he dado la teta desgraciadamente por un problema médico, calculé mal la última compra de leche de fórmula 1 (la que no dejan anunciar ni dar muestras -menos es nada-) y ahí lleva casi un año porque no encuentro la forma de darle salida porque no la quiero donar por el motivo que exponen sobre lo que ocurrió en la emergencia asiática. Un beso a los cuatro 🙂

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