¿Estamos idealizando los primeros años de paternidad?

Gris

La creencia popular hace suponer que la paternidad, ser padres, nos completa, nos hace felices, nos permite ver el mundo con otros colores más vivos e intensos. De un tiempo a esta parte, sin embargo, siento que a mí la paternidad me está volviendo gris, que soy un poco como Nicolás, el personaje creado por Juana Cortés, que va perdiendo los colores por el acoso escolar al que le someten sus compañeros; solo que en mi caso la sensación es que mis colores los están absorbiendo la responsabilidad, el estrés, la crianza intensiva y mis hijos con su permanente e inagotable exigencia física y emocional.

Qué persona más oscura te estás volviendo, me reprocha de vez en cuando Diana, en esos momentos en que me comen los días, me devora la vida y me encierro en mí mismo y en mi silencio. Y no puedo contradecirla en su valoración, porque yo mismo siento por momentos que me estoy volviendo gris. Del mismo gris del que se tiñe una mañana laborable de lunes, una semana primaveral y lluviosa en Madrid o un folio lleno de texto en tipografía Times News Roman que sale perezoso por la impresora de una oficina situada en un polígono industrial del extrarradio. Gris.

También Diana se vuelve gris. Mucho menos, es cierto. Al final de los días, quizás, porque siempre se levanta de buen talante, con esperanza, con optimismo, como si llevase el “hoy puede ser un buen día” de Serrat grabado en el ADN y ni las noches épicas de Leo pudiesen corromper su material genético. Cada mañana ella es una noche de sábado de juventud, un día de vacaciones en la playa, el gol de Iniesta.

Yo, en cambio, hace tiempo que me levanto sin esperar mucho de los días. Mucho más, quiero decir, que una sucesión de nervios y estrés. Estrés por encontrar el tiempo para sacar adelante un trabajo que se me acumula. Nervios por tener a una hija que lo protesta y lo discute todo, que llora cada vez que se viste porque toda la ropa (¡TODA!), sea de la talla que sea, se le cae o le aprieta (indiferentemente); que vayamos donde vayamos nunca está de acuerdo con el medio de transporte necesario para llegar al destino, sea éste el metro, el autobús, el coche o nuestras piernas (sobre todo si son nuestras piernas). Que cada día tiene unas rabietas que me río yo de los “terribles dos años”. Los terribles dos años son una broma comparados con los terribles tres años y los terribles cuatro años de Mara. Nervios por tener a un hijo de 20 meses que se pasa el día abriendo la nevera, tirando al suelo todo lo que hay en las estanterías, sacando las sartenes y los tuppers de los cajones de la cocina, derramando todo líquido que le pongas en un vaso, pintando las paredes, buscando la forma de despegar el papel pintado que decora la pared del salón, ideando cualquier forma de destrucción de la casa, zurrando a los niños en el parque, desmontando todo comercio en el que entramos, y enfureciéndose frustrado cuando no le dejamos consumar sus ideas.

Nervios y estrés porque todo esto sucede a la vez. Unas cosas se superponen a las otras y a estas se añaden las ineludibles tareas domésticas y las peleas entre hermanos, que han arrancado con fuerza en los últimos meses. No esperaba menos teniendo en cuenta que Leo parece habernos salido un poco malote de barrio. A veces pienso que es incluso más terremoto y más kamikaze que Mara, que con su hermana todo era más fácil. Aunque igual, seguramente, lo que sucede es que ya he empezado el proceso de idealización y dulcificación de los dos primeros años de vida de la pequeña saltamontes.

“Algún día lo echarás de menos”

Idealizamos este primer tramo de la maternidad/paternidad. Obviamos todos los sinsabores y nos quedamos con pequeños destellos. Una sonrisa, una palabra dicha con lengua de trapo, una frase de niño que encierra un razonamiento de adulto, la imagen de nuestros hijos jugando, las cosquillas sobre la cama, el día en el parque de atracciones. Supongo que es una simple cuestión de supervivencia de la especie, porque de lo contrario nadie tendría hijos. O tendría menos aún de los que ya tenemos hoy.

La prueba de esa idealización la encuentro cuando me desahogo con algún familiar o conocido o simplemente pongo un tuit irónico-malicioso en Twitter contando la odisea del día anterior, mi naufragio entre rabietas, destrozos domésticos y peleas de hermanos. De forma invariable toda la argumentación de la mayoría de mis interlocutores para consolarme se resume en un “algún día lo echarás de menos”.

¿Qué mierda de respuesta es esa?, me pregunto muchas noches, cuando por fin logramos dormir a los dos peques y nos tumbamos en el sofá exhaustos, cansados como si hubiésemos hecho las veintiuna etapas del Tour de Francia de un tirón. En esas noches en que pienso dónde coño me he metido, cómo se me ocurrió ser padre. Que tire la primera piedra el que no se haya hecho nunca esas preguntas retóricas. No se trata de arrepentirme a modo de las madres de Orna Donath. Se trata de querer escapar por momentos de la realidad en que se ha convertido mi hasta hace no tanto apacible vida.

¿Quién demonios echa de menos esta locura, este sinvivir, este agotamiento al que conducen dos niños tan pequeños, tan exigentes, tan demandantes, que te necesitan tanto? Lo que sucede, quiero creer, es que cuando nuestros hijos se hacen mayores nos extrañamos a nosotros mismos con diez años menos, más jóvenes y quizás más vivos. Y echamos de menos momentos puntuales y testimoniales de felicidad familiar que se cuelan en mitad de la vorágine diaria y que convertimos en un todo, idealizando y dulcificando unos años que fueron de todo menos ideales.

A veces cuesta verbalizar estos sentimientos, compartirlos. Tenemos miedo, porque hay un discurso muy fuerte sobre lo que se supone que debería ser la maternidad/paternidad y salirse de él puede conllevar ser señalado en esta República de Gilead que es la maternidad feliz, a su modo también una distopía. A mí me ha ayudado (y me ayuda) mucho desahogarme con amigos que también son padres de hijos con edades similares a las de los míos. Ver que no estoy loco, que ellos también se sienten grises por momentos, que también querrían huir. Y leer muchas de las maravillosas novelas sobre maternidad que están viendo la luz últimamente para comprobar que, por ejemplo, a Jane Lazarre ya le pasaba hace más de cuatro décadas lo mismo que me pasa a mí muchas veces: estar deseando volver a casa tras una mañana de cobertura periodística para ver a mi hijos, abrazarles, comérmelos a besos y sentirlos bien cerca; y diez minutos después de estar con ellos tener ganas de volverme a ir.

 

24 respuestas

  1. Mel
    Responder
    18 julio 2018 at 11:47 am

    Me has leído la mente. Últimamente tengo el mismo runrún, día sí, día también.
    Tenemos un niño de 3 años y medio. Llevo un mes haciendo malabarismos para conciliar vacaciones escolares y trabajo freelance desde casa (con apoyo de abuelos cuando es posible), y no sé si es por la necesidad de vacaciones o qué, pero realmente me siento esclava de sus rutinas, de tener que repetir todo cuatro millones de veces para que me haga caso, de sus gritos y rabietas, de tener que pasar las tardes en el parque (mi odio hacia los parques no deja de crecer y crecer).
    Me siento gris, vuelvo a revivir ese «dónde me he metido» que viví con culpa durante el posparto, solo que con menos dolor y más sentido de responsabilidad. Me siento esclava de todo eso, pero no me arrepiento, sino, como tú dices, quiero escapar de todo esto, aunque sea un par de días, pero no es posible.
    Como mantra pienso eso de «luego lo echarás de menos», que llegará, pero no sé cuándo.
    Mi madre me dijo una vez: «La crianza es muy dura, y quien diga lo contrario miente. Hay que pasarla, pero en la treintena tienes energía, tienes ánimo para afrontarla. Luego llega la cuarentena, con más calma, pero echas de menos tener tanta vitalidad.»
    En definitiva, creo que vivimos engullidos por el estrés y la rutina y no vemos el final del túnel. La crianza es dura, te chupa la energía y la vitalidad, pero es lo que hemos elegido. Creo que tiene muchas luces, pero también muchas sombras, y yo al menos no la estoy idealizando. Es una apuesta de vida y hay que tirar para adelante. Llegarán otros tiempos, no sé si mejores, pero sí diferentes. Ánimo.

    • Maria
      Responder
      19 noviembre 2018 at 9:46 pm

      porque tuviste el segundo? despues de tu bebé alta demanda…
      yo je tenido suerte, tengo dos niños muy buenos…a mi pasa que no quiero que crezcan!

  2. Nueve meses y un día después
    Responder
    18 julio 2018 at 11:59 pm

    Nos pasa a TODOS. Y el que diga lo contrario, casi seguro, miente. Los que dicen que lo echarán de menos, que yo les miro intrigada cuando me lo sueltan, es porque se han olvidado de los sinsabores. Que sí, que están ideales, pero que el agotamiento extremo que llevamos y la dependencia 24/7 no lo voy a echar naaaadaaaa de menos. Luego están los que sus hijos nunca tenían rabietas, ni se ponían malos, ni dormían mal nunca. Yo pienso si me lo cuentan por “animarme” jajaja. Y les replico siempre que ya no se acuerdan.

  3. Zora Groothuis
    Responder
    19 julio 2018 at 6:29 am

    No se como lo haces (o sí) pero apareces siempre como caído del cielo, con las palabras adecuadas a mis sentimientos.

    Creo que hoy en día mucho se habla de la tiranía de las maternidades rosas y las maternidades negras. Y creo que a pesar de existir, porque existen, no todas son extremas hacia uno u otro lado. Pero todas son, y las grises también son.

    En mi caso, yo sabía que las maternidades no eran rosas, pero todos los discursos que me eran cercanos, y que supongo que en mi cabeza resaltan por el choque con la propia, son esos dulcificados de los que hablas.

    Y quiero creer que son las artimañas que tiene la evolución para no extinguirnos, para hacer que aunque seamos seres muy racionales, no nos acomodemos en la vida “ociosa” y “sencilla” para mantener la especie. Yo ya he olvidado el infierno que supusieron los 3 primeros meses, a costa del frenillo y sus amigos… imagino que en 10 años, estaré diciendole a alguna amiga, – Disfruta, que luego lo echarás de menos.

    Como bien dice Nueve meses y un día después, no creo que sus m/paternidades sean tan diferentes a las nuestras… es tan solo que a ellos ya se les ha olvidado.

    Te acompaño en el sentimiento gris de los días pasar, ráudos y veloces, mientras el trabajo parece acumularse en vez de resolverse, las noches se me hacen cortas, y la casa se me cae encima.

  4. Amapola
    Responder
    19 julio 2018 at 7:39 am

    Hola Adrián!

    Nos encanta leerte porque nos sentimos taaannn identificados…
    Tenemos dos peques de edades muy similares a los vuestros. Y la verdad es que son niños muy muy intensos y movidos. Maravillosos, pero cañeros a más no poder.
    Lo malo de esto es cuando vas con otras personas que tienen un niño y es la tranquilidad y quietud personificadas y te miran como diciendo… Algo estás haciendo mal. No entienden que hay diferentes tipos de niños: niño seta, niño movido…
    Nosotros también hacemos una crianza muy intensa (no van a guardería) y “conciliamos” como buenamente podemos, haciendo malabares, con la lengua fuera…
    A pesar de todo, deseo detener el tiempo, que no corra tanto, saborear este instante a pesar del agotamiento…
    Mucho ánimo y gracias por tus post!!!

  5. Eva
    Responder
    19 julio 2018 at 8:18 am

    Lo mismo me pasa con las peques (3mese y 4 años) yo gris ya no, gris oscuro o negro.
    Cómo molaría escapar unas horas, porque un día seamos realistas no es posible, hasta que duerman en casa de abuelos o tios. Me encanta leerte.
    Todo pasa y se olvida, solo recordaremos lo bonito pero mientras buscar una luz sería bueno

  6. Bichilla
    Responder
    19 julio 2018 at 10:24 am

    Yo también me río de las rabietas de los 2 y 3 años… Leo tiene ya casi 8 y Nora 5 y medio… No me creo lo mayores que son y la guerra que dan… Siempre lo he tenido claro, a medida que crecen la maternidad se complica. Y mucho.
    El problema es que todo depende de nosotros. Cuanto más gris estés, más motivos te darán para estarlo. Pero es difícil, claro, que lo es.
    Crees que siempre ha sido igual? Que nuestros padres y abuelos sentían lo que sentimos nosotros? Yo no lo veo tan claro… Quizá en algún momento sí, pero no tanto como para estar tan desbordados, tan “fuera de nosotros mismos”. No sé. Ahora estamos tan preocupados por la educación, nos hemos implicado tanto en la pa/maternidad, le damos mil vueltas a cada cosa relacionada con la crianza…
    En fin, mucho ánimo familia, el verano es duro con niños y bueno, sí te puedo decir que algo mejora con la edad. Sentarte en una terraza y que ellos jueguen un ratito, decirles que vas a descansar un poco y que no te molesten y que te hagan caso y se pongan a jugar…
    Besos!

  7. Planeando ser padres
    Responder
    19 julio 2018 at 2:04 pm

    Aquí llevamos una etapa de meses con las esperanzas depositadas directamente en el futuro. Que sí, que estoy convencida de que viviremos problemas mayores y trastornos peores que el año y medio sin dormir dignamente que llevo con el pequeño y lo desbordados que estamos casi a diario con los dos. Pero aún así, no sé, visualizo el futuro como una época de calma chicha y hasta aburrida ¡con muchas horas de sueño seguidas!. Como luego sea más estresante que esta etapa ¡no sobreviviremos!

  8. Mamayweddingsplanner
    Responder
    19 julio 2018 at 2:10 pm

    “Qué mierda de respuesta es esa?!” Me ha encantado… Qué bueno es compartir estas reflexiones y leerlas tan reales, tan auténticas y tan sinceras. Gracias!

  9. A. M. Vozmediano
    Responder
    20 julio 2018 at 5:31 am

    Muy buen artículo. Y una reflexión necesaria. Yo sigo igual de desbordado hoy que el primer día, y mis hijas ya van por 10 y 6 años respectivamente, así que ánimo a los que aún estáis al principio del camino porque esto es una carrera de fondo. Como dice Bichilla más arriba, no creo que siempre haya sido así. Antes la gente tenía hijos más joven, con la energía de la veintena y la treintena. No es lo mismo una noche sin dormir a los 25 que a los 45, ¿a que no? Y tenían el apoyo de la familia extensa, de los vecinos, de esa tribu que se ha perdido. Ahora criamos prácticamente solos y con una exigencia brutal desde dentro y desde fuera, compaginándolo todo con un ritmo de vida inhumano marcado por el sistema productivo. Tampoco se trata de idealizar el pasado, desde luego, que probablemente tenía muchas más sombras que luces, pero al tiempo que hemos ganado algunas cosas, hemos perdido otras que tienen difícil repuesto. Solo queda, en fin, apretar los dientes, aferrarse a los buenos momentos y seguir caminando. Caminar siempre.

  10. Leticia Bragança
    Responder
    21 julio 2018 at 10:56 am

    Soy brasileña y te pido permiso para traducirlo al portugués y compartirlo en mis RRSS, con los debidos créditos, por supuesto. ¡Has dado en el clavo!

  11. Ana
    Responder
    21 julio 2018 at 11:23 am

    Gracias por explicar tan bien lo que se siente, que ya me sentía yo una insensible con corazón de hielo… anda que no pienso yo veces que no hay salida a esto, que en qué mes he metido… es que los días de continua discusión, exigencias , necesidades y etc (7, 4 y 4 años) más el trabajo exigente… convierten la vida en una continua obligación, y además encajarlo con humor y buena cara pues no es posible todo el tiempo, que yo a veces pienso que les cojo maniita, que a veces me caen mal…y ya ni color me queda, ni al gris llego…
    En fin, por lo menos no me siento sola en este sentimiento, porque sobra decir, que tampoco creo que haya que explicarlo, qué quiero todo a mis hijos, y que al final nos vemos obligados a explicar este concepto demasiadas veces.

  12. Noemí
    Responder
    21 julio 2018 at 2:51 pm

    Gracias por tu artículo. Estoy 100% de acuerdo contigo.
    Y aún a pesar de todo, de verdad pienso que echaremos esto de menos.
    Y que igual nos vemos más grises de lo que somos.
    No lo sé. Estoy en medio del caos, quizás no pienso con claridad.

  13. Laura
    Responder
    21 julio 2018 at 3:41 pm

    ¡Muy interesante reflexión! Gracias

  14. Krasty
    Responder
    22 julio 2018 at 8:24 am

    Madre de gemelos…. Lo estoy flipando… Cómo lo llevo? Exactamente como dices, gris oscuro casi negro, pero efectivamente el cuerpo es sabio y pasa el tiempo y lo que recuerdas con más claridad es lo bueno….imagino que es por eso, por lo que hay papás que van a por un segundo, o un tercero 😨… Vendrán otros tiempos como decían por ahí arriba, no sabemos si mejores, pero al menos distintos. Gracias a aquellos que no dejan que se engañe esto con “todo rosa” porque es muy importante ver que no estás solo en este tipo de sentimientos. Un saludo a todos/as

  15. Carmen
    Responder
    23 julio 2018 at 9:29 am

    Madre mía! Es como si lo hubiese escrito yo!! Tengo una hija que en 2 semanas cumple 3 años y un hijo de 17 meses y cuando hablas de Mara veo a mi hija y al hablar de Leo a mi niño…
    100% contigo, son lo que más quiero en el mundo y daría mi vida por ellos, pero a veces fantaseo con como hubiese sido mi vida sin hijos, sería seguro más feliz, y los que vengan con pamplinadas y estupideces tipo; eso es que no los quieres, les respondo lo siguiente: Todo lo contrario, es tal la intensidad, la preocupación y el amor que siento por ellos que probablemente por eso pienso asi, si no los hubiese conocido, si nos lo hubiese tenido.. no sabría lo que se siente, lo que se llega a querer, lo que te absorve la vida la preocupación constante… viviría en la ignorancia de lo que es este amor tan grande y tan profundo y por ello sería más feliz, pero ahora que están ahí Y no hay vuelta atrás mi vida sin ellos no tendría sentido, porque cuando no están y veo sus juguetes tirados por el suelo los echo de menos, echo en falta su ruido, sus risas, sus mamá mamá mamá, sus peleas, sus llantos, el zumo derramado, el mando escondido…
    Luego vuelven a casa y en media hora me tiro de los pelos
    Luego llegan a casa y en 10 minutos v

  16. Esther
    Responder
    24 julio 2018 at 8:20 am

    Perdóname Adrián la expresión que no pretende ni mucho menos ser ofensiva o soberbia, pero o se dice así o no se dice.
    ¿Y qué narices pensabais que era esto de tener hijos? ¿Habías visto algún niño antes que no fuera en televisión? Pues claro que la crianza es intensa, cansada, frustrante en ocasiones…
    Pero hay estamos todos, repitiendo. Por algo será

  17. Yaiza Bon
    Responder
    24 julio 2018 at 3:11 pm

    Soy la madre de una niña de 3 años y un bebé de 9 meses. Comparto tarea con el que hasta hace no mucho era mi novio, mi amante, mi motivo de alegría, mi yo con calzoncillos. Juntos soñábamos viajes, estudiábamos en una mesa limpia y ordenada, salíamos a cenar a buenos restaurantes. Un día nos pareció que podíamos ser unos papis muy guays, que no caeríamos en el mismo hoyo donde cayeron otros. Nos dimos de morros contra el suelo y vaya si dolió. Pero de esto se ve que no aprendimos o bien lo olvidamos o bien en la corriente de pensar primero en ellos y luego en ti, le dimos un hermano. Ahora vivimos atrapados en el día de la marmota. Sinceramente lo llevo muy bien comparado con “papá”, no sé si porque tengo alta capacidad de adaptación/aceptación o porque de llevarlo los dos como él, estaríamos criando a nuestros hijos desde algún centro de salud mental. Yo no sé si esto mejora o se trata siempre del preámbulo de algo peor que le sigue. Solo sé que veo a mi compañero desolado, atrapado, mustio y distante. La paternidad no se devuelve y aunque pudieras, ya es tarde. Le tienes cariño a esos diablos chupavidas. Tu mundo y todo lo que eres o has sido, ya no significa nada sin ELLOS.

  18. María Isabel
    Responder
    26 julio 2018 at 6:15 am

    Hola! Que genial artículo, por momentos me pasa lo mismo.
    Soy Argentina, tengo un hijo de 19 años y una nena de 4 años.
    Y la verdad es que la nena también es muy exigente, exactamente como describir en el artículo.
    Pero lo que yo he llegado a pensar cuando me sentí así, Es que después cuando crecen ya no son más esos niños que eran. Y eso es lo que extrañamos… A los niños que fueron.
    Mi hijo, el de 19, hace mucho que dejó de ser mi novio, y todas sus promesas de vivir para siempre conmigo se exfumaron. Iba a trabajar mucho para regalarme un montón de cosas. Ahora ya tiene su auto y su moto… Y a mí solamente me regala un hola Y un Chau. Me contesta con monosílabos los mensajes de WhatsApp, y muy de vez en cuando se sienta contarme algo de su vida. Hace un tiempo atrás era su mejor amiga, la mujer más linda del planeta, se quería casar conmigo aunque yo fuera su mamá.
    por eso mismo es que valoró los momentos de mi hija Más chica. Aunque también muchas veces tenga ganas de escaparme, el más grande que me recuerda que un día va a desaparecer esa niña, y tengo qué tenerle paciencia y disfrutarla porque ese tiempo no va a volver 😔

  19. María Isabel
    Responder
    26 julio 2018 at 6:20 am

    Hola! Que genial artículo, por momentos me pasa lo mismo.
    Soy Argentina, tengo un hijo de 19 años y una nena de 4 años.
    Y la verdad es que la nena también es muy exigente, exactamente como describís en el artículo.
    Pero lo que yo he llegado a pensar cuando me sentí así, Es que después cuando crecen ya no son más esos niños que eran. Y eso es lo que extrañamos… A los niños que fueron.
    Mi hijo, el de 19, hace mucho que dejó de ser mi novio, y todas sus promesas de vivir para siempre conmigo se exfumaron. Iba a trabajar mucho para regalarme un montón de cosas. Ahora ya tiene su auto y su moto… Y a mí solamente me regala un hola Y un Chau. Me contesta con monosílabos los mensajes de WhatsApp, y muy de vez en cuando se sienta contarme algo de su vida. Hace un tiempo atrás era su mejor amiga, la mujer más linda del planeta, se quería casar conmigo aunque yo fuera su mamá.
    por eso mismo es que valoró los momentos de mi hija Más chica. Aunque también muchas veces tenga ganas de escaparme, el más grande que me recuerda que un día va a desaparecer esa niña, y tengo qué tenerle paciencia y disfrutarla porque ese tiempo no va a volver 😔

  20. Diana
    Responder
    27 julio 2018 at 11:57 am

    Que identificada me he sentido… es cierto que tener hijos es muy bonito, que tiene muchos momentos fantásticos pero otros… y ahí está la cosa, todo el mundo suele idealizar, pocos cuentan como nos sentimos realmente. Lo has plasmado muy bien, hay días o momentos en que te bajarías del mundo.
    Creo que lo que podemos extrañar cuando se hacen mayores es el tiempo que pasan con nosotros o la dependencia que nos tienen, porque cuando creces, hay ciertas etapas, en que parece que todo lo que digan los padres está mal. Son rabietas de adolescencia… dicen que peores pero no se yo, a mi me gusta pensar que diferentes.

  21. Mamá con ojeras
    Responder
    8 agosto 2018 at 6:03 pm

    Dicen que a los 2-3 años se olvida lo que pasaste cuando tu hijo era bebé y por eso muchos padres deciden tener un segundo (o tercero etc). Mi hijo tiene 2 años y 5 meses y yo no olvido. Tengo grabado a fuego el despertarme cada noche entre 7 y 10 veces por la noche hasta el año y medio, sus lloros de “cólico de lactante”, sus siestas de 10 minutos como máximo… Y no quiero volver a pasar por ello. La cosa ha mejorado mucho aunque sus padres seguimos machacados, sin una Red familiar que nos pueda apoyar. Y sigo preguntándome y os pregunto: ¿cómo habéis sido capaces de tener otro? Me hago esta pregunta y me veo como que yo soy una floja, una egoísta o qué se yo.

  22. Teresa
    Responder
    24 agosto 2018 at 10:56 pm

    Creo que depende mucho de los niños en sí. Para mi la crianza es intensa y dura muchas veces, pero también maravillosa. Yo disfruto mucho estando con mis hijos en el día a día, lo que no quita que hay días que cogería la puerta y me iría! Pero son días y no la generalidad. Pero he de decir que, basándome en lo que cuentas, mis tres hijos (6, 4 y 5 meses) han sido y son más fáciles de criar que los tuyos, tener dos hijos de alta demanda y que se llevan poco debe poner la situación al límite.

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