Profesores que marcan vidas: Abdón

Abdón fue mi profesor en el instituto. En el Instituto Enric Valor de Silla. Él llegaba al pueblo en tren y caminaba desde la estación hasta el instituto. Vivía en Valencia. Yo iba andando. Recogía a mi amigo Juan, que vivía dos portales más allá del mío. Luego recogíamos a mi primo Jorge, que desde su balcón se asomaba al instituto. Y los tres juntos, a las 8:30 horas de cada mañana lectiva, entrábamos en un edificio que estaba a menos de 200 metros de mi casa.

Si no me falla la memoria Abdón fue profesor mío en 4º de la ESO y en 1º de Bachillerato, aunque igual me equivoco. Es posible que me equivoque. Ha pasado ya media vida de aquello. Durante un curso fue mi maestro de Historia. Durante otro, creo recordar, de Ética, que era la asignatura que escogíamos los que queríamos escapar de las garras de la religión y que hasta su llegada siempre fue un vacío en el currículo académico, una hora muerta que cada uno llenaba como buenamente podía.

Abdón era bajo. O al menos lo parecía en una clase llena de adolescentes de 1’80 de altura. Se movía con desenvoltura en la clase, siempre gesticulante. Su pelo, que de una forma milagrosa disimulaba una calvicie incipiente, coronaba un rostro difícil de explicar, un rostro que no invitaba a definiciones y que hacía que su edad fuese un misterio, algo indescifrable, aunque todos creyésemos que no le quedaba mucho para la jubilación. En toda mi vida académica Abdón solo me impartió dos asignaturas. ¿Cuántas horas son esas? ¿Qué representan esas horas en 14 años de escolarización? ¿Qué porcentaje? ¿Puede un profesor que apenas te dio dos asignaturas marcar de alguna forma tu vida?

Abdón marcó mi vida. Y hasta le sobró la clase de Historia. Le bastó con ser el tutor de Ética durante el año en que cursaba 4º de la ESO. De repente Ética empezó a ser interesante. Abdón hubiese sido hoy un profesor de vanguardia. Lo fue en su época, pero igual hoy, con el boom de las nuevas pedagogías, hasta hubiese escrito un libro. Hoy los profesores son las nuevas estrellas del rock. Abdón tenía poco de estrella del rock. Llegaba cada día a clase con su cartera y en ella solo traía un tema de actualidad. Debatíamos sobre él, con la energía revolucionaria de la adolescencia, y luego, a modo de deberes, nos pedía que para la clase siguiente escribiésemos un breve artículo con nuestra opinión que teníamos que leer en voz alta. Abdón fue la primera persona que me dijo que escribía bien, que plasmaba con mucha facilidad mis ideas sobre el papel. Nadie me había hecho escribir hasta entonces. Probablemente nadie me había hecho tampoco pensar. Memorizar siempre ha premiado más que pensar en la educación española. Diría que Abdón, a través de su clase, me hizo interesarme por el periodismo. Por leer prensa. Por leer a articulistas. Y sin darse cuenta, o quizás sí, prendió una llama en mí. Yo no lo sabía, pero es posible que entonces empezase a ser periodista.

No lo sabía porque estaba convencido de estudiar Administración y Dirección de Empresas. Se me daba bien economía en el instituto y mi profesora, Elvira, me empujaba hacia un camino que prometía buenas salidas. O quizás no tantas. Luego, con la nota de la selectividad en la mano, la mecha que Abdón había prendido en mí pudo más que cualquier cálculo estratégico de futuro. Recuerdo cuando les dije a Elvira y a mi profesor de Lengua y Literatura (¿Marcelino? Se me empiezan a olvidar los nombres de mi pasado) que había elegido estudiar periodismo. Sus caras de circunstancias. Su pesimismo mal disimulado. “Bueno, seguro que te va bien”, me decían con la boca pequeña. No vi a Abdón. Me hubiese gustado ver a Abdón. Y contarle que había elegido estudiar periodismo. Decirle que a él le debía en gran medida la elección, el futuro profesional que se abría ante mí, ese futuro que nunca parece tan prometedor como cuando tienes 18 años y todavía eres un libro en blanco con todas las páginas por escribir.

Sabía que ser periodista era un camino difícil. Ya nos lo dijeron el primer día de carrera: “si habéis venido aquí pensando en haceros ricos, os habéis equivocado de profesión”. Lo sabíamos de antemano. Como sabíamos que solo unos pocos de los 80 alumnos de la clase acabaríamos dedicándonos de alguna u otra forma al periodismo.

No sé si Abdón seguirá vivo. Si tenía la edad que estimábamos cuando éramos sus alumnos, hoy habrá superado la barrera de los 70 años. Me gustaría pensar que está vivo. Me gustaría ver a Abdón. Y decirle que gracias a él estudié periodismo. Que no fui el más brillante de mi promoción, desde luego que no, pero que fui persistente. Que incluso siendo funcionario y teniendo una estabilidad seguí buscando el camino que él me había marcado, la vía del periodismo. Que me casé con una mujer preciosa también periodista. Que tengo dos hijos pequeños maravillosos. Que no soy rico, por supuesto. Todo lo contrario. Soy un periodista precario, como lo son la mayoría de periodistas, que aún así y pese a todo no dejan tirada a una profesión a la que aman. Me gustaría decirle a Abdón que no me he rendido y que siempre he seguido buscando el modo de mantener con vida la llama que él prendió en mí. Me gustaría decirle que hoy soy periodista freelance y que me publican con asiduidad en El País. Que hay gente, que me debe querer mucho, que dice que de tanto persistir me he creado una marca personal. Marca personal. Qué concepto. Gente que me ha empujado a crearme una web profesional para ofrecer mis servicios como periodista freelance. Me gustaría enseñarle a Abdón la web que me ha creado mi amigo Raúl de Livire.es, que tiene tanta paciencia conmigo como él. Y decirle que dentro del código html de esa web, de ese lenguaje que me resulta indescifrable, seguramente haya una línea imaginaria en la que pone, en mayúsculas, su nombre.

5 respuestas

  1. Roser
    Responder
    5 junio 2018 at 6:45 pm

    El mío era Josep Gago. Enseñaba griego y me impulsó a la educación (eso lo tenía claro yo desde hacía muchísimo tiempo) secundaria (yo no sabía si escoger la primaria: suerte que no lo hice, porque tengo más paciencia para los adolescentes que para los niños).
    También hubo una profesora de ética, de cuyo nombre no me acuerdo, que nos enseño qué cosa eran las falacias.
    Y una de lengua, que me demostró cómo hay que amar a los alumnos.
    Y una de historia, estricta, pero justa.
    No sé, soy profe. Supongo que por la gran cantidad de modelos que encontré.

  2. Quierovivirte
    Responder
    5 junio 2018 at 9:11 pm

    Y a mí que después de leerte solo se me ocurre decir algo tan poco fino como “joder, qué bonito”. Eso y que Abdón es tremendamente afortunado. Enhorabuena a ambos.

  3. Cecilia Gómez del Pino
    Responder
    5 junio 2018 at 9:30 pm

    Una historia muy entrañable.
    Yo que soy seño y enseño y a veces piensas que no te escuchan, pero lo hacen!
    Creo que Abdón plantó en ti una semilla, que con el paso del tiempo ha dado su fruto.
    Buen post.

  4. Antonio
    Responder
    7 junio 2018 at 8:14 pm

    Precioso, Adrián.

    Yo he tenido varios de estos profes especiales, por suerte. Principalmente 2: Mari Carmen y Eva. La historia de la primera se parece a la tuya. Ella conseguía que la clase de ética fuera la mejor de las asignaturas, que es mucho decir. Y gracias a Eva estudié matemáticas.

    De Eva no sé ni creo que pueda saber nada…. Pero de Mari Carmen sé que se ha jubilado y me encantaría saludarla, presentarle a mis peques, darle un abrazo y sobre todo, darle las gracias….

    Grande, amigo. Nunca me canso de decírtelo 😘

  5. Mari Carme R.
    Responder
    9 junio 2018 at 8:46 am

    ¡Qué recuerdos! GRANDE Abdón y GRANDE tú Adri.

Deja un comentario

* Rellena todos los campos

En cumplimiento de la legislación española vigente en materia de protección de datos de carácter personal y del reglamento europeo RGPD 679/2016 le informamos de:

Responsable: Adrián Cordellat + info

Finalidad: Gestión del envío de información solicitada, gestión de suscripciones al blog y moderación de comentarios. + info

Legitimación:: Consentimiento expreso del interesado. + info

Destinatarios: No se cederán datos a terceros para la gestión de estos datos.

Derechos: Tiene derecho a Acceder, rectificar y suprimir los datos, así como otros derechos, como se explica en la información adicional. + info

Información adicional:: Puede consultar la información adicional y detallada sobre Protección de Datos Personales en mi página web unpapaenpracticas.com + info