Tiempo y paciencia: Esto no es una wishlist navideña

La gente acostumbra a pedir deseos con el cambio de año, como si el día 1 de enero no dejase de ser el 32 de diciembre, como si de repente, tras comerse sin atragantarse las doce uvas, su vida fuese a cambiar para mejor por arte de magia. Hay muchas expectativas puestas en el año nuevo. Luego pasan los meses y la mayoría de ellas no se cumplen, pero tampoco es algo que nos angustie porque siempre hay otro año nuevo en el que depositarlas. Yo confío más en Papá Noel, que hasta la fecha, que yo recuerde, nunca me ha fallado. Imagino que porque nunca he depositado en él tantas expectativas. Supongo que porque nunca le he pedido más dinero, más amor, más salud y más felicidad, que es lo que suele pedir la gente, así en genérico, cuando cierra los ojos y se concentra en visualizar sus deseos. Y me resulta curioso lo de la felicidad, porque es algo tan subjetivo que parece que nunca llegamos a alcanzarla del todo, que se nos escapa entre los dedos, que nunca somos todo lo felices que se supone que deberíamos ser. Cuánto daño ha hecho Mr. Wonderful.

Yo tengo dos deseos, pero no los voy a pedir cerrando los ojos tras engullir las doce uvas. Ni siquiera se los solicité por escrito a Papá Noel. Hubiese sido exigirle demasiado, trasladarle una responsabilidad que no le corresponde. Estos deseos forman parte de mi debe, así que más que deseos son cosas que me exijo a mí, que soy el que debe encontrar soluciones para tener más tiempo y para recuperar la paciencia, el humor, la calma. Por eso este post no es una wishlist navideña, sino un recordatorio de tareas pendientes como padre imperfecto. Cada vez más imperfecto. O quizás cada vez más consciente de su imperfección. Y de que la perfección no existe, sino que solo es una meta inalcanzable que nos ponemos mientras cargamos con la culpa sobre nuestras espaldas.

Ha sido un fin de año difícil el nuestro. Con el despido, el estrés de las fechas de entrega, el nacimiento de Leo en medio de una vorágine de trabajo, la falta de sueño, el ingreso de nuestro bebé con bronquiolitis, la ausencia de tiempo, las explosiones emocionales de una niña de tres años… Y aunque sé que a la mamá jefa le suena a justificación barata, de oferta 3×2 del Carrefour, creo que la suma de todo ello ha menguado mi paciencia hasta límites insospechados, hasta el punto de tener la sensación de estar siempre de uñas, de saltar a la mínima, de hacer desaparecer todo rastro de empatía. Hasta el extremo de querer huir por momentos de este caos de vida, de pensar que quizás yo no nací para ser padre. En ese sentido, me ha tranquilizado leer la entrevista que la mamá jefa le ha realizado a Carles Capdevila (podréis leerla la semana que viene en Madresfera) con motivo de la reedición de su libro ‘Parir con humor’, que vio la luz por primera vez en el año 2000, “en un momento de desbordamiento”. Dice el autor que mira de “forma entrañable a aquel Carles que estaba agobiado (…) muy metido en el túnel” con sus dos primeros hijos pequeños. Y me siento identificado hasta la médula con él. También con su idea de que la paternidad “es la experiencia más transformadora, más apasionante y más dura a la que me he enfrentado nunca”. Siempre hablo de lo mucho que me ha transformado mi paternidad. Por momentos, especialmente en estos últimos tres o cuatro meses de año, está siendo dura como ella sola.

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Y los pensamientos que comentaba antes, aunque me jugaría un brazo a que los tienen el 99´9% de los mortales, me hacen sentir mal, porque ese 99´9% de las personas nunca lo va a verbalizar, porque no nos educan para tenerlos, porque nos han enseñado que debemos ser perfectos (o al menos aparentarlo) y que debemos ser felices ante todo. Y llegados a este punto estoy un poco harto de las apariencias. Y de la felicidad impuesta. Y creo que los padres que vengan por detrás merecen saber que tener un hijo te brinda momentos maravillosos, pero también otros muchos que no lo son tanto. Y que hay que aceptarlo. Como aceptamos nuestras debilidades. Y nuestras carencias. Y que tenemos que intentar ser mejores cada día, por supuesto. Pero no martirizarnos por nuestros errores, ésos que nos impiden alcanzar la perfección que nos hemos puesto (o nos han puesto) como meta.

Creo que los padres que vengan por detrás merecen saber que tener un hijo te brinda momentos maravillosos, pero también otros muchos que no lo son tanto. Y que hay que aceptarlo.

Jamás huiría sin la mamá jefa y sin mis hijos. Lo son todo para mí. Y, por supuesto, no me arrepiento de tenerlos. Todo lo contrario. Pero aún así es imposible evitar que esos sentimientos de huida, en momentos puntuales, pasen por tu cabeza. Y quiero pensar que eso no nos hace peores, aunque sí nos haga sentir mal. Como nos hace sentir mal no tener todo el tiempo que quisiéramos para jugar con nuestros hijos, para tumbarnos con ellos en el suelo y hacer todas esas cosas chulas que ves a través de Instagram que hacen otros padres y madres. Familias tras cuyas fotos seguro que también hay una casa que es una locura y días en los que uno querría desaparecer del mapa, aunque eso no venda tanto en este mundo de apariencias. A veces pienso que internet nos ha puesto las expectativas a los padres muy altas. Demasiado. No me imagino a mi padre con estos dolores de cabeza, la verdad.

Sea como sea, quiero ser mejor, que mejorar sí es algo intrínsecamente humano. Y para ello pido tiempo y paciencia. También más humor y más calma, porque como dice Carles Capdevila, es importante estar informados, “pero ante todo tranquilos, con una actitud positiva. Con humor”. Me lo pido a mí. Y se lo pido a quienes me acompañan en este viaje, que son quienes al final pagan mis días malos y mi estrés desbocado. A 2017, por pedirle algo, le pediré más realidad y menos apariencias. La vida es lo que es, aunque nosotros la disfracemos en nuestra utópica búsqueda de la perfección y la felicidad permanente.

¡Nos leemos en 2017! ¡Que tengáis un feliz año (a vuestra manera)!

 *El fotón que abre este post es de Nieves Sánchez, que sabe captar el alma de Mara como nadie.

14 respuestas

  1. Avatar
    Roser
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    28 diciembre 2016 at 11:21 am

    Tener dos es de locos. Cierto que da pie a fotos chulérrimas, pero es solo porque tratando de compensar al mayor por la exclusividad perdida (y al menor por toda la dedicación que nunca tendrá) acabas haciendo montones de cosas con la cámara en la mano (para poderlas revisar y tener la sensación de que en realidad lo estáis pasando genial; yo lo llamo “crear recuerdos”).

    Yo he hecho galletas, madalenas, me he tirado en trineo, hemos decorado árboles (así en plural) de Navidad, nos hemos subido a trenes de juguete… todo desde que son dos.

    Ánimo, que todo se supera!

    • Avatar
      Roser
      Responder
      28 diciembre 2016 at 11:22 am

      Ah! Y las ganas de huir me duraron al menos hasta los 6 meses! 😖

  2. Avatar
    Nekane
    Responder
    28 diciembre 2016 at 12:24 pm

    Buenos dias! No suelo escribir nunca pero siento que lo que dices esta muy cerca para mi todavia. ANIMO! Cada dia es un poco mas faci! Y pasara, aunque ahora os parezca que no. Mi retoño tiene casi un año y seguimos en el caos, pero en ese caos controlado de la maternidad. Por fin disfruto de los dos! Ambos han aprendido a vivir en nuestra familia y todos nos sentimos mas tranquilos y felices. Solo queria decirte eso, que sera mas facil a partir de los,6 meses y de ahi ya todo cuesta abajo 😉 . bueno…eso y que a veces es mejor huir 10 minutos que explotar como una bomba. Nosotros en esos momentos, usabamos el divide y venceras! Nos separabamos y cada unos se llevaba a uno y respirabamos. Lo dicho!Animo y feliz año nuevo

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    Vinyet
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    28 diciembre 2016 at 1:01 pm

    Bravo Adrian! Peazo post, lo comparto!

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    Emi de MaMá OriEnta
    Responder
    28 diciembre 2016 at 1:38 pm

    Huir, justo unos minutejos antes estaba pensando en eso cuando me han preguntado ¿qué te has pedido para reyes? Huir un día a la semana, aunque sea unas horas al día. Feliz 2017. Muak

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    eva
    Responder
    28 diciembre 2016 at 3:37 pm

    Totalmente de acuerdo contigo. Quien no querrïa escapar en algún momento a otro sitio solo por respirar hondo y tranquilizarse. Nos exigimos demasiado ( yo soy consciente desde que Enma tenia un año y ya son tres los que hizo) pero no somos capaces de parar. Yo lo intento pero es muy dificil. Si que he conseguido en alguna cosa pero es muy difícil. Un día me desahogue con mi hermana y me dijo “por lo menos eres consciente de lo que no te gusta como haces y eso es muy importante, porque con el tiempo lo cambiaras”. tiene razon pero te sientes tan mala madre que crees que lo haces todo mal. Yo se que son etapas pero nunca ves el final. Mucho animo y como me dijeron ” ver el error es la forma de cambiar, no etas ciega”
    Mucho animo que todo pasa.

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    Vanesa (Una madre como tú)
    Responder
    28 diciembre 2016 at 3:37 pm

    Lo comentaba el otro día con una mamá del blog, que es escribió muy agobiada. Ser madre (padre) de dos eleva la dificultad y la exigencia hasta niveles insospechados, y se hace durísimo. Es maravilloso y tremendo a partes iguales. Yo todavia no he sido capaz de verbalizarlo, aún estoy aprendiendo a sobrellevarlo. Un abrazo muy gordo y cariñoso a los dos.

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    Raquel Climent
    Responder
    28 diciembre 2016 at 3:45 pm

    Eres muy grande! Verdades como puños! Nosotros también somos papis en prácticas, y leerte siempre nos ayuda! Gracias!

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    Mireia
    Responder
    28 diciembre 2016 at 9:17 pm

    Mucho ánimo Adrián! Desde luego que no eres el único que te sientes así en el mundo, no te culpes por ello. Aunque cueste. Piensa en ti, en buscar La Paz interior que te hará disfrutar más del caos inevitable. Porque solo pensando en ti, cuidando de estar bien, es como podrás estar bien con todo. Y sacar el humor es fundamental. Lo importante y lo mejor lo tienes, que es tu familia. Del resto, que hay pa llorar, hay que saber reír. Y no hay muchos más secretos.

    Vamos a por un 2017 mejor! 😉

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    Nieves
    Responder
    29 diciembre 2016 at 2:53 pm

    Yo estoy convencida de que todo es fruto del cansancio. Cuando estás más descansado, esos pocos días al año, todo se vive de otra forma, con más paciencia y tranquilidad. ¡Ánimo, que con dos, es otra liga! Aunque hay que esperar a que sea un poco mayor…

    Mil gracias por valorar tanto las fotos que os hago, ¡¡sabes que lo hago con amor!!

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    Nazareth
    Responder
    29 diciembre 2016 at 4:28 pm

    Amén!!

    Yo soy de las que ha pensado más d euna vez en dejar a los niños en la puerta de un convento… Así que te entiendo perfectamente. Igual que entiendo lo que dices de internet y de las familias perfectas y yo miro a mi salón que tiene juguetes hasta en los sitios más insospechados y no sé cómo lo hacen. O como sus niños aguantan vestidos de banco una sesión de fotos, o como se quedan quietos para una foto…

    Sé que suena a consejo de libro de auoayuda barato pero te lo voy a dar de todas formas: dentro de 20 los peques no se van a acordar d ela ropa que llevaban o de lo recogido que estuviera el salón, sólo se van a acordar del tiempo que pasaron con sus padres. Así que trata de olvidar los problemas y pasa tiempo de calidad con esos dos bombones que tienes.

    Un saludo y os deseo un montón de cosas bonitas para este 2017!

    https://nadiemelodijoblog.wordpress.com/

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    Lucía
    Responder
    30 diciembre 2016 at 10:59 am

    Como siempre, gracias por expresar tan bien la paternidad, y por decir en voz alta eso que muchos pensamos, que lo de la felicidad se nos ha ido de las manos, que no se puede ser feliz todo el rato y no pasa absolutamente nada. Antes siempre deseaba que mis hijos fueran felices pero he cambiado de idea. Creo que es mejor que aprendan a gestionar la realidad, y mirarla con alegría y sepan ver lo bueno en cada momento malo que les toque vivir. Creo que va a ser más útil. Mucha suerte en 2017 para ti y tu familia!

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    Enrique
    Responder
    31 diciembre 2016 at 12:43 am

    Como dice la frase tópica de cultura barata «un gran poder conlleva una gran responsabilidad» y, por suerte o por desgracia, a nosotros nos ha tocado vivir con el poder de la información. O del exceso de información más bien. Con ella viene de la mano una presión añadida en cada pequeña decisión que debemos tomar con respecto a la vida de nuestros hijos, y eso pesa. Y la información no viene sólo en forma del último estudio tuiteado por Julio Basulto, que también, sino además en forma de todas esas fotos de padres y madres modelos de Instagram que mencionas. Porque Mr. Wonderful es lo que es: filosofía del todo a cien para arrancar una sonrisa fácil, pero esos padres que fingimos ser en Instagram… Esos sí que pueden hacer daño.

    Lo bueno de todo esto es que a través de Internet también llegamos a veces a la intimidad de unas pocas familias más, tan desastrosas en el calor de su hogar como nosotros mismos, con discusiones gemelas de las que mamá y yo tenemos en nuestro día a día, con ojeras y dolor de espalda… Y mira, eso antes tampoco lo teníamos, cuando la única realidad que nos llegaba era la de esa vecina cuyo sobrino duerme del tirón y se termina el plato con cuchillo y tenedor.

    Un abrazo fuerte, amigo.

  13. Avatar
    Emma
    Responder
    9 enero 2017 at 3:56 pm

    Yo tengo clarísimo que no soy la madre perfecta, pero la verdad es que no me agobia. Sí que me paro a pensar muchas veces e intento cambiar lo que está en mi mano, pero no me torturo por ello. Y en momento más bajos, pienso: mis hijas me adoran, yo las adoro a ellas, son buenas niñas, alegres, sanas, disfrutonas…tan mal no lo estamos haciendo.

    Cuando nosotros tuvimos la segunda la suerte se puso de nuestro lado, porque la peque, los primeros meses, era santa. Dormía toda la noche seguida desde casi el principio, no lloraba nunca, pedía teta cada 3-4 horas, y el resto del tiempo dormía o se reía. Así es que eso lo puso todo mucho más fácil, porque la mayor no notó tanto cambio así. Y yo de baja, así es que esos meses fueron muy buenos para nosotros. Luego cuando volví a trabajar, y con la segunda que ya gateaba, y era mucho más inquieta, pues para mi mucho más cansado, pero aún con sus momentos normales de estres, que los tenemos todos, en global siempre lo hemos disfrutado y lo disfrutamos. Eso no quita que, como dices, hay días que cogerías la puerta y te irías. ¿Y sabes de qué me dí cuenta? Que si tienes con quien dejar a los peques, tu mujer, abuelos, lo que sea, irse aunque sea una hora a que te de el aire sienta de lujo y te hace ahorrarte un par de gritos que sí que darías si te quedas. Y que tampoco por eso eres peor padre.

    Creo que en vuestro caso se han juntado muchas cosas de las más cansadas y estresantes que se te pueden dar como padre. Quedarte en paro, un recién nacido ingresado, las fiestas en esas circunstancias, dos peques demandantes…¿cómo no vas a estar agotado física y mentalmente? ¡Es totalmente normal! Pero esto son rachas, y os vendrá una buena a continuación en la que disfrutaréis de los peques a tope.

    ¡Mucho ánimo y mucha suerte!

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