Política (familiar) de Pactos

politicapactosfamiliaAhora que las últimas elecciones locales y autonómicas han puesto aún más en entredicho si cabe el ya de por sí renqueante bipartidismo, hay una expresión que se ha convertido en el pan nuestro de cada día entre políticos y tertulianos (esa especie de periodistas que representa como nadie mi admirado -entiéndase la ironía- Paquito Marhuenda, que aparece tanto en este blog que cualquiera podría pensar que es un personaje más de nuestra familia. Por suerte y para nuestra tranquilidad, no es así). La expresión en cuestión es “Política de Pactos”. Seguro que no la habíais escuchado ninguna vez durante las últimas semanas. ¿A que no me equivoco? Al parecer políticos y tertulianos tampoco. Sólo eso explicaría el afán repentino de unos y otros por repetirla una y otra vez, como si de esa forma recuperasen el tiempo perdido, todos esos años de soberbia y gobiernos autoritarios. A nuestra casa los iba a invitar yo, a los políticos y a los Marhuendas de turno, para que viesen en primera persona lo que significa una verdadera política de pactos.

Porque sí, nuestra casa es una España a pequeña escala. Hasta hace 20 meses, hasta nuestro 15M particular, sólo eramos dos. Los PSOE y PP a nivel doméstico. Hacíamos lo que nos venía en ganar sin tener demasiado en consideración a nada ni a nadie. Teníamos el poder y nadie nos lo iba a quitar. Entonces llegó al mundo nuestra pequeña indignada. Digamos que Maramoto es la Podemos familiar. Una revolución desde la base que socava los cimientos de lo establecido. Un huracán de carácter que viene a cambiarlo todo. A nosotros, que nos creíamos los reyes del mambo. Vaya por delante que nuestra reacción ha sido más propia de Izquierda Unida que de PP o PSOE. Nos hemos dejado absorver por la fuerza del cambio. Pero de vez en cuando, es inevitable, aún damos algunos coletazos sacando al PP-PSOE que llevamos dentro. Entonces se hace imprescindible recurrir a una política familiar de pactos. Acusadnos de chavistas si queréis, pero nosotros pactamos con nuestra peculiar Podemos. Perdonanos, Marhuenda. Por favor. Te juramos que no queremos acabar con la democracia occidental. Sólo pretendemos tener una vida más apacible y llevadera. Sin conflictos.

Es más, te diría, querido Paco, que nuestra casa es más democrática de lo que nunca hasta la fecha lo ha sido nuestro Parlamento. Maramoto, como Podemos, ha crecido en estos veinte meses y con ella su carácter. Su poder de decisión. Digamos que ya está en las instituciones. Ya hay que contar con ella para todo. Y eso conlleva escucharla, aunque apenas entendamos diez palabras de su vocabulario, negociar, pactar, ceder, olvidarse de autoritarismos. Una nueva forma de hacer política (familiar), al fin y al cabo. A veces, las menos, nuestros programas políticos están en sintonía y llegar a entendimientos, a puntos de encuentro, resulta increíblemente sencillo. Por regla general, sin embargo, las negociaciones son arduas y es necesario tirar de paciencia y de voluntad. Hay que estar predispuesto a ceder, a romper con las ideas y los horarios preestablecidos, a asimilar que las cosas ya no siempre serán como uno quiere que sean.

En casa llegamos a pactos tras negociaciones de todo pelaje. Hay veces en que cambiar un pañal se traduce en media hora de tira y afloja. En otras ocasiones, volver a casa sin pasar por el parque implica llegar a compromisos futuros que se deben saldar el día posterior. En casos extremos, vestir a nuestra bebé puede llegar a implicar una negociación que se alarga durante casi tres horas. Tres horas de correr tras una niña desnuda, de darnos unos minutos para reflexionar, de ceder todo el poder para la elección de la vestimenta, de volver a sentarnos, de volver a correr, de volver a reflexionar… hasta llegar a un acuerdo. También entablamos diálogos para subir al coche, para comer, para dormir… Todo se negocia en nuestra casa. Todo se pacta.

No os voy a engañar, la vida es terriblemente difícil desde que nuestra pequeña Podemos llegó al mundo. Todo se ha complicado. Todo se ha eternizado. No hay nada (comer, dormir, bañar, vestir, salir) que haya sido fácil desde entonces. Y, sin embargo, ahora somos mejores. Más transparentes, más pacientes, más dados a escuchar, más empáticos, más solidarios y más dialogantes. Señores políticos y contertulios televisivos, entrad en nuestra casa, entrad en la casa de cualquier familia respetuosa con las necesidades de sus hijos, y aprended lo que significa una verdadera política de pactos. Al menos en el entorno familiar, pactar nos hace mejores.

 

 

 

14 respuestas

  1. 9 junio 2015 at 10:29 am

    Ay qué bueno, Adrián, me ha encantado. Con lo que me gusta a mí la política, esta metáfora me ha chiflado. jaja. Está claro que el cambio ha llegado a vuestra casa.
    Y si lo piensas es verdad. La nuestra también ha cambiado: otro ritmo, otra manera de gestionar, otras políticas. Eso sí que es un vuelvo electoral. Ay que ver cómo cambia todo cuando se introduce el partido bisagra o la tercera vía 😉
    ¡Muy fan de este post!

  2. 9 junio 2015 at 10:53 am

    Pues si os pasa esto con 10 palabras en su vocabulario…prepárate con más. Yo negocio con conversaciones de verdad, y pierdo en cuanto dice “espera un momento mamá ” “un poquito más porrrfaaaavorr” ajjaja

  3. laura
    Responder
    9 junio 2015 at 12:59 pm

    Me ha encantado la metáfora, en parte porque me interesa la política y sobre todo porque me veo bastante reflejada… aunque mi hijo con sus casi tres años y medio hace las negociaciones cada día un poquito más complejas, jejeje… Y toca negociar con el peque, y también con el padre de la criatura (“ayúdale a ponerse el pijama” “si no quiere ponerse el pijama” “no le dejes que nos llame tontos” “lo estamos haciendo mal”…) y con los abuelos que le cuidan al mediodía (aunque mi madre me está sorprendiendo con sus dotes de negociación con la criatura, la verdad). Últimamente mi terremoto no quiere dormir “es la hora de jugar” (da igual que sean las seis y media de la mañana de un sábado) y tampoco cuando ha pasado la mañana en el cole y tiene el tiempo justo de una horita de siesta antes de volver, y le intentas convencer, y se quiere levantar, y sabes que luego estará agotado con todo lo que eso supone…

    Y me ha gustado mucho porque con reflexiones como ésta creo que nos reafirmas a las madres y padres que hemos decidido otra crianza distinta, con respeto, sin imposiciones y “porque soy tu padre, obedeces”. Porque nos recuerdas que no estamos solos en nuestra pequeña lucha del día a día (dura, sí, pero tremendamente satisfactoria).

    • Un papá en prácticas
      9 junio 2015 at 4:39 pm

      Qué alegría que te haya gustado, Laura. La verdad es que quería hablar sobre los pactos y las negociaciones en familia y de repente me di cuenta de que teníamos mucho en común con la política 🙂 No estamos solos los padres que hemos decidido criar así y respetar las opiniones de nuestros peques. Somos muchos, aunque la verdad es que cuesta encontrarse 😉 ¡Un besote!

  4. 9 junio 2015 at 5:48 pm

    Me apunto al aplauso: has clavao la metáfora.
    Solo un apunte: el PP y el PSOE no sienten ni el más mínimo afecto por Podemos. Y no digamos vicerversa! Seguro que eso les complica mucho los pactos.

    “Con un poco de azúcar esa píldora que os dan…”

    • Un papá en prácticas
      10 junio 2015 at 10:44 am

      Más afecto hace falta entre nuestros políticos, sin duda, para parecerse a las familias 😉

  5. 9 junio 2015 at 6:18 pm

    Jajaja, me ha encantado. Aunque tengo que decir que a estos niños nuestros les falta aún un poquitillo de aplomo para llegar a la altura de Colau o de Carmena.

  6. 9 junio 2015 at 10:45 pm

    Con mi bichilla aún no hay pactos que valgan. Lo peor es que hemos pasado de un bipartdismo viciado a una dictadura nada democrática. En fin, que ya irá adquiriendo más capacidades y el diálogo, antes o después, llegará.

    • Un papá en prácticas
      10 junio 2015 at 10:45 am

      Pareces Paco Marhuenda metiendo miedo con el ascenso al poder de nuestros hijos. Ahora va a resultar que quieren acabar con las democracias occidentales-domésticas 😀

  7. 17 junio 2015 at 5:09 pm

    ¡Doy gracias por encontrarte! Creo estar oyendo a mi pareja mientras te leo aunque él no lo dice (la falta de tiempo y tal, ya sabes)Yo nunca digo que mi hijo sea AD, a veces dudo, a veces quiero creer que no,a veces temo estar”malcriandolo” y que por eso sea así… Yo digo que es “ísimo” cuando se endada está enfadadísimo, cuando se ríe es exageradísimo y así con todo.Dormir si nos deja (desde que cumplió un año más o menos y empezó a andar) eso sí, nunca antes de las 12 de la noche y cada día se despierta a una hora,bañarlo de noche está descartado por que le espabila y es peor,intentar arrancar un negocio con él en casa es tarea casi imposible ( tardo 2 horas en hacer algo de 15 minutos),ahora además está en fase extra energía y da patadas, no come y no entiendo de dónde saca esa energía.La siesta hay que “obligarlo” a dormirla porque si no, él sigue y sigue hasta que está agotado y ya tenemos pollo.
    Es horrible vivir entre gritos y estrés, con la gente a tu alrededor preguntando ¿y para cuando el hermanito? y los cercanos con el “LLévalo a un médico por que a este niño le pasa algo” con sus caras de preocupación.
    La pareja no existe, no nos vemos y cuando estamos juntos todo son peleas (papá llega a las horas de sueño del peque). Vamos, que te dan ganas de coger la maleta un día, marcharte a Pernambuco y cambiarte hasta de nombre, entonces se te acerca, te da un abrazo y te dice “perdón no quise hacerte daño” por una patada que te había dado hace media hora, y ves que vale la pena, solo que estás cansada…
    pd: Espero que esto mejore de cara a la adolescencia porque miedo me da…

    • 17 junio 2015 at 5:10 pm

      No sé que ha pasado pero este comentario era para otro post… 🙁

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