Nadie dijo que la paternidad fuese fácil…pero tampoco tan difícil

En las últimas semanas la periodista Samanta Villar ha sido objeto de todo tipo de menosprecios por atreverse a cuestionar la maternidad feliz. Como le dijo a la mamá jefa en una entrevista, no es que ella no viva esos momentos maravillosos que brinda la experiencia, sino que ha preferido hablar de los menos buenos, porque de los otros ya habla todo el mundo. Y curiosamente esa reflexión me hizo retrotraerme a una conversación que había tenido semanas antes con tres mujeres a la que os recomiendo no perder la pista (Laura Freixas, Cira Crespo y Silvia Allende) sobre literatura y maternidad y, más concretamente, sobre la ausencia del “yo” materno en la literatura (podéis leer el reportaje que sacamos en el nº8 de Mama). Me decían las tres que la histórica ausencia de la mujer como narradora de su experiencia maternal ha provocado que al final ésta haya sido contada por los hijos, especialmente varones, que en sus libros han dibujado a una madre idílica, abnegada y feliz, generando un mito idealizado e inalcanzable: el de una madre perfecta e irreal creada desde el más absoluto tópico.

Y ese discurso, esa figura de la madre perfecta y feliz, ha calado en la sociedad. Aún hoy. Y uno lo aprecia al ver las reacciones que la gente tiene cuando alguien como Samanta se atreve a cuestionar a ese mito, cuando dice que le ha “sorprendido” la poca información que le había llegado sobre las partes más difíciles de la maternidad o cuando afirma que ha perdido calidad de vida al convertirse en madre. Enseguida nos lanzamos en manada a su cuello en una especie de caza al enemigo, como si fuésemos fanáticos de una religión de la que ella ha renegado. Posiblemente, si no hubiese tenido la conversación que tuve con Laura, Cira y Silvia, yo también me hubiese sumado a la caza de brujas, para qué nos vamos a engañar. Pero ahora miro estas cosas con más reflexión. Y como vengo haciendo desde que estudié la carrera de periodismo (que para algo tenía que servir) prefiero leerme los textos enteros antes de hacer un juicio de valor a partir de titulares sensacionalistas que solo buscan los clics. Como pasó en el caso de Samanta. (Inciso periodístico: es una pena que vivamos en un mundo en el que la calidad y el éxito se miden por clics).

“La histórica ausencia de la mujer como narradora de su experiencia maternal ha provocado que al final ésta haya sido contada por los hijos, generando un mito idealizado e inalcanzable: el de una madre perfecta e irreal creada desde el más absoluto tópico”

Dicho esto yo soy padre, y como me decía Cira, nosotros tenemos a personajes tanto en la literatura como en el cine o la televisión que nos muestran ese reverso amargo de la paternidad, que nos hacen identificarnos con un hombre, y comprenderle en sus acciones, aunque sea un “mal padre”. Ahí está el ejemplo paradigmático de Don Draper, el personaje principal de una de mis series de cabecera, ‘Mad Men’. Es la figura del “mal padre” personificada. Un cabrón. Y lo sabemos. Pero aún así uno empatiza con él. Y hasta le coge aprecio. Mucho aprecio. (Inciso: Seguro que algún día vemos un personaje así de complejo, con tantos matices, en un cuerpo de mujer. Será un paso adelante). Pese a ello, y especialmente ahora que vamos entrando en la esfera de los cuidados, eso no nos hace librarnos de determinados sentimientos, de la constante búsqueda de la perfección, de ser superados por una experiencia que, al menos en mi caso, está siendo mucho más compleja de lo que jamás llegué a imaginar.

La maternidad / paternidad difícil

Creo sinceramente que los blogs estamos contribuyendo, poco a poco, a romper el mito de la maternidad/paternidad feliz y perfecta. Y lo hacemos mostrando nuestro caótico día a día, nuestros errores, nuestros momentos de desesperación. Y se nota que hay ganas de este tipo de testimonios, de sentir que uno no está solo, de empatizar con otros que sienten lo mismo que tú y que, parapetados tras la pantalla de un ordenador, se atreven a decir aquello que en las conversaciones privadas parece casi un sacrilegio o que cuando se habla se hace siempre desde la ironía: lo dura que es esta experiencia. Me he dado cuenta de esa necesidad porque mis posts de desahogo, aquellos en los que exploto y suelto lastre, esos que hacen que este blog sea mi mejor psicólogo, son curiosamente los que más visitas tienen y los que más se comparten. ¿Casualidad?

Y vaya por delante, quien sigue este blog con asiduidad lo sabe, que en él hay mucho de momentos maravillosos, de recrearme en instantes junto a mis hijos que valen una vida, pero esos instantes no dejan de ser pequeños fogonazos en un universo mucho más complejo marcado por el estrés, las prisas, la falta de conciliación y por un mundo que no se para, con la angustia que eso genera, al que de repente sumamos a unos seres indefensos que nos necesitan para todo y que tienen sus propios problemas vitales manifestados en lloros, rabietas, enfermedades, terrores nocturnos, noches de insomnio o problemas con la operación pañal.

“Creo sinceramente que los blogs estamos contribuyendo, poco a poco, a romper el mito de la maternidad/paternidad feliz y perfecta. Y lo hacemos mostrando nuestro caótico día a día, nuestros errores, nuestros momentos de desesperación”

Nadie dijo que la paternidad fuese un camino fácil…pero tampoco tan difícil. Como le decía Samanta a la mamá jefa, por mucho que sabía que la experiencia iba a tener momentos difíciles, jamás “hubiera imaginado que se puede llegar a estar tres años sin dormir, ni que se puede llegar al dolor por agotamiento físico”, ni que ese agotamiento, añado, puede llegar a crear tantos roces y fricciones en la pareja, hacerte tan susceptible, tan dado a sacar las uñas. Tampoco que iba a estar tan expuesto emocional y psicológicamente, ni que me iba a conocer hasta tal punto a mí mismo (con lo difícil que resulta enfrentarse a uno mismo, ponerse ante el espejo, conocer tus límites y tus miserias). Está siendo una experiencia catártica la paternidad. Hasta cierto punto traumática (entendido este trauma como “choque o impresión emocional”). Dura como ella sola. Y siempre ha sido así, solo que nadie contaba las miserias, los recovecos oscuros de una maternidad y una paternidad que son maravillosas, por supuesto, y que nos hacen sacar lo mejor de nosotros mismos. Pero también, a veces, lo peor. Con la culpabilidad que genera y que se carga en la espalda durante horas. Quizás días. Y eso no nos hace peores padres. Todo lo contrario. Solo nos convierte en humanos, alejándonos paso a paso del inalcanzable mito de la madre perfecta, del tópico convertido en mantra de la maternidad y la paternidad eternamente felices.

8 respuestas

  1. laura valle molinuevo
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    28 febrero 2017 at 11:35 am

    Completamente de acuerdo contigo, Adrián, qué bien lo explicas… Por cierto, había leído esa entrevista a Samanta y me gustó muchísimo pues profundiza un poco en esos titulares que hemos leído estas últimas semanas sobre ese tema, pero claro, no sabía quién era la entrevistadora… (creo que no aparece). Gracias a tu blog, que nació cuando mi hijo tenía ya más de un año me he sentido muy acompañada y menos sola, más comprendida, y creo que las madres actuales tenemos esa gran suerte frente a la falta de tribu, como dejáis reflejado en el artículo Maternidad Líquida de Madresfera Magazine. Así que sí, sigue con los post de desahogo, pero que sean eso, siempre un complemento o una parte (pequeña) de esta narración de la paternidad.

    • Lola
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      28 febrero 2017 at 1:03 pm

      Supongo que el problema es precisamente la tribu. No me sorprenden las dificultades (por dios, está criando gemelos, los primeros meses deben ser doblemente duros, más aún que la crianza de un primer hijo). Pero lo peor es que queremos seguir llegando a todo, y a menudo el cuerpo no nos da…

      Pero me sorprende su falta de información, supongo que de ahí las críticas. Vale que se sufre para adentro, que todos los padresabuelosydemás olvidan lo malo y sólo se recuerda lo bueno (a mí me pasa) pero yo tenía muy claro que no iba a ser nada fácil y no me sorprendió casi nada de lo que vino después…supongo que hay niños más fáciles y más difíciles de criar (lo he visto en mis amigos) e incluso de estilos de crianza más fáciles o difíciles (para mí, por ejemplo, el colecho sólo fue opción de los días en que estaba demasiado cansada para llevar al bebé a su cuna y me quedaba dormida con él al pecho…) pero de ahí a decir que no hay información…es casi como decir que no hay información anticonceptiva…

  2. Sara - fincolorado
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    28 febrero 2017 at 2:57 pm

    Yo cuando leí a Samantha Villar pensé: “Madre de dos mellizos de 1 año. Dejadla en paz, que esta mujer puede decir eso y mucho más!” Todo mi apoyo a Samantha y todos los papás del mundo, en los ratos buenos, en los no tan buenos y en los malos. Me parece muy interesante la reflexión sobre los hijos como narradores de la experiencia maternal. Saludos!

  3. Sara
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    1 marzo 2017 at 11:31 pm

    Es que no me creo que nadie le haya contado lo difícil que es ser madre, la verdad es no me la creo. Suelta el pildorazo, se hace publicidad y vende libros. Yo tengo un niño de alta demanda, pero sabía dónde me metía. Soy feliz. Somos felices. Difícil, pero joder, lo hemos elegido nosotros! Eso sí, de padres mártires nada de nada. Salimos a pesar de que no aguanta el carro, lo dejamos con los abuelos el ratito que no se pone a llorar como un bicho, bebemos cuando estamos con los amigos, desdramatizamos las situaciones; si hoy no da tiempo a preparar papilla de fruta, pues se le da un potito (que no pasa nada!); si un día no se baña, te aseguro que no está sucio; si se come un aspito, no por ello va a ser obeso… Lo hacemos lo mejor que sabemos y podemos, pero él también se tiene que adaptar a nosotros, a nuestra vida y no solamente al revés. En fin, creo que somos unos padres imperfectos, pero felices. Antes y después de Juan somos FELICES con mayúsculas. Lo éramos antes y lo somos ahora. Y yo como mujer me siento fenomenal, el trabajo me sirve de evasión y luego cojo a mi pequeño con más fuerza, no me siento ni frustrada, ni superada, ni triste… Y ya te digo, mi mi niño es tela marinera, de altísima demanda.

    • http://delunaresylunas.blogspot.com.es/
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      18 abril 2017 at 11:09 am

      lo veo igual que tú, soltar esa frase que sabe de sobra va a desatar polémica, le ha servido para dar publicidad a su libro, escrito me temo también más que nada para polemizar… se podía haber hecho un “21 días con una madre primeriza” si de verdad no era capaz de encontrar información real y desde todos los ángulos al respecto de otra forma… ains…. bss!

  4. Mi papá es
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    2 marzo 2017 at 7:31 am

    Pues ni defiendo ni crítico a Samantha. Por supuesto que la realidad es dura y maravillosa a la vez. Y nadie podrá imaginar nunca cuanto. Lo que creo que no es del todo cierto, o al menos desde mi experiencia, es que nadie cuente lo duro que es antes de enfrentarte tu mismo. Acaso nadie os dijo aquello de “se acabó el dormir” o “bienvenido al mundo de las urgencias” o cosas como “se acabó tener tu espacio, tu tiempo y tu vida”… Yo tengo casi la sensación contraria. A menudo oigo aquello de que “estando con padres se te quitan las ganas de tener hijos”… Nos quejamos, como es normal, del cansancio, del estrés, de la conciliación… Y también decimos lo bonito, lo divertido, lo especial… Aunque para eso tenemos menos palabras, porque precisamente lo bonito del amor es que es difícil de expresar con palabras y los gestos forman parte de nuestra intimidad familiar. Gracias Adrián por este texto. Siempre soy partidario de conocer las dos versiones

  5. La sonrisa despeinada
    Responder
    2 marzo 2017 at 2:01 pm

    A mí como comentan por ahí, lo único que me rechinaba era lo de que nadie se lo había contado. Lo siento. Hoy en día casi te desaniman más que te animan, empezando por mis padres que al no estar en mi ciudad me advertían lo duro que sería estar solos con los peques, compañeros de trabajo haciendo virguerías por conciliar, amigas/os sin dormir con problemas de cólicos…y suma y sigue. “con lo bien que vivís para que os vais a meter en jaleos” y nos metimos de cabeza, y tan contentos oye, a pesar de los pesares y ya los casi 4 años sin dormir del tirón. Con ganas de gritar y salir corriendo muchas veces, pero muriendo de amor cada vez que los veo.

  6. Anónimo
    Responder
    24 julio 2017 at 1:33 am

    Ser padre, en lo personal, ha sido la peor experiencia de mi vida. La peor de todas. Soy analista de sistemas, me la he pasado toda la vida dedicado a la programación, soy una persona creativa y con metas y proyectos, siempre, desde niño. Siempre pensando, siempre con ideas, siempre creando cosas. Desde que tuve a mis 2 hijos, soy padre de 2, 1 año y 3 años, he conocido lo que significa la ANGUSTIA, y lo pongo con mayúscula.
    Los amo si, claro que si, pero es inmensamente dificil, y no a veces, cada día es un logro inmenso poderme concentrar, porque aparte de todo, trabajo desde mi casa. Si pudiera volver el tiempo atrás, realmente, no los tendría. Y saben ? no es un tema de egoísmo, es que hay trabajos como el mío que necesitan toda la concentración posible, todo el enfoque posible, etc. y si eso no está el trabajo falla, o se demora, o no se hace. No todos trabajamos de 9am a 6pm, mi trabajo implica que esté pensando la mayoría del día, en el baño, comiendo, tomando un café, y en cualquier momento. La inspiración no avisa. En mis epocas de soltero, en esos estados de “no hacer nada”, resolvía cosas, para luego sentarme frente a la computadora e implementar la solución, o simplemente ir corriendo a un papel a anotar “notas”. Ahora, me puedo sentar en la computadora 2 horas sólo para que se me pase la angustia de los 30 minutos anteriores que tuve que compartir con mis hijos un almuerzo, junto a sus gritos, cosas arrojadas al piso, llantos, golpes, los gritos de mujer corrigiendolos, mickey mouse a volumen 25, y un largo etc.
    Estoy completamente arrepentido, nunca me sentí mas deprimido en toda mi vida que desde hace 3 años que tuve a mi 1er. hijo.
    Lamento no ser hipócrita y decir las cosas como son. No tengan hijos, lo van a lamentar de por vida, sobretodo si lo vocacional y sus proyectos para ustedes está 1ero. ¿Está mal acaso tener metas y objetivos?
    Dejarse para un 2do. lugar es insoportable, yo a veces he pensado hasta en pegarme un tiro, y eso que tengo a mi esposa que es adorable, entiende esto, y los cuida la mayor parte del día, van a jardín y todo, y logro tener algunas horas al día solo. Pero el “rato” que estoy con ellos, me alcanza para amargarme el resto del día. No tienen idea lo que son los fines de semana….. trato de acostarme viernes y sabado a las 8am para poderme levantar al otro día a las 4pm y estar con ellos lo menos posible.
    No es porque no los quiera, porque paradojicamente, los miro y me lleno de amor. Pero realmente, estoy sufriendo como un condenado.
    Es insoportable, si hubiera leído algo como esto antes de tenerlos, NO los hubiera tenido.

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