La playa

La playa son mis padres con su nevera azul y su maleta roja que se convertía en mesa con cuatro sillas. La sombrilla en el centro.

La playa es un Renault 11 entre el verde intenso de los arrozales, las ventanillas abiertas, el olor a salitre impregnando el aire, As long as you love me de los Backstreet Boys sonando por el radiocassete del coche.

La playa es pasar por Sueca camino de Cullera, los atajos entre caminos de huertas para evitar el tráfico, el parking del Restaurante El Cordobés donde aparcábamos para ir a una playa que nosotros bautizamos con el mismo nombre, pero que luego, años más tarde, comprobé que cada quien llama de una manera.

La playa es tortilla de patatas y filetes de pollo empanados que sabían mejor que nunca.

La playa es un calipo de lima-limón, mi hermana y yo enterrándonos en la arena, castillos de arena que se derrumban como si fuesen de naipes, carreras para ver quién alcanzaba antes el mar, ahogadillas traicioneras.

La playa es mi padre jugando conmigo durante horas a las palas, a que no caiga, a llegar a 100.

La playa es una pelota de fútbol un poco desinflada. Dos chanclas poniendo límites a una portería imaginaria. Sentirse Zubizarreta haciendo una palomita que acaba con tu espalda sudada sobre una duna, la arena pegada a la piel.

La playa son discman y walkman, libros, siestas en las que el sueño llega al ritmo del rumor del mar.

La playa somos mi hermana y yo en la orilla, hundiendo nuestras manos en la arena, buscando tellinas junto a nuestros padres.

La playa es saltar olas, dejarse vencer por ellas, tragar agua salada, poner cara de haberse comido un limón.

La playa son mis primos. Los pechos llenos de pelo de mis tíos Emilio y Fernando, que a mí me parecía que daban forma a un cojín. Tirarles de esos pelos. Mis tías pendientes de que a nadie le faltase de nada, como camareras de salón de bodas. Postales de felicidad familiar con los colores ya gastados por el sol que muestran a familiares queridos que ya no están, que nos arrebató el tiempo. La algarabía formada por más de 20 personas que no hubiese acallado ni un temporal.

La playa es el engorro de la crema, mi madre desesperada porque no nos estamos quietos y “no hay manera de ponérosla”, las pequeñas quemaduras del sol por no estarnos quietos, el olor a aftersun Ecran, uno de esos aromas capaces de hacernos viajar en el tiempo.

La playa son horas que pasan extraordinariamente despacio, como si alguien pusiese en horizontal el reloj de arena.

La playa es sacudirse la arena antes de subir en el coche, la toalla como cortina de probador para cambiarse el bañador por un pantalón corto, enjuagar cubos, palas y rastrillos, cargar con todos los trastos sin la energía de la mañana. El siempre ingrato ritual de retirada. Mis padres diciendo que irse es lo que menos les gusta de la playa.

La playa es la siesta en el coche en el camino de regreso a casa. El sol en caída libre golpeando con saña en la ventanilla, una camiseta colgada como parasol, el A fuego lento de Rosana en el hilo musical.

La playa es la arena que queda en la bañera de casa tras ducharse. Un pequeño arenal desubicado, fuera de lugar. Su resistencia a irse por el sumidero.

La playa es un cansancio milenario que llega de repente, sin avisar.

La playa son mis hijos jugando en la orilla, saltando olas, avivando con cada palada de arena la nostalgia.

4 respuestas

  1. Roser
    Responder
    13 agosto 2018 at 11:22 am

    La playa es la lucha del hombre contra los elementos: castillos de arena que cada día que pasa resisten mejor las olas, montes de arena húmeda para que no se la lleve el viento.
    La playa es comprender desde el primer momento que la lucha está perdida, que a la naturaleza le hacemos gracia, pero que cuando no miramos vuelve a su cauce.
    En la playa se aprende que el mundo es inconmesurable: toda esa arena, toda esa agua

  2. Leo
    Responder
    13 agosto 2018 at 2:00 pm

    Siempre que te leo pienso q es imposible q te superes. Gracias por despertar tanto,por hacer que cada cosa que escribas conecte con recuerdos, sentimientos…y los devuelva a la vida de una forma casi mágica. ¿Para cuándo un libro?🤗

    P.d: El olor del Ecran tiene un poder casi tan mágico como tus post😜

  3. Laura
    Responder
    13 agosto 2018 at 2:33 pm

    El olor del aftersun Ecran me hace viajar en el tiempo a los veranos de mi infancia, a mi larga familia, a las caras y las voces de los que ya no están, a un tiempo que se evaporó dejando un recuerdo que cada verano busco revivir volviendo a la misma arena y a la misma orilla, pero que ya no son las mismas y nunca lo serán.

  4. Ana Luisa Tejeda
    Responder
    13 agosto 2018 at 6:21 pm

    gracias por traernos esas hermosas imágenes de la infancia y de la playa

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