Postergarse

postergarse

Hace un par de fin de semanas andábamos pasando el domingo con nuestra pequeña tribu por el centro de Madrid, epicentro español de la contaminación. “X lleva una semana fatal”, dijo su mujer. Y la mamá jefa tardó un nanosegundo en decir que yo estaba igual, algo que por otro lado era cierto. Tan cierto como que no me aguantaba ni yo. “Es que no tengo tiempo para hacer nada mío”, dijo X, que es una de las personas más pacientes y tranquilas que conozco, un tipo zen que ha estado un año de excedencia para cuidar de su peque y que ahora sigue acogido a una reducción de jornada para estar en casa a mediodía. “Te pasas el día sin parar y luego llega la noche y entre que dormimos a una y a la otra, que ahora solo se duerme conmigo, nos dan las 12 de la noche. Y ya no tenemos tiempo para nada. Otro día más en la oficina”, concluyó su reflexión.

Otro día más en la oficina. Lo bueno de tener una tribu de padres con visiones de la crianza similares a la tuya y con hijos en edades parecidas a los tuyos, que atraviesan el mismo sendero de alegrías y penas que es esta primera etapa de la paternidad, es que es imposible no sentir empatía cuando te cuentan sus dolores de cabeza; y no sentirse comprendido cuando tú les cuentas los tuyos. Supongo que los problemas de los padres en Occidente, a poco que te impliques en la crianza de tus hijos y quieras ofrecerles tiempo (y no solo las migajas, también conocidas ahora bajo el manido eufemismo del “tiempo de calidad”), son universales. Y el principal, sin lugar a dudas, es la falta de tiempo. Es curiosa la paradoja.

A mí es algo que por momentos me quema mucho. No ya el no tener tiempo para ir al gimnasio, salir a correr, apuntarme a un curso de escritura creativa o pegar cuatro raquetazos, que también (aunque esto uno lo asimila mejor, sabe que es cuestión de unos años, que también esto pasará y volverá a recuperar tiempo para ello). Lo que más me quema es no disponer del otro tiempo. Del tiempo de sentarme a las 21:30 en el sofá con la mamá jefa, con los niños ya dormidos, y tener una horita para nosotros, para hablar, para ver abrazados un capítulo de una serie, para leer las páginas de un libro, en un silencio que ya me parece utópico, antes de cerrar un nuevo día en la oficina con el despertador puesto a las 5:00 de la madrugada.

La mayoría de los días a las 21:30 tenemos a Mara dormida. Pero con Leo nos dan las 11 de la noche día sí y día también. Da igual que duerma o no siesta por la tarde. Es hacerse de noche y activarse (más todavía). Y después de una noche previa toledana y de un día de carreras, de estrés, de intentar sacar el trabajo con un bebé subido en las rodillas, cuando él se duerme a nosotros apenas nos quedan fuerzas para ver cinco minutos de una serie o leer media página de libro antes de caer rendidos, ya que para hablar, llegados a este punto, ni tenemos fuerzas. Otro día más en la oficina.

“Nadie te advierte lo duro que es no dormir, renunciar a vos mismo a cada rato, postergarte”, escribe Pedro Mairal sobre la paternidad en ‘La Uruguaya’. Postergarse. Justo esa es la palabra.

La paternidad, al menos en este primera etapa, es precisamente eso, postergarse.

5 respuestas

  1. Enrique
    Responder
    28 noviembre 2017 at 8:21 am

    Qué identificado me siento ;), y qué buena definición esa final. Eso me dice Vanesa, que todo pasará… Pero cuando los días se hacen largos es inevitable preguntarse «sí, ¿pero cuándo?». Y arrastras de un día para otro la esperanza del «hoy seguro que sí, hoy sacamos una horita para nosotros». Pero incluso si ese día aciertas y se duermen las dos temprano, te das cuenta de que ya no te quedan fuerzas ni para sobrevivir una hora en el sofá, porque tu cuerpo tiene necesidades que no comparte tu mente, y te duermes…

    En fin, que «todo esto también pasará». Habrá que tomárselo con filosofía y disfrutar de ellos ahora que podemos. No se cómo, pero seguro que algún día lo echamos hasta de menos 😉

  2. Teresa
    Responder
    28 noviembre 2017 at 9:34 am

    Me imagino lo duro que es no tener ni una hora al día para tí o para la pareja. Nosotros tenemos la suerte de que desde bebés recinen nacidos les hemos acostado temprano (otra cosa es cuántas veces se despertasen cuando eran pequeñas) pero a las 8.30 estaban en “modo noche”, en la cuna, luz apagada…me imagino que por una mezcla entre las rutinas, y que ellas lo han permitido así, hemos conseguido que se duerman pronto, y a día de hoy, con 5 y 3 años, antes de las 9 están en la cama, y a las 9 dormidas, después de cuentos, achuchones y algunas risas.

    Tampoco ha sido fácil, ahora flexibilizamos horarios cuando tienen vacaciones porque son más mayores, pero mucha gente no entendía por qué cuando eran más pequeñas, en verano las acostábamos de día, fuese día entre semana o sábado. Y a nosotros también nos costaba irnos de donde estuviésemos a las 7.30 para que nos diese tiempo a seguir la rutina! Es un sacrificio también. Pero hemos tenido la suerte de que ha sido un sacrificio que nos ha funcionado, y hemos conseguido que se duerman pronto a diario.

    Y es que después de todo el día de llevar al cole, ir a trabajar, recoger del cole, pasar la tarde con ellas, baños, cenas…ese ratito los dos (o solo) es cierto que da la vida. A ver si poco a poco conforme crezca el peque vais recuperando ese espacio.

  3. Antonio
    Responder
    28 noviembre 2017 at 11:10 am

    Tal cual, compañero!

    Aquí os familia más subida a ese carro de la “oficina”, sin tiempo para respirar y agotados por el camino.

    Esos momentos de felicidad efímera y esos ratos de tribu son los que a mí me animan para pensar eso de “ya pasará”.

    Y luego lo echaremos de menos…. Seguro….

    Un abrazo

  4. Zora Groothuis
    Responder
    28 noviembre 2017 at 12:56 pm

    Me ha encantado el término. Postergarse. Totalmente identificada.
    Me ha traído al recuerdo esta “carta abierta”: http://www.huffingtonpost.es/catherine-dietrich/carta-padres-treintaneros_b_10984600.html

  5. Claudia
    Responder
    28 noviembre 2017 at 1:05 pm

    Totalmente identificada y en mi caso mellizos varones de 2 años, realmente no hay tiempo ni fuerzas para nada más.

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